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Opinión

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La desigualdad: El problema público por excelencia

Vidal Llerenas Morales

Recientemente se publicó el World Inequality Report de 2022. Se trata de un documento coordinado por Lucas Chancel, Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman para mostrar los datos que existen con respecto a la desigualdad en términos de ingreso y de riqueza, entre países, por regiones y al interior de las naciones. En la introducción, Abhijit Banerjee y Esther Duflo señalan que las noticias no son buenas, con la excepción de Europa, en el resto del mundo, el 50% más pobre de la población tiene menos del 15% del ingreso, mientras que el 10% más rico posee más del 40% y hasta 60% en algunas regiones. La situación es peor en el caso de la riqueza, el 50% más pobre solo posee el 2% y el 10% más rico, el 76% de la misma.

En realidad, la situación empeoró entre 1995 y 2021, ya que el 1% más rico de la población pudo capturar el 38% del incremento global de la riqueza (la proporción de la riqueza que poseen pasó de 7 a 11%), mientras que el 50% más pobre solamente pudo capturar el 2% de ese incremento. Los últimos datos refuerzan el argumento de que continua la tendencia al incremento de la desigualdad que inició a partir de los años 80’s, cuando se debilitaron o desmantelaron mecanismos como el salario mínimo, los impuestos al ingreso, los sindicatos, las regulaciones, etc.

El incremento de la desigualdad fue mayor en países en los que se desarrollaron reformas de mercado más radicales, como Rusia, Estados Unidos y la India, pero menor en Europa. Los autores muestran evidencia de que la desigualdad actual no es muy distinta a la que se presentaba al inició del Siglo XX, ya que en 1910 el ingreso promedio del 10% más rico era 41 veces más alto que el del 50% más pobre, mientas que en 2020 esa proporción es similar, de 38 veces. El reporte también ofrece información sobre el tema de desigualdades de género: mientras en 1990 la proporción de los ingresos laborales de las mujeres eran de 30%, actualmente es de alrededor de 35%, aunque en regiones como Oriente Medio y África del Norte esa proposición es menor al 15% y en la África sub-Sahara menor al 30 por ciento.

En el reporte se señala el debate que existe sobre la necesidad de nuevos impuestos a la riqueza, más progresivos, pero que en realidad los casos que se han concretado son todavía muy pocos. Los autores consideran que es necesario extender la base de la recaudación a todas las formas de riqueza, como los activos financieros, no solo la propiedad inmobiliaria, con tasas más progresivas, como las de los años 70’s, y con uso intensivo de la tecnología para detectar y gravar transacciones. Se requiere incrementar las tasas mínimas que deben de pagar las multinacionales y eliminar excepciones a las mismas, compartir parte de esa recaudación con naciones en desarrollo, utilizar los acuerdos comerciales para evitar la evasión entre países, compartir información fiscal uniforme entre las naciones, eliminar los paraísos fiscales, así como gravar de manera adicional a los multimillonarios.

En el reporte especifico para México, se señala a nuestro país, no sorprendentemente, como uno de los más desiguales del mundo. Los autores calculan un ingreso promedio para los adultos mexicanos de 234,000 pesos, pero el 50% más pobre solo tiene al año en promedio 42,700 pesos (9% del total), mientras que el 10% más rico obtiene el promedio 30 veces más, es decir 1 millón 335,030 pesos, por lo que captura el 50% del total del ingreso.

Una nota interesante que hacen los autores es que México en realidad no redujo la desigualdad durante el siglo XX, como sucedió en Europa y en América del Norte, ya que durante todo el siglo pasado el 10% más rico logró hacerse de entre el 55 y el 60% del ingreso, mientras que el 50% más pobre ha tenido entre el 8 y el 10% del ingreso. Esto es, las instituciones del estado de bienestar mexicano, posteriores a la Revolución, no redujeron la desigualdad del país.

En cuanto a equidad de género, el porcentaje del ingreso laboral generado por las mujeres es de 33%, menor que el promedio de América Latina de 35%, ya que en Brasil es de 38% y en Argentina de 37 por ciento. Sin embargo, el avance es importante, ya que en 1990 apenas el 24% del ingreso laboral era femenino. Con lo anterior, damos cuenta de que no es suficiente tratar de combatir la pobreza mediante programas sociales o acciones gubernamentales. El tema de la desigualdad va más allá de eso; por ello la importancia de realizar acciones que tengan un impacto de fondo para neutralizar el problema.

Twitter: @vidallerenas

Vidal Llerenas Morales

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York

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