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La exitosa maquila automotriz mexicana
América del Norte ama los autos, pero no puede seguir pagando tanto dinero por el combustible, así que han optado por modelos compactos que sean más económicos. ¡Y México los hace!
El cambio de hábitos en las compras de los estadounidenses ha sido forzado por la crisis económica y el fuerte aumento de los precios de las gasolinas. Por eso es que los autos compactos de cuatro cilindros más que de moda están dentro del presupuesto de muchas familias estadounidenses.
Estados Unidos solía hacer sus propios vehículos, pero los costos laborales acabaron por desinflar a esa industria. Los chinos son baratos en su mano de obra, pero están lejos y no se dan abasto con su creciente mercado interno.
México, por el contrario, tiene la capacidad de fabricar prácticamente para la exportación por su escasa demanda interna. Comparte frontera, por lo que la distancia no es un problema ni de logística ni de costos. Hay la infraestructura necesaria para mover la producción.
La mano de obra es calificada y barata en comparación con la industria local estadounidense y tiene este sector una especialización y una capacidad instalada apta para ensamblar los autos más económicos.
Los mercados emergentes como México recibieron la concesión de producir esos vehículos subcompactos y compactos que parecían más para mercados inferiores. Pero el precio del petróleo se encargó del resto.
Las más reconocidas marcas estadounidenses, europeas y japonesas tienen plantas en México, donde se ensamblan millones de modelos para su exportación.
La industria automotriz mexicana logró una producción histórica de 2 millones 557,550 vehículos ligeros. De éstos, 2 millones 143,879 fueron para el mercado de exportación y la pequeña diferencia se fue al mercado interno.
Los estadounidenses han mostrado un ánimo de querer comprar autos nuevos. Se notó un aumento a finales del año pasado y la expectativa es que mantengan el ánimo en este 2012.
Estados Unidos acapara la compra de la producción nacional con 63.5% del total de la manufactura mexicana, pero es menos que 68% de un año atrás. Esto significa que la mayor producción registrada está encontrando nuevos mercados.
No sólo nuevos destinos sino también un mayor incremento de componentes nacionales. La industria de autopartes ha crecido para aumentar el número de componentes nacionales.
Pero aun así con todo y este éxito, con todo de ser una de las principales fuentes de divisas del país, la industria automotriz mexicana no es otra cosa que una enorme maquila. Ausente de un mercado interno fuerte y carente de desarrollo interno de tecnología o diseño.
Durante el año pasado, dentro del país se vendieron apenas 905,886 unidades ligeras, entre nacionales e importadas. Una cifra superior al año previo pero todavía 17.6% inferior al máximo histórico del ya lejano 2007.
Los mexicanos no gozan en su consumo de ese éxito industrial porque somos el basurero de los autos usados y poco eficientes de Estados Unidos.
Aquí llegan todas esas camionetas que desechan por su excesivo consumo de combustible, porque acá una parte del costo de la gasolina lo regala injustamente el Estado.
Acá no hay créditos suficientes para que alguien considere la compra de un auto como un hecho normal. La adquisición de un auto nuevo se convierte en un hecho aspiracional, motivo de fiesta entre los integrantes de una familia que lo logran.
La industria automotriz mexicana recibe las instrucciones del exterior y fabrica las piezas que le mandan los ingenieros, diseñadores y corporativos externos. Aquí solamente se siguen instrucciones.
Podrá haber casos excepcionales que sean eso, la excepción a la realidad de que aquí se juntan las piezas para su exportación. O sea una maquila. Eso sí, de gran tamaño.
Para no usar a los chinos como de costumbre, pensemos en los coreanos que de la maquila automotriz pasaron al diseño y la fabricación de sus propios modelos. Podrán ser horrorosos los cochecitos coreanos, pero son de su marca, de su diseño y de su propia industria.
El potencial industrial de México tiene que ir más allá de un simple paraíso maquilador, aunque éste sea tan extenso y exitoso como el automotriz.
Más allá de que tengamos nuestra propia marca de bochitos, debemos buscar dar ese siguiente paso que realmente puede hacer del país polo de desarrollo.
Y el mercado merece otra suerte diferente a simplemente ser el patio de la chatarra estadounidense.