Aunque muchas veces no nos demos cuenta, las capacidades necesarias para leer y escribir son muy complejas: el lenguaje verbal, la percepción visual, la concentración y atención, la memoria auditiva y la visual, el control visomotor fino, la memoria necesaria para la ortografía, la articulación y fluidez imprescindible para la pronunciación, y desde luego el pensamiento abstracto entre otras, son necesarias para poder leer o escribir un libro o una receta de cocina. Y ustedes, queridos lectores, ahora mismo están utilizando todas las herramientas antes mencionadas seguramente de forma automática y casi inconsciente. ¡Un milagro!

Eso sí, si alguno de estos factores falla el resultado es un niño (o un adulto) con incapacidad para la comprensión y la ejecución de la lecto-escritura y las matemáticas. Desgraciadamente en México tenemos muchos casos así. Baste decir qué en nuestro país leemos en promedio de uno a dos libros ¡al año!

Aprender a leer y escribir no es un proceso todo o nada, esto es, no aprendemos a leer y escribir de un día papa otro, ni como por arte de magia, no, por el contrario el aprendizaje de estas materias conlleva el desarrollo y evolución de un conjunto de habilidades y capacidades, las que veíamos antes, que poco a poco van consolidándose en un ser humano y que lo preparan para la adquisición de estas importantes herramientas.

En un principio lo mismo sucede con el lenguaje verbal. Para dominar este también es necesario que el niño atraviese por una serie de etapas de maduración que lo llevarán finalmente a la verbalización. Sin embargo, no necesitamos ir a una escuela o recibir instrucción formal para aprender a hablar, sino que, en este caso, por imitación y acumulación de experiencias los humanos logramos articular al cabo de dos años de vida las primeras palabras, claras y con significado.

Pero, la alfabetización no es un proceso que se dé en forma espontánea o que esté listo para lograrse con tan solo la estimulación ambiental adecuada. La prueba de ello, por cierto muy triste, es que actualmente en el planeta aun hay millones de personas que por carecer o realizar mal esta enseñanza formal, se encuentran estancadas en el analfabetismo o en el analfabetismo funcional, casi lo mismo. 

Y esto tiene consecuencias graves, porque el cerebro, protagonista eterno de todo lo que somos y hacemos, es también el héroe en el aprendizaje de las letras. Gracias a la lectura y escritura el cerebro humano es más humano y perfecto que nunca. Como bien nos explicó en el siglo XX el gran neurocientífico ruso Alexander Luria, el lenguaje y como parte de él, la lectura y escritura implican una transformación neurofisiológica total de nuestro sistema nervioso. Todo nuestro órgano supremo se transforma a través de miles de millones de nuevas interacciones neuronales por este aprendizaje. Nuestra capacidad de abstracción se potencia y desarrolla cuando entendemos y utilizamos las letras para comunicarnos.

El lenguaje esta ahí, agazapado en el cerebro desde que nacemos, y tan solo espera la más mínima estimulación ambiental para florecer y desarrollarse a nivel verbal. Pero de ahí a escribir…pues hay un buen trecho.

En todo el mundo los humanos estamos muy orgullosos de nuestra capacidad para leer y escribir, que (al menos tan desarrollada) no tienen otros animales. Por ello nos hemos dedicado a través de muchos miles de años a honrar y querer a los libros. Y hemos hecho bibliotecas, editoriales y librerías para poder disfrutar a gusto lo que ha salido y sale de nuestras neuronas.

Aquí en México desde 1987 se lleva a cabo la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la feria más importante de habla hispana y la segunda más grande de todo el mundo. Cada año casi un millón de personas de todos los continentes la visitan. Y ahí se encuentran intelectuales, editores, académicos, lectores y escritores de todos los colores y todas las tendencias. Todos los que amamos el conocimiento humano y la lectura tratamos de estar ahí.

Es tan importante este encuentro que el presidente de la FIL, Raúl Padilla, su creador, organizador y promotor recibió este año el premio Princesa de Asturias por tantos años de este tenaz esfuerzo que honra a nuestro país y a nuestra lengua. 

Tratar de menoscabar, denostar y despreciar este gran logro mexicano por una mezcla de politiquería e ignorancia me resulta lamentable, injusto e incomprensible, especialmente para mi cerebro, que con tanto entusiasmo se ha esforzado por leer y escribir y que me pide que no dejemos morir a la inteligencia.

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Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.