La respuesta del Dr Tedros Adhanom a las declaraciones, una semana antes, del presidente de México sobre los procesos de validación de vacunas contra covid-19 por parte de la OMS, fue contundente: Existen métodos científicos para revisión y reconocimiento de las vacunas y no, las declaraciones y las arengas políticas, no aportan nada a la información que estos comités requieren. Por cierto, lejos de las declaraciones en “la mañanera”, el director de la OMS no había recibido una carta formal por la vía diplomática.

La historia debió terminar allí. Sin embargo, por una extraña razón, el presidente quería insistir en su punto: La OMS tiene procedimientos “burocráticos” y lentos para los procesos de aprobación de las vacunas… que le interesan a López Obrador; así que, molesto por el cuasi regaño del Dr. Tedros, respondió “no deberían enojarse sino apurarse” y envió entonces una carta a la Organización Mundial de la Salud la cual, dijo, ya se habría recibido.

¿Qué le hizo pensar al presidente que podría influir en el comité de aprobación de vacunas de la OMS…con una carta? Será muy interesante leer el documento que finalmente envió Hugo López Gatell a la OMS por órdenes del presidente. Particularmente interesante, revisar el soporte bibliográfico con el que pretende decirle a los expertos de esa oficina cómo hacer su trabajo.

Y es que si hay algo peor que ignorar los procesos regulatorios o querer desconocerlos (como ya se hace en el caso de las importaciones de medicamentos en México), es creer que el mundo se mueve a través de declaraciones políticas, arengas, “acuerdos” y cartas. En el caso de las vacunas, no funciona así.

Para hacer la historia corta, la lista de vacunas contra covid-19 que iniciaron un proceso de evaluación en la OMS, suma 24 compuestos, aunque algunos de ellos son versiones de la misma vacuna, pero desarrolladas en diferente sitio. Algunas vacunas terminaron su proceso de validación de manera favorable. Otras, como la desarrollada por la alemana Curevac se detuvo a petición del fabricante, por sus resultados.

De las siete que tenemos en México, dos de ellas se encuentran pendientes: Sputnik V y CanSino. Las razones para aún no terminar el proceso se desconocen al detalle, pero es claro que, en ambos casos, la OMS solicitó información faltante en alguna parte del “dossiere”. Son dos de siete vacunas con las que se vacunaron a 16 millones de mexicanos y que representan el 16% del total de las dosis recibidas por México.

El tener siete marcas de vacunas o presumir que tenemos “el portafolios más amplio de vacunas” del mundo se ha convertido en una pesadilla logística. Desde la aparente nimiedad de no poder elegir qué vacuna recibiremos o no conocer de antemano qué vacuna se aplicará o donde, hasta el detalle de no haber previsto lo que algunos analistas vaticinamos: La eventual adopción de “Pasaportes de vacunas” y con ello la homologación con los Estados Unidos. 

Y es que nos guste o no, ese país además de ser nuestro vecino es nuestro principal socio comercial y con quien compartimos la frontera más transitada y con mayor intercambio en el mundo. ¿Cómo es que no pensamos (como Canadá) en hacer una mímica de su portafolio de vacunas? Seguramente por falta de recursos y el querer ahorrar al máximo. Lamentablemente no podemos afirmarlo ni el gobierno contradecirlo, ya que la información sobre las negociaciones, términos, montos y pagos se encuentra reservada.

La prisa por poner en marcha un sistema de vacunación a bajo costo y casi artesanal (solo hay que ver la catástrofe actual con los certificados), llevó a México a utilizar dos vacunas controversiales, por decir lo menos. No me detendré a analizar los detalles de las formulaciones, ya que hay expertos que hablaron desde un inicio del tipo de adenovirus utilizados en la fabricación. Tampoco tengo la intención de poner en duda la eficacia o seguridad de ellas, ya que la evidencia disponible hasta el momento nos habla de biológicos que cumplen, por lo menos, con producir anticuerpos suficientes sin poner en riesgo a los pacientes.

El problema con las dos marcas ha sido desde un inicio el deficiente manejo y la forma como han publicado (o no publicado) su información clínica. Eso es precisamente lo que argumenta la OMS: Que faltaba información y que se tomarán el tiempo que sea necesario para analizarla.

Frente a eso, es clara la presión para el presidente y el equipo de salud: 16 millones de mexicanos no serían aceptados en los próximos días en Estados Unidos, Europa o el Reino Unido, si no se vacunan con los biológicos reconocidos por la OMS.

Las consecuencias para el gobierno de México no serán catastróficas, pero sí muy caras. Y la pregunta es: ¿Debería México aplicar nuevas vacunas a todas estas personas?

El gobierno podría simplemente no hacer nada. Al final, puede argumentar que ya cumplió. Se vacunó con lo que había y el hecho de que 16 millones de mexicanos no puedan viajar a otros países es una responsabilidad que no le corresponde.

Comenzamos apenas a ver los resultados de las malas decisiones y la cosa se pondrá peor. Mientras que en otros países ya se habla de refuerzos, en México no hay un plan para continuar o extender la vacunación. La posición oficial es la de no vacunar a adolescentes y niños (sin comorbilidades) pero ¿qué haremos cuando, en algún momento del año entrante, estos países comiencen a requerir certificado de vacunación para permitirles entrar a su territorio?

El gobierno de México se metió en un aprieto que cada vez se hace más grande; y decirle a la OMS que no sean burocráticos no nos sacará del problema. El revisar, reconocer errores y corregir es la única salida.

*El autor es médico cirujano y analista en políticas de salud.