Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

La diferencia

En el esfuerzo de entender porqué otros países de América Latina avanzan con mayor rapidez que México en el cambio de las leyes, las estructuras institucionales y la manera de hacer política, encuentro sólo una explicación de fondo: Nunca tuvieron un partido de Estado.

Es la diferencia fundamental con el resto de los países al sur de nuestra frontera. Las dictaduras permanecieron por años en Centro y Sudamérica, pero nunca lograron articular un partido de Estado y generaron una cultura que se hiciera valer sobre el conjunto social.

El PRI, con sus diversos nombres, sí lo logró. Es su gran logro y hoy un gran lastre para el país. Eso es lo que hace imposible avanzar y superar los mitos fundacionales que se siguen celebrando y continúan presentes en los libros de texto escolar.

La cultura del partido de Estado, que fue el PRI, y su concepción de la nación y la política vive en la gran mayoría de los priístas, de los perredistas que también son priístas, los menos vienen de la izquierda, y rige también en un buen número de panistas.

Las reformas estructurales, las que pueden cambiar al país e impulsar al desarrollo, no pueden ocurrir, mientras esa cultura priísta siga siendo hegemónica. Una buena parte de la ciudadanía ha sido capaz de distanciarse de ella, pero no es la que decide la reforma de las leyes.

Hay cambios que debieron haberse hecho hace 20 o 30 años, pero no ha sido posible porque esa cultura política anacrónica y conservadora, que sobrevive a la derrota electoral del 2000 y el 2006, sigue ahí. Es uno de los grandes dramas del país, vivir a destiempo de la historia.

Es imposible, por ejemplo, reformar la ley para permitir las inversiones de capital de riesgo en la industria petrolera, como ocurre en todo el mundo menos en México y Corea del Norte, mientras siga vigente una cultura que considera traición a la patria acompasar sus ideas al mundo de hoy.

Contra eso sólo queda esperar que el tiempo pase con rapidez. Los demás países nos seguirán rebasando. Ellos que no tuvieron partido de Estado y una cultura generada por él, caminan sin ver al pasado sino sólo al futuro. No hay dioses tutelares, los de la Revolución, a quien rendir tributo y pedir permiso.

Para esas mentes, aceptar el mundo contemporáneo, como hacen los chinos e indios, pero también los brasileños y chilenos, sería como una traición a sus raíces, a su historia, al mito, a la invención de país que hicieron a partir de 1920. Ese lastre nos tiene anclados. Ay del que se mueva y piense en otras claves.

La esperanza es que algún día una Legislatura, la de ahora tiene esa posibilidad, sea capaz de cortar de tajo, sin miramientos, con un pasado que nos hace daño y destruye como nación. Entre más rápido ocurra mejor, porque son muchos los años perdidos.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete