Tengo un amigo que tiene más de 10 tarjetas de crédito que usa de manera cotidiana. Me parece una locura: cada una con fechas de corte y de pago distintas que se deben controlar. ¡Es mucho trabajo!

Eso me hace preguntarme ¿Por qué alguien tendría tantas tarjetas? Yo tengo nada más dos: una que es la principal y utilizo mucho más; la otra me sirve de respaldo en caso de que no me la acepten (he tenido problemas en algunos comercios en línea con la primera) o en caso de que pierda alguna y se tarde la reposición, puedo contar con la otra.

En realidad tengo también varias tarjetas de tiendas departamentales que llevo años sin usar (por eso no las cuento), pero las mantengo vivas porque no me cobran ninguna cuota anual y me ayudan a elevar ligeramente mi score en Buró de Crédito. De lo contrario, ya las habría cancelado.

Casi se me olvida: tengo también otra que me da beneficios (un mejor precio y un reembolso anual en efectivo) en un “club de precios”. La tengo y únicamente la uso en ese lugar. Su fecha de corte y de pago coincide con mi tarjeta principal, así que me es sencillo manejarla.

Mi amigo es totalero y yo también: no pagamos intereses y aprovechamos los demás beneficios como seguros y programas de puntos. La diferencia es que yo llevo una vida financiera mucho más simple y fácil de manejar. Pero a él quizá le funcione lo complicado: cada uno es distinto.

Mi amigo aprovecha todas las promociones a “meses sin intereses” que existen, porque piensa que de esa manera maneja mejor su flujo de efectivo y le permite tener su dinero invertido en otras cosas. A fin de cuentas: mentalidad de empresario. Sin embargo, esto le fuerza a tener una disciplina adicional. También se arriesga a que si en su actividad se atraviesa una crisis y deja de percibir ingresos por algún motivo, tenga que echar mano de otras cosas (vender inversiones, por ejemplo), para seguir pagando.

En cambio yo casi no uso los “meses sin intereses” a menos que realmente lo necesite. De lo contrario, pago de contado. Así no tengo que andar arrastrando un saldo y puedo mantener mis esfuerzos enfocados en mis prioridades – en lo que más me importa – y no tengo que distraer mi ingreso futuro pagando las mensualidades de algo que ya disfruté.

Pienso que uno debe manejar sus finanzas personales de manera simple. La vida ya es suficientemente complicada como para enredarla más teniendo una gran estructura financiera que es completamente innecesaria.

De esta forma, sólo tengo una cuenta de cheques para manejar mis recursos. No uso “inversiones” de corto plazo que me dan un rendimiento menor a la inflación para tener un “extra”, para dinero que voy a requerir la semana próxima. Los pocos centavos que gane no compensa el hecho de que tenga que entrar al portal bancario para transferir mi dinero de esa inversión a mi cuenta principal y poder así pagar mi tarjeta el último día. Créanme: parece sencillo pero en un día complicado de chamba, es fácil olvidarlo. He estado ahí y por eso un buen día decidí dejar de complicarme la vida y pagar todas mis facturas y tarjetas el mismo día. Dejo preocupaciones de lado y me enfoco los demás días en las cosas que de verdad me importan. Ésa es la belleza de la simplicidad.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com