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Opinión

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La Quinta Transformación: restauración o evolución

En México hemos tenido cuatro grandes periodos históricos bien definidos, la Independencia de Hidalgo y Morelos, la Reforma de Juárez, la Revolución de Madero, Zapata y Cárdenas, y el neoliberalismo reciente. Bajo la mal llamada 4T estaríamos en una Quinta Transformación, cuyo sentido y contendido están por definirse para ser realmente una nueva etapa histórica, más allá de los ataques verbales iracundos y la demolición de instituciones.

La 4T es hoy mucho más restauración que evolución. En lo económico, la 4T no dista mucho aún del neoliberalismo que critica y que estaría grosso modo definido por lo siguiente: disciplina fiscal; tasa de interés y tipo de cambio de mercado; libre comercio e inversión; empresa privada; desregulación, y competencia económica. La 4T ha cumplido con creces en disciplina fiscal, contribuyendo a la parálisis económica actual; no ha violado aún la autonomía del banco central, por lo que interés y cambio se determinan aún por el mercado; el T-MEC nos llevará a una nueva etapa de comercio e inversión fuertemente administrados con influencia de los sindicatos americanos; los mecanismos inversionista-estado de los acuerdos comerciales ponen límites a la contrarreforma energética para no caer en expropiaciones e indemnizaciones brutales; las trabas burocráticas en energía y construcción comprometen el crecimiento, y en combate a los monopolios la 4T podría hacer gran diferencia contribuyendo a una mejor distribución y aumento del ingreso, pero no lo está haciendo. Sobra decir que cancelar un aeropuerto y llevar a cabo obras sin fundamento son un error histórico y un gigantesco derroche sin sentido.

En lo político, la época neoliberal se definió por alternancia democrática, libertad de prensa, y creación de entidades autónomas como contrapeso al poder. La 4T retrocede atacando a la prensa y al INE, capturando órganos autónomos, e incurriendo en faltas de transparencia en las asignaciones de obra pública y gastos sociales. En combate al crimen los resultados saltan a la vista. En política exterior, se retrocede en lo migratorio y se flirtea con el bolivarianismo antidemocrático y trasnochado, faltando a la defensa de los derechos humanos. El gobierno actual fue elegido por el hartazgo con la corrupción, la inseguridad y la desigualdad, por lo que deberá necesariamente rendir cuentas en las urnas, salvo que se convierta en dictadura.

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