Durante la semana pasada, del 9 al 12 de octubre, se celebraron en Hermosillo, Sonora, el XV Congreso Mundial de Mediación y el XIX Congreso Nacional de Mediación con el lema Más Mediación y Menos Violencia. El año pasado, el Congreso Mundial tuvo lugar en Buenos Aires, Argentina, y el Nacional en La Paz, Baja California Sur. Estos eventos de creciente importancia y prestigio a nivel nacional e internacional son posibles gracias al motor que, desde hace veinte años, es el Instituto de Mediación de México.

En estos Congresos participan destacados profesionales de la mediación y del derecho de diversas latitudes que se desempeñan como mediadores adscritos a poderes judiciales, mediadores privados, juzgadores y catedráticos, principalmente, para exponer avances y obstáculos sobre la mediación en el mundo y en México, así como para formular propuestas sólidamente construidas, sobre acciones en ámbitos específicos y en materia legislativa para continuar con la expansión y consolidación de la mediación y, por tanto, de la Cultura de la Paz.

Una muy importante conclusión, expuesta por el Dr. Jorge Pesqueira Leal, uno de los más importantes impulsores de la mediación en México y en varios países, consistió en que la denominación Mecanismos Pacíficos de Solución de Controversias se adopte y substituya a la de mecanismos alternativos de solución de controversias, acuñada a partir de una traducción del inglés que, en realidad, es equívoca.

En efecto, se trata de identificar y aclarar que, a partir de sus raíces, la justicia ha crecido con dos ramas: la justicia heterocompositiva o adversarial, a cargo de tribunales y juzgadores, y la justicia autocompositiva o consensuada, a cargo de las personas involucradas en un conflicto o controversia que, para gestionarla, resolverla o prevenirla cuentan con profesionales calificados, principalmente mediadores.

La mediación ni los demás mecanismos pacíficos de solución de controversias se derivan de la justicia heterocompositiva y aunque existen casos en los que se han impulsado con el propósito principal de descargar de asuntos a los juzgados y tribunales, es un error considerar a estos mecanismos como instrumentos de limpieza, aunque por su naturaleza ya contribuyen a racionalizar el uso de los servicios jurisdiccionales, en beneficio de las personas involucradas en conflictos o controversias.

Como hemos comentado, los mecanismos pacíficos de solución de controversias, conocidos como mecanismos alternativos de solución de controversias, es decir la justicia autocompositiva o consensuada, son ya una institución tan reconocida por la Constitución y la legislación, como lo es la administración de justicia. Fomentan la participación activa de la sociedad civil y presentan algunas ventajas sobre los procedimientos judiciales formales.

Estamos en un momento oportuno para que la denominación que adopte la iniciativa como el proyecto de decreto aprobado por los diputados que, como dimos cuenta en anterior entrega, contienen imprecisiones y defectos, se corrijan y, en su caso, se apruebe la Ley General de Mecanismos Pacíficos de Solución de Controversias, que signifique un avance en materia de justicia autocompositiva o consensuada.

Otras conclusiones que conviene dar a conocer, particularmente relacionadas con la mediación en sede judicial consisten en propiciar e impulsar una reforma constitucional y legal para que la premediación sea un requisito preprocedimental de carácter obligatorio, como lo es ya la primera sesión en la conciliación laboral; la adopción de campañas permanentes de difusión y sensibilización para que se sepa qué es y para qué sirve la mediación; que la mediación y los demás mecanismos pacíficos de solución de controversias sean atendidos por profesionales debidamente capacitados, certificados, registrados, supervisados y verificados; que se amplíe la cobertura de los servicios de mediación con la participación de mediadores privados, y que se consolide la prestación de los servicios de mediación a distancia.

Lo hasta aquí expuesto se refiere principalmente a la mediación para la prevención, gestión y resolución de conflictos legales, y que está llamada a solucionar los problemas legales que nos presenta el mundo contemporáneo. Sin embargo, debe tenerse muy presente que la mediación es de utilidad para la atención de controversias en todos los ámbitos de interacción social, como ya hemos expuesto