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Opinión

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La importancia de la competencia

La asignación de recursos tenderá a ser eficiente cuando los mercados operen bajo una estructura de mercado competitivo.

Una de las conclusiones principales de la teoría económica es que el bienestar de cada uno de los miembros de la sociedad, así como de la sociedad en su conjunto, tiende a maximizarse cuando los mercados de bienes, servicios y factores de la producción operan en un contexto de competencia y no existen las llamadas fallas de mercado , como podrían ser las externalidades.

Cuando los mercados operan bajo una estructura de mercado competitivo, la asignación de los recursos escasos en la economía tenderá a ser eficiente en el sentido de que su utilización reflejará el costo de oportunidad. Además, en mercados competitivos el precio que regirá en el mercado para cualquier bien o servicio reflejará, por una parte, la valuación marginal que los consumidores le dan a la cantidad demandada de ese bien y, simultáneamente, el costo marginal de producirlo. Es esta igualación entre el precio de demanda y el precio de oferta, que al mismo tiempo da como resultado que la cantidad demandada sea igual a la cantidad ofrecida, que lleva a que se maximice el bienestar de los consumidores y el bienestar de los productores.

Más aún: cuando los mercados (incluyendo el de los factores de la producción) operan en un contexto de competencia, el pago que reciben los factores primarios de la producción (tierra, trabajo y capital) reflejarán el valor del producto marginal de cada uno de ellos, por lo que la asignación que resulta de los mismos será la más eficiente posible.

Y por último, el elemento más importante, es que cuando los mercados son competitivos impera la libertad económica de los individuos para elegir cómo asignar los recursos que son de su propiedad, maximizando así su bienestar y el de su familia. En México estamos muy lejos de la situación descrita. Muchos de los mercados no operan en competencia, debido particularmente a la existencia de significativas barreras de entrada y de salida de los mercados, barreras principalmente de carácter legal y regulatorio. Es por ello que en diversos mercados se siguen observado significativas prácticas anticompetitivas, como por ejemplo en energéticos, telecomunicaciones, notarios, transporte marítimo de cabotaje, pan de caja, futbol profesional, etcétera. Igual sucede en los mercados de factores, principalmente en el mercado laboral.

Ahora, la SCJN decidió darle una estocada más a la economía al haber validado el artículo 22 de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro que establece que los editores e importadores de libros estarán obligados a fijar un precio único del libro, el cual regirá en todas las librerías del país. Una verdadera burrada que les quita a los agentes económicos la libertad de elegir y violenta el espíritu, aunque no la letra, del Artículo 28 constitucional

El precio único no incentivará una mayor lectura. La gente en México lee muy poco por un problema de cultura e idiosincrasia, no porque los libros sean caros. Establecer el precio único, por el contrario, sí encarecerá los libros.

Por una parte, las librerías se verán impedidas de ofrecer descuentos, dañando a los potenciales lectores y segundo, más grave aún, los editores e importadores tendrán el incentivo para fijar el precio para garantizar la sobrevivencia del librero más ineficiente, transfiriendo una renta de los lectores a las librerías más eficientes y más grandes; sin duda, los demandantes de libros terminarán siendo perjudicados.

ikatz@eleconomista.com.mx

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