¿Qué es la felicidad? Esa pregunta, una de las más antiguas desde que existe el uso de razón, no tiene respuesta. Al menos no una respuesta única. Para algunos, la felicidad es un camino. Para otros, es el resultado de las experiencias. Algunos más ven en ello la capacidad de obtención de satisfacción, en lo material o en lo espiritual. También existen las perspectivas que analizan el tema desde el punto de vista de evitar o huir del dolor, o bien de doblegar las circunstancias, es decir, la obtención de poder.

En términos de análisis económico, los planteamientos tradicionales han abordado la cuestión desde una perspectiva marginalista y utilitarista. No podemos conocer nuestro nivel de felicidad, nos dicen. Pero sí podemos saber si nuestra felicidad, medida por el bienestar derivado del consumo, aumenta o disminuye como resultado de realizar diversas actividades o consumir ciertos productos.

Esta visión es insatisfactoria, a decir de expertos y ciudadanos, pues deja de lado aspectos que no pueden ser incorporados en los análisis de mercado convencionales. Por ello, desde hace un par de décadas se trabaja en obtener indicadores alternativos del estado gozoso de la gente. En particular, el Foro Económico Mundial ha diseñado un ejercicio de medición y de reflexión, cuya séptima edición fue publicada hace unas semanas, cuya base es suponer que es posible establecer un conjunto de indicadores subjetivos del bienestar, que constituyen una base para determinar la felicidad.

El documento discute ideas diversas. Pero de manera destacada, se refiere a las mediciones que en México el Inegi ha efectuado mediante encuestas, en relación con aspectos como las relaciones personales, la ocupación, los logros personales, la salud, las perspectivas, el estándar de vida, el vecindario, el tiempo de ocio y la seguridad. Además, las encuestas consideran la perspectiva de la ciudad en que habita el entrevistado, así como la visión de país. Suponiendo que las variables representen el coctel de la felicidad, los resultados reportados indican que entre el 2013 y el 2018 ha habido una mejora de ésta en casi todos los ámbitos en nuestro país.

La información permite identificar tres eventos particulares que tuvieron un efecto notable en la satisfacción de la población, a los que me refiero en orden de aparición. En primer lugar, la eliminación de la larga distancia en las llamadas. Entre el cuarto trimestre del 2014 y el primer trimestre del 2015 el indicador se elevó de manera significativa como resultado de la baja de precios.

Un segundo elemento que incidió, pero en sentido negativo, fue el llamado gasolinazo durante el primer trimestre del 2017. Efectivamente, el indicador descendió en una magnitud similar a la mejora por la eliminación de la larga distancia. El tercer evento destacado, durante el tercer trimestre del 2018, es la victoria electoral de nuestro presidente, lo cual repercutió en una elevación importante del indicador.

Las herramientas que presenta el foro se van depurando cada año. Se espera que aspectos de la vida comunitaria, de la inmersión en el mundo digital y el desarrollo de diversas adicciones enriquezcan el análisis en los próximos años.

Los estudios son importantes por al menos dos razones. La primera es que permiten vincular las acciones de gobierno con la satisfacción de los ciudadanos. La segunda es que permiten vislumbrar los aspectos que determinan el posible respaldo o repudio de los ciudadanos a sus gobiernos. Por lo pronto, debemos congratularnos por el desarrollo de medidas alternativas para medir el bienestar, pues estos esfuerzos permitirán el desarrollo de mejores políticas, para beneficio de la población.

*Consultor de Ockham Economic Consulting, especializado en competencia económica y regulación y profesor universitario.

Javier Núñez Melgoza

Consultor

Competencia y Mercados

Consultor en Competencia Económica y Regulación, además es profesor universitario.