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Opinión

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La fe como marketing en salud y política

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A finales de su administración como director del Instituto Nacional de Cancerología en el 2002, el Dr. Jaime de la Garza acordó con el escultor Carlos Agustín que elaborará una escultura que simbolizará algo en común con todos los pacientes que acudían al Instituto. Cuando me preguntó a mí que pensaba, yo le comenté que todos los pacientes acuden a un hospital por la esperanza de mejorarse o curarse, entonces fue cuando se le ocurrió el nombre de “Fe” por ser un nombre corto y por lo que simbolizaba. Actualmente esa escultura sobrevive entre puestos de vendedores en en la plaza del médico. 

Dentro de las varias definiciones de fe, podemos encontrar la que dice que es la creencia, confianza o asentimiento de una persona en relación con algo o alguien y, como tal, que esta por encima de la necesidad de poseer evidencias que demuestren la verdad de aquello en lo que se cree. La palabra proviene del latín fides, que significa ‘lealtad’, ‘fidelidad’.

Fe también significa tener confianza plena en algo o alguien, como sucede con un amigo, familiar, con un médico, sacerdote, y, aunque parezca poco común, aún en los políticos.

Es, pues, bajo la fe que los creyentes aceptan como verdad absoluta los principios difundidos por la religión que profesan: la creencia en un ser supremo y el sometimiento a su voluntad divina o un bien mayor.

En el caso de la medicina, siempre resulta complejo entender como se establece la relación médico paciente desde la primera cita, puede ser el convencimiento teórico del médico al exponer el diagnóstico y el tratamiento, el curriculum o simplemente la simpatia que despierta el médico en el paciente para que se deje en manos de un desconocido, hasta unos minutos antes de la primera cita, la salud de el paciente mismo, un hijo o un familiar. Para fines prácticos, los tratamientos médicos tienen un respaldo científico de investigación clínica que puede preever un determinado resultado, además de evaluar efectos secundarios y consolidar un pronóstico en la mayoría de las ocasiones, desafortunadamente existen muchas incognitas en un sin número de patologías y siempre se esta a la espera de que aparescan nuevas enfermedades como es el caso de la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 . Para entender un poco mejor la complejidad esto, necesitamos saber cuáles son todos los padecimientos de la población. Para ello, la Organización Mundial de la Salud creó hace ya casi 30 años la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) siendo su última versión la número 11, que entró en vigor en febrero del 2022.

La CIE proporciona un lenguaje común que permite a los profesionales de la salud compartir información estandarizada en todo el mundo. Es la base para identificar las tendencias y estadísticas sanitarias en todo el mundo, y contiene unos 17,000 códigos únicos para lesiones, enfermedades y causas de muerte, respaldados por más de 120,000 términos codificables. Mediante el uso de combinaciones de códigos, ahora se pueden codificar más de 1,6 millones de situaciones clínicas. Como vemos, esta tárea de agrupar las enfermedades es un labor titánica. Por cierto, en está versión se incluyen cápitulos nuevos sobre la medicina tradicional, actualizaciones en salud mental y los trastornos de videojuegos como parte de un problema de adicción.

No obstante esto, muchas personas tiene muchas dudas respecto a la investigación en la medicina alopata, prueba de ello, fue la gran cantidad de personas que no creyeron en la protección que conferían las vacunas contra el COVID y por el contrario, aducían un mayor riesgo a la salud. Muchas de estas personas creen en la medicina tradional o alternativa, que si bien puede ser de una tradición milenaria, la mayor parte de sus beneficios estan en la fe hacía esos tratamientos y a quienes lo aplican, pues al carecer en su mayoría de resultados clínicos y solo tener experiencias testimoniales dejan pocas opciones para la elección de tratamientos. 

En política puede sucer algo similar con respecto a la fe. Hace unos días en una entrevista al actor Joaquín Cosío, se le preguntó porque si a su parecer, la administración del Presidente López Obrador no estaba obteniendo los resultados esperados, mantenía un indice de aprobación del 58%, él comento que a su jucio, el Presidente ha sabido vender la idea de la fe en su persona para lograr un mayor bienestar, a pesar de que los resultados no necesariamente cuadren con sus espectativas. Teniendo México un pueblo  profundamente religioso, la fe de es algo que ha mantenido al país con una esperanza de un futuro mejor.

