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Opinión

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La educación en México en el Siglo XXI: un símbolo en entredicho

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Linda Atach Zaga

Educar a un niño no es enseñarle algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía.

John Ruskin, crítico de arte inglés.

Una mujer ocupa el centro de la imagen. De piel morena y cabello oscuro, se distingue entre quienes la rodean por su actitud y la forma de homenajear el universo de conocimientos insertos en el libro que sostiene entre sus manos.

El espectáculo es llamativo y no deja nada a la imaginación: las miradas embelesadas y a veces sorprendidas de quienes la escuchan, responden a la importancia de lo que ella relata y, aunque llama la atención lo heterogéneo del grupo integrado por niños, un anciano y hombres y mujeres jóvenes que parecen campesinos y un obrero con su ropa de trabajo, todos se unen en torno al significativo mensaje que la mujer trasmite.

El montañoso y seco paraje donde se desarrolla la escena pudiera parecer sombrío, si no fuera la presencia de un imponente custodio armado y las actividades de construcción y agrícolas que ocupan a los personajes que rodean a quienes se congregan en torno al libro.

Realizado por Diego Rivera en 1923 para el edificio de la Secretaría de Educación Pública, el mural titulado “La maestra rural” habla de la génesis de la educación en México pues representa las “Misiones culturales”, piedra angular en el proyecto educativo de José Vasconcelos y el más claro ejemplo de su afán por llevar la educación a cada rincón del país, enviando libros, maestros y maestras a las comunidades rurales más alejadas de la “modernidad”.

El arte es profético, de ahí que resulte fascinante -y más en estos tiempos de lucha por la equidad de género y el enorme descontento que sentimos a causa del desprecio hacia las mujeres y una sociedad que naturaliza once feminicidios cada día- que Rivera le haga justicia a la figura de la maestra al exaltar su vocación femenina, como la única fuerza capaz de unir generaciones con su inspiradora promesa de movilidad social.

Me impacta así mismo que, si bien glorifica la entrega incondicional de una educadora que no requiere de pizarrón ni de un salón de clases para educar, Rivera incluya al revolucionario a caballo, puesto ahí para vigilar que el cambio efectivamente se concrete y que el derecho a la educación prevalezca con la construcción de escuelas donde antes había pulquerías. Con esto el pintor aclara que la obra formaba parte de un encargo oficial y que él debía apegarse a las condiciones del poder.  

Hoy evoco a mis maestros en honor a la maestra rural y su legado. A algunos les agradezco el rigor, a otros, la cercanía y a todos, el haberse tomado un tiempo en la transformación de mi conciencia. Y es que el enseña, marca y determina el camino de otros. 

Mi gratitud está llena de nostalgia, pues aunque no me beneficié de la romántica vocación de las maestras rurales, ni del sueño de Vasconcelos y me eduqué en el México de la posmodernidad, mi preparación no tuvo nada que ver con la que han recibido nuestros niños en la última década, resultado de un magisterio dividido y lastimado por una dirigencia y un Estado que no logran ponerse de acuerdo.

Mi nostalgia también se hermana con el sufrimiento de los maestros en estos últimos tres años de pandemia y mi admiración y reconocimiento por sus renuncias, por que lejos del sacrificio de recorrer el país como lo hacían los educadores de la posrevolución, nuestros maestros tuvieron que abandonar el poder y los efectos de la presencia a favor de la educación a distancia y la competencia dispareja y desleal de las pantallas, más cercanas a las redes sociales que a las clases. 

A diferencia de las respetadas maestras rurales, los maestros de hoy viven el desafío de recuperar su lugar de mediadores, ejemplos y emblemas en un contexto de deserción escolar que ya no sorprende y que tomará años revertir.

Ojalá el fin oficial de la emergencia sanitaria reactive el compromiso con ellos y con la educación.

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Linda Atach Zaga

Linda Atach Zaga es historiadora de arte, artista y curadora mexicana. Desde 2010 es directora del Departamento de Exposiciones Temporales del Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México.

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