Ayer vencía el plazo legal dado a la Secretaría de Hacienda para presentar ante la Comisión de Hacienda y Crédito Público de la Cámara de Diputados el estudio que evaluaría la desaparición del Impuesto Sobre la Renta (ISR) para las empresas, a efecto de verse gravadas únicamente con el Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU).

Dada la fecha en la que escribimos esta colaboración, no conocemos el contenido de este estudio.

Sin embargo, tal y como lo adelantamos en este espacio hace algunas semanas, los anuncios previos a la presentación de esta evaluación indicaban que tanto el ISR como el IETU habrían de convivir, por lo menos, otro par de años más.

Teniendo en cuenta que el Congreso de la Unión otorgó a la autoridad hacendaria un plazo de tres años y medio para elaborar este estudio, suponemos que se contó con el tiempo suficiente para explicar cómo es que pasamos de un sistema tributario complejo a uno más complicado, cuando la oferta inicial del IETU era, precisamente, la contraria.

Del 2007 al 2011 los contribuyentes han enfrentado la creación de impuestos y sus posteriores incrementos como no se había visto en el pasado. Si bien desapareció el Impuesto al Activo (Impac) en el 2008 (tras haber eliminado sus deducciones en el 2007), se adicionó el IETU al ISR -en lugar de sustituirlo como se había propuesto en un principio-, se creó el Impuesto a los Depósitos enEfectivo (IDE) y el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a los juegos y sorteos, a las telecomunicaciones y a las bebidas energizantes.

Adicionalmente se incrementaron las tasas impositivas para ISR, IETU, IVA, IDE e IEPS a la cerveza, alcoholes y cigarros (en dos ocasiones), entre otros derechos y tarifas del sector público que también sufrieron alzas.

El IETU (tal como el IDE) no grava la generación de riqueza, utilidades o ganancias, sino una manifestación instantánea de la obtención de recursos en un momento dado, desconociendo que las utilidades o ganancias de una empresa no se determinan por flujos, sino por resultados. De ahí que este impuesto distorsione las decisiones de inversión.

Ojalá el estudio sometido a los legisladores revele cómo sustentar la permanencia de un impuesto cuya recaudación (de cerca de 40,000 millones de pesos anualmente) es inferior a los montos que ha producido el crédito fiscal (por pérdidas fiscales en el propio IETU) en más de 200,000 millones de pesos al cierre del ejercicio del 2009, es decir, una recaudación negativa en una proporción de tres a uno.

Habrá que encontrar una explicación sobre el tamaño del boquete en las finanzas públicas cuando ese crédito fiscal se aplique.

De igual forma, esperamos encontrar en la evaluación hacendaria una explicación en la que se muestre el avance de las negociaciones con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, quienes por su parte también se encuentran analizando la posibilidad de incluir al IETU como un impuesto comprendido para efectos del tratado fiscal celebrado entre ambos países.

Como hemos explicado, los antecedentes sobre esta materia resultan poco esperanzadores, pues el gobierno estadounidense ha rechazado el acreditamiento a impuestos tipo IETU, como sucedió en el caso del IRAP italiano.

Un eventual rechazo del Tesoro estadounidense al reconocimiento total del IETU habrá de generar escenarios de doble tributación con el primer inversionista extranjero en nuestro país.

Por otra parte, también esperamos una reacción a esta evaluación por parte de los diputados, quienes pueden tomar la decisión pertinente que llevaría a eliminar el IETU y a diseñar un sistema fiscal equilibrado con base en los temas -que mucho se han discutido- de una debida interrelación entre el ISR y el IVA, los cuales son los tributos eje de nuestra economía desde hace tres décadas.

El IETU no es recaudatorio, no es un impuesto de control, no establece en realidad ningún estímulo mientras conviva con el ISR, no es simple y ninguna economía importante en el mundo sustenta su recaudación directa en este tipo de impuestos.

Tal vez por ello, el estudio no concluye con la eliminación del ISR y la implementación plena del IETU y posterga esta decisión para dentro de algunos años, para cuando sea menos costoso reconocer que su introducción al sistema tributario de nuestro país fue un error.

Daremos lectura al documento en los próximos días, esperando habernos equivocado en nuestro diagnóstico preliminar.