Me hizo meditar y profundizar el libro a veces denso titulado La economía de la peste (Ensayo Círculo de Poesía, 2020) de Edgar Amador, porque al candor de frases cortas va delineando los problemas humanos de la pandemia que desarrollaremos en los vastos pensamientos que nos regala.

Crisis viene de un recurso literario adecuado para indicar: aforismos de argumentos partidos y partidos separados. Una crisis implica un corte la interrupción del flujo natural, de los eventos. Un desastre natural, una disrupción económica una peste pandémica rompen lo cotidiano de manera violenta.

Al romperse lo cotidiano las apariencias se derrumban el ser se queda al descubierto en un sentido Heidegger. Regresa la transparencia. Una crisis es entonces algo que puede llegar al apocalipsis una “develación”, el levantamiento del velo. La realidad económica cotidiana se detiene y se revela la verdadera condición. Se separa el velo tal es la etimología de apocalipsis.

La crisis apocalíptica es la que devela el Ser muestra que la economía es en sí (tal como es) y no para sí (para el crecimiento). La economía es para los hombres o no es para nadie. La economía se estanca retrocede y al retroceder parece dejar de tener sentido al dejar de ser para sí parece que deja de ser en sí. Parece que el fin de la economía es el crecimiento y no el permanecer.

La economía de la crisis es la economía de la develación. ¿Quiénes son los verdaderamente ricos? Los poseedores del dinero no de activos. ¿Quiénes son los pobres? Quienes no cuentan con liquidez. Pero en el apocalipsis se da incluso la última revelación. Ni siquiera el dinero es la riqueza. No pueden soportar los ricos a la muerte de la pandemia. Mueren en la peste rodeados de oro. En la pandemia de la inmunidad distribuida por el azar vale más que todo el oro del mundo. En el apocalipsis se devela: la verdadera riqueza –la inmunidad- proviene de la contingencia. La contingencia reparte inmunidad al virus y dispensa también la muerte. La inmunidad a la peste es la verdadera riqueza de los individuos. La inmunidad es intransferible y por lo tanto no sujeta al comercio. Es íntima. No puede tener precio: La inmunidad es irreplicable no está sujeta a la industria. No puede tener precio. En la crisis del apocalipsis contingencia es economía. La economía es mera contingencia. Sólo hasta que la inmunidad sea replicable (la vacuna) es decir sujeta a la industria la economía puede trascender la contingencia el caos.

El apocalipsis devela. Recorre el velo. Separa lo verdaderamente necesario de lo innecesario. La economía del apocalipsis al reducirse lo necesario implica una depresión. Lo innecesario lo inventado es lo que anima el crecimiento económico. En el apocalipsis se devela lo necesario se separa de lo innecesario: la necesidad inventada del crecimiento. Y dentro de lo necesario nos percatamos súbitamente que se encuentran la hermandad la solidaridad y la amistad. La amistad la hermandad y la solidaridad a diferencia de la inmunidad son transferibles y replicables. Son producto de la voluntad de la contingencia. Pero como la inmunidad no tiene precio no están sujetas al comercio. En la pandemia de los ricos financieros vale apenas una fracción del trabajo del pobre jornalero agrícola. La diferencia entre lo necesario y lo innecesario se transparenta en la crisis cuando el velo cae. Cuando el dinero ya no sirve para comprar algo, nos damos cuenta que no nos alimenta, que no nos abriga.

Unos pensamientos sobre la filosofía en medio de la pandemia que no tienen pérdida.