La Suprema Corte de Estados Unidos le pide al Gobierno del presidente Biden que continúe con el programa “Quédate en México”.

Acto seguido la Casa Blanca emite un comunicado anunciando que acata la decisión, pero muestra su enfado por la resolución judicial.

Pocas horas después, la oficina de Joe Biden le solicita al Gobierno del presidente López Obrador que desmantele los albergues fronterizos donde se encuentran los solicitantes de asilo que esperan el resultado de su petición al gobierno estadounidense. La Casa Blanca apunta motivos de seguridad, la realidad: una respuesta de enfado en contra de la Corte Suprema.

Si el Gobierno del presidente López Obrador llegara a quitar los albergues, ¿dónde esperarían los solicitantes de asilo mientras el gobierno emite los resultados?

La triangulación retrata una clara injerencia de la Suprema Corte de Estados Unidos en México, o si se prefiere, los jueces ubican la frontera mexicana como el limbo mágico donde manos amigas e invisibles atienden a miles de personas aportándoles techo, comida y seguridad.

Roberto Velasco, jefe de unidad, pero en realidad subsecretario para América del Norte en la SRE, respondió el sentido del fallo de la siguiente manera: “El gobierno de México no se posiciona con respecto a dicho fallo, no obstante, la Secretaría de Relaciones Exteriores enfatiza que una decisión judicial de ese tipo no obliga a México, y que su política migratoria se diseña y ejecuta de manera soberana. En consecuencia, el fallo de la Suprema Corte de los Estados Unidos no tiene una implicación directa en la gestión migratoria del Gobierno de México”.

Velasco agregó en la respuesta que para dar cauce a la resolución de los jueces su oficina entraría a un diálogo técnico con el gobierno de los Estados Unidos.

Por las escenas que se han visto en las últimas semanas donde miembros de la policía militarizada y agentes del Instituto Nacional de Migración detienen y golpean a migrantes centroamericanos en la frontera con Guatemala, los acuerdos que heredó Trump a Biden en materia migratoria con México se encuentran vigentes.

El presidente Biden se encuentra en medio de dos paredes movedizas que se desplazan en dirección de su persona: la Suprema Corte le obliga a continuar con el programa que él intentó desaparecer, y el presidente López Obrador le pide que entregue visas y dinero para el desarrollo centroamericano.

La Corte Suprema de Estados Unidos, a través del fallo a favor del programa “Quédate e México”, le entrega al presidente López Obrador un activo político suntuario e intercambiable. El presidente mexicano lo está utilizando para presionar a Biden, y lo está haciendo todos los días, inclusive por escrito.

Lo que no está tomando en cuenta el político mexicano es la relación de Estados Unidos con Honduras, El Salvador y Guatemala. El tema de la corrupción atraviesa los intercambios políticos de Centroamérica con Estados Unidos.

Kamala Harris lo sabe. Desde el Capitolio, existe presión para que el presidente Biden no entregue un solo dólar a los gobernantes centroamericanos.

El salvadoreño Nayib Bukele se encuentra en plena mutación autoritaria para desmantelar el poder Judicial. La semana pasada, sus jueces le permitieron la reelección en contra del artículo 8 de la Constitución, que obliga a una insurrección en caso de que sea violado ese artículo.

Con el hondureño Juan Orlando Hernández, ni hablar. Sus posibles vínculos con el narcotráfico impiden que se convierta en un interlocutor con Washington.

Giammattei, presidente de Guatemala, tampoco pasa por el mejor momento.

¿Con quién va a negociar Estados Unidos los fondos de ayuda para el desarrollo de Centroamérica? Queda claro que a AMLO solo le interesa el sur de México. No más.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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