Seguramente Dominique Strauss-Khan tenía muchos enemigos en el FMI. Por tres razones. Una, por su posición reformista dentro de la institución, que no gustaba a la ortodoxia burocrática. Nadie en los niveles altos de esa institución ha dicho nada. Segundo, por su ritmo de vida de millonario ya no estaba en edad para corromper el futuro ahorrando, además de estar casado con una mujer muy rica. Tercero, por su condición de ligador de mujeres, que motiva envidias en aquellos que han hecho de su vida una contención absoluta, pero que después se vengan por haber renunciado.

Debido a que por la condición humana, las dos últimas razones son el pan nuestro de cada día, no serán objeto de comentarios. Abundan ejemplos sobre lo mismo en todos los tiempos, lugares y clases sociales. Platón resolvió el cruce de especulaciones morales de ésta manera: "La razón es esclava de las pasiones".

Lo que sobresale de su gestión en el FMI y en el contexto financiero internacional, es su crítica a lo que es el corazón de la pasada crisis económica global, esto es la ausencia de regulaciones que no detuvieron los abusos de las instituciones financieras. Los mercados libres y descontrolados no son ni eficientes ni estables como supone el fundamentalismo del mercado. Por ello, las recomendaciones del FMI a los países de ejercer un control de los flujos de capital y realizar las intervenciones para que las monedas no se disparen hacia las nubes.

Joseph Stiglitz, lo reconoció así: "La reunión anual de primavera del FMI fue notable, ya que marcó el esfuerzo de éste por distanciarse de sus propios dogmas de hace muchos años sobre el control de capitales y la flexibilidad del mercado laboral. Parece que gradualmente -y cautelosamente- un nuevo FMI ha surgido bajo el liderazgo de Dominique Strauss-Khan.

Pero si bien lo anterior es muy importante, también lo es el vínculo que el FMI trazó entre desigualdad e inestabilidad, algo que no tiene precedentes. Por ello el gobierno de Estados Unidos realizó un notable esfuerzo por estimular una economía debilitada por la desigualdad creada a través de tipos de interés bajos y una regulación laxa que condujo a que mucha gente pidiera créditos que no podían pagar.

La crisis puso en entredicho los dogmas sobre la rigidez del mercado laboral, que crea desempleo. En la medida que los salarios se debilitan, a los trabajadores les es más difícil devolver lo que deben.

También la crisis concentró más el ingreso. Hoy en Estados Unidos el 1% que más gana tiene el 40% de la riqueza estadounidense.

Para saldar cuentas, medir los horribles efectos y abrir una ventana, DSK se sumó al coro contestatario y dijo en una reunión en la Brooking Institution:"En definitiva el empleo y la igualdad son los pilares de la estabilidad y la prosperidad económica y de la paz política. Esto está en el corazón del mando del FMI. Se debe colocar en el corazón de la agenda política".

Las tesis de DSK van más allá de un embrollo sexual. Tienen que ver con las perspectivas del mundo, sus problemas y soluciones, estas cada vez más difíciles, ante las resistencias del poder financiero.