Hace apenas 10 años o menos, al menos medio millón de mexicanos abandonaban este país para buscar el sueño americano en Estados Unidos.

Tras los atentados terroristas, la población mexicana no generaban tanto rechazo como los inmigrantes de origen árabe.

Además, la economía estadounidense estaba en un proceso de expansión que exigía mano de obra barata para hacer lo que el expresidente Fox describió como los trabajos que no querían hacer ni siquiera los negros.

La situación ha cambiado radicalmente en la última década. De acuerdo con datos del Pew Hispanic Center de Estados Unidos, entre el 2005 y el 2010, emigraron al vecino país del norte 1.4 millones de mexicanos, una cifra inferior al medio millón de compatriotas que abandonaban su país a principios del siglo.

Pero la sorpresa, más allá de la significativa baja en la salida, fue el más inesperado incremento en la entrada, el regreso de mexicanos a su país. Otro millón 400,000, números cerrados, en el mismo lustro.

Eso significa que, si en ese lapso salieron 1.4 millones de mexicanos a Estados Unidos y entraron de Estados Unidos a México 1.4 millones de mexicanos, la migración neta fue muy cercana a cero.

Lo que falla es la explicación del fenómeno que lleva a México a enfrentar un cambio tan radical en tan poco tiempo en sus flujos migratorios.

Como sea, hay más de 11 millones de compatriotas que se fueron y que, al parecer, no tienen planes para regresar.

Es imposible encontrar la explicación en una sola razón y tampoco se puede descalificar ninguna de las razones dadas.

Mejora de la economía mexicana, empeoramiento de la economía estadounidense, mayores controles fronterizos, violencia, discriminación, saturación de los mercados. En fin, las razones son múltiples.

El presidente Calderón, al hablar de este novedoso fenómeno migratorio, dijo que la mejora en la economía mexicana retenía a los trabajadores en su país porque encontraban mejores oportunidades en su país que en el exterior.

Una declaración de éstas, por supuesto, le subió la sangre a la cabeza a sus opositores y más con las elecciones presidenciales tan cerca. Pero hay que analizar el entorno laboral de los mexicanos que emigran.

La tasa de desocupación actual en Estados Unidos para la comunidad latina es de 10.3 por ciento. Un nivel muy superior a la de otras minorías. Y con tal oferta de mano de obra, los salarios para los que logran colocarse con la desventaja de la ilegalidad son inferiores.

La economía de Estados Unidos entró en una profunda recesión desde finales del 2007, con sus peores efectos en los dos años siguientes. La recuperación económica no ha traído hasta el momento una recuperación del empleo. Fueron casi 7 millones de empleos perdidos contra una recuperación de menos de 3 millones.

El sector de la construcción no ha logrado una recuperación, éste es muy intenso en mano de obra mexicana.

Menos queso que repartir pone muy celosos a los ratones locales y las medidas antiinmigración se volvieron más drásticas. Las leyes agresivas, como la SB1070 de Arizona y otras tantas, junto con el reforzamiento de la frontera hicieron más difícil el cruce.

De este lado de la frontera, en estados fallidos como Tamaulipas, el crimen organizado encontró en los migrantes un botín de extorsión y reclutamiento. Las ejecuciones de San Fernando en aquel estado seguro que inhibieron a muchos en la búsqueda de la frontera.

Para otros tantos, el peligro de cruzar la República, más el miedo de dejar sola a la familia, a merced de los delincuentes, hizo que mejor optaran por quedarse.

Comparado con ese escenario terrible para los mexicanos en Estados Unidos, sí es un hecho que su país se convierte en una alternativa quizá lejana del sueño americano de salir de la pobreza pero, al menos, con la posibilidad de conseguir algún trabajo y conservar la vida.

No es que México haya mejorado tanto como para retener a sus migrantes. Es que la situación en Estados Unidos y el camino para llegar allá ahora son tan difíciles que muchos se lo piensan dos veces antes de partir.

Por eso la migración neta es cero, aunque la verdad no tenga una explicación solamente en lo bien que está la economía mexicana.