La fe en un político como arma política puede tener ciertos riesgos, especialmente si se lleva al extremo. Solo por mencionar algunos de ellos podríamos mencionar:

  1. Crear una cultura de culto a la personalidad: Esto puede llevar a una situación en la que la figura del político se convierte en una especie de "mesías" que no puede ser cuestionado, y su palabra se acepta sin cuestionamientos.
  2. Ignorar o justificar errores y malas acciones: La fe ciega, puede ignorar o justificar  errores y malas acciones, incluso cuando estos son evidentes. Esto puede llevar a una situación en la que el político no es responsable de sus acciones, y se siente justificado en hacer lo que quiera.
  3. Fomentar la polarización: La fe en un político puede fomentar la polarización en la sociedad. Si los seguidores de un político creen que solo esa persona puede llevar a cabo sus ideas y objetivos, pueden demonizar a cualquier persona o grupo que se oponga a ese político, lo que puede crear una situación de división y enfrentamiento.
  4. Dificultad para la toma de decisiones informadas: Cuando la fe en un político es tan grande, es posible que los seguidores no se detengan a pensar críticamente sobre las políticas y decisiones del político, y simplemente acepten lo que se les dice sin hacer preguntas. Esto puede dificultar la toma de decisiones informadas en una sociedad.

En resumen, la fe tiende a no tener custionamientos y en un político puede ser peligrosa, por lo que es importante que los seguidores de cualquier político mantengan una actitud crítica y se informen de manera independiente sobre las políticas y acciones de los líderes políticos en los que confían.

El su libro "Temor y Temblor”, Søren Kierkegaard aborda la relación entre la fe y la razón en la religión cristiana. El autor argumenta que la fe es una forma superior de conocimiento que va más allá de la razón y la lógica, que no es algo que se pueda demostrar de manera objetiva, y que va más allá de lo que se puede probar científicamente. La fe no es algo que se pueda explicar o entender completamente a través de la razón pues se trata de una experiencia subjetiva e individual. Incluso cayendo en lo absurdo, es por ello que la razón por sí sola no puede convencer a una persona que tiene fe. La fe es una cuestión de elección personal, y no algo que se pueda demostrar o probar a través de la razón. Para ejemplifirlo menciona el pasaje bíblico en el que Dios le ordena a Abraham que mate a su hijo Isaac (Génesis 22:1-19). Desde el punto de vista médico, filosófico y religioso, se pueden hacer diversas interpretaciones y análisis de este pasaje:

Dentro del análisis médico, el hecho de que Dios le haya ordenado a Abraham que mate a su hijo Isaac puede ser considerado como una forma de violencia y abuso emocional. A la luz de la ética médica actual, este tipo de comportamiento no es aceptable y podría ser considerado como un acto de crueldad e incluso con resolusión penal del mismo.

Desde el punto de vista filosófico, el pasaje plantea cuestiones interesantes sobre la naturaleza de la fe y la moralidad. ¿Es la obediencia ciega a la autoridad divina una forma aceptable de conducta moral? ¿Es la prueba de fe más importante que la vida humana? Estas son preguntas que han sido debatidas por filósofos durante siglos y que no tienen una respuesta única. Además Abraham al apropiarse del titulo de “Buen Hombre”, no puede ser cuestionado, cualquier otra persona que no tenga ese reconocimiento, será considerado en un grado mucho menor.

El uso de la fe como herramienta de marketing político es una práctica común en muchos países y culturas. 

En resumen, aunque el uso de la fe como herramienta de marketing político puede generar cierta lealtad y apoyo entre ciertos votantes, también puede presentar riesgos y problemas significativos si se utiliza de manera inapropiada o si se fomenta la intolerancia o el extremismo religioso.

La fe que pueden tener las personas en algo o alguien, puede ser diversificado, en el caso del médico, a pesar de que se le pueda tener fe y esperanza en sus tratamientos, esté puede ser cuestionado e incluso demandado si se considera mala praxis, no así en en el caso de los políticos, en donde se podría pensar que en muchas ocasiones se ha abusado de la buena fe de la población en hacerle creer en un futuro mejor a base de promesas o llenarlo de espectativas difíciles de lograr.

*El autor es oncólogo médico en el Instituto Nacional de Cancerologia (InCan), con maestría en Dirección y Gestión de Instituciones de Salud, profesor titular del curso Terapias Biológicas, ha sido representante para México del grupo cooperativo SWOG (South West Oncology Group). Actualmente en el proyecto de divulgación: Ciencia, política, economía y medicina.

joluagpo@hotmail.com

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