Sanders es un político que se asume independiente, aunque participa en la bancada demócrata y lleva más de 30 años en el congreso estadounidense. Sanders fue por años el defensor de todas las causas progresistas, casi el único en los derechosos años 90’s. Su papel en la política de ese país solo podía ser marginal para un político que se asume socialista, algo solo posible en un estado excéntrico como Vermut. Cuando el péndulo político cambió, Sanders seguía ahí, del lado progresista. Su primer momento estelar llegó como filibustero (parlamentario que pronuncia discursos interminables o toma la tribuna para entorpecer el debate legislativo) en contra de las reducciones de impuestos de Bush, cuando pronunció un discurso por ocho horas, que luego se convirtió en un libro (Discurso sobre la codicia de las grandes empresas y el declive de la clase media, publicado por Malpaso en 2016). En realidad, Sanders se consolidó como un político capaz de argumentar con gran coherencia su ideología y defender causas de política pública muy concretas. Eso es muy difícil para un político en todos lados. Como presidente del comité de presupuesto desde la oposición fue incluso capaz de convocar a los expertos correctos para proponer alternativas muy sólidas a las políticas económicas dominantes.

La originalidad y coherencia de Sanders lo convirtió en un precandidato presidencial muy atractivo para sectores jóvenes, particularmente progresistas. En realidad, nunca fue el candidato adecuado para la nominación demócrata. En la elección pasada fue capaz de leer bien los tiempos y aceptar, de forma más o menos temprana, que otro senador veterano, mucho menos progresista, pero capaz de disputar franjas importantes del voto blanco, era el indicado para vencer a Donald Trump.

La pregunta es si con eso la izquierda demócrata ponía en riesgo su agenda. La elección de Kamala Harris como vicepresidenta era un claro avance en los temas de igualdad racial y de género, pero quedaba la duda en lo económico. Biden se deshizo de los que quedaba de la escuela económica de Clinton (la tercera vía y esas cosas), rescata parte de la de Obama y abre la oportunidad a otros economistas progresistas.

Ezra Klein, del New York Times, reporta la conversación que tuvo con Sanders en su podcast y la titula como una inusualmente optimista conversación con Sanders. Argumenta que, aun perdiendo la primaria, el gran ganador ideológico de la elección americana fue Sanders, fue capaz de mover la agenda demócrata a la izquierda. El paquete de estímulos de 9 puntos del PIB (el de 2009 fue de 5.6 puntos) es la mayor transferencia de recursos a los sectores más pobres desde los años 60s, que tiene el apoyo del 75% de la población.

Faltó el poder incrementar el salario mínimo federal a los niveles que ya han alcanzado los de los estados. Hoy, la discusión es en torno a cuales son los mejores sistemas de protección social ante fenómenos como la pandemia, la automatización o las brechas digitales, lejos estamos de las ideas de que lo correcto era liberar a los más pobres de las cadenas que les imponían los programas de ayuda social, que inhibían su espíritu emprendedor.

Twitter: @vidallerenas

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.

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