Dependiendo de cómo se mida, la economía china es la primera o segunda más grande del mundo.

Es la segunda de acuerdo con su producto interno bruto (PIB) nominal (el PIB convertido a dólares estadounidenses según el tipo de cambio oficial). El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que este año será de 14.2 billones de dólares, abajo del de Estados Unidos, que alcanzará los 21.3 billones.

Es la primera si su PIB se mide por el método de paridad del poder adquisitivo o PPA (el PIB convertido a dólares internacionales utilizando las tasas de paridad del poder adquisitivo). Para el 2019 el FMI calcula que será de 25.3 billones de dólares, arriba del de Estados Unidos de 20.5 billones.

Para algunos economistas el PIB (PPA) refleja mejor la realidad de un país porque muestra la capacidad de compra de sus habitantes. Sin embargo, algunos países manipulan sus tasas de PPA para mostrar una versión más optimista de la realidad y China puede estar haciéndolo.

Sin importar que sea la primera o la segunda economía más grande del planeta, lo que ocurra con la economía de China debe importarnos a todos porque desde hace muchos años ha sido, junto con la estadounidense, uno de los dos motores que le ha dado impulso a la economía global.

He aquí algunos datos que contiene el Resumen Estadístico del Comercio Mundial 2018 que hace casi un año presentó la Organización Mundial del Comercio (www.wto.org/spanish/res_s/statis_s/wts2018_s/wts18_toc_s.htm):

En el 2017, China importó 113 000 millones de dólares de productos alimenticios, 7.6% del total mundial; 440,000 millones de dólares de combustibles y productos mineros, 15.8% del total; 1.2 billones de dólares de manufacturas, 8.9% del total; 23,000 millones de dólares de hierro y acero, 5.3% del total; 193,000 millones de dólares de productos químicos, 9.3% del total; 408,000 millones de dólares de equipos de oficina y telecomunicaciones, 19.5% del total; 83,000 millones de productos automotrices, 5.4% del total; 17,000 millones de dólares de productos textiles, 5.5% del total; 2 billones de dólares en servicios de reparación y mantenimiento, 4.4% del total; 93,000 millones de dólares en servicios de transporte, 8.4% del total; 8.6 billones de dólares en construcción, 13.9% del total; 10.4 billones de dólares en servicios de seguros y pensiones, 7.7% del total.

Es evidente que lo que le compra China al mundo contribuye a que se expandan las economías de los países que le venden productos y servicios. Si las importaciones a China decrecen, esos países sufren las consecuencias.

Y eso es precisamente lo que está ocurriendo.

Ayer se anunció que el PIB chino creció 6.2% en el segundo trimestre de año, la tasa de crecimiento trimestral más lenta desde 1992 y abajo de 6.4% que se registró en el primer trimestre.

La guerra tarifaria que el presidente gringo Donald Trump le declaró a China ha debilitado a la economía de este país y, de acuerdo con una nota en el diario The New York Times, “se ha extendido a Alemania, Australia y otras naciones, aumentando los costos de la cadena de suministro, enfriando las exportaciones”.

La desaceleración económica mundial le complicará más las cosas al gobierno de la 4T.

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Eduardo Ruiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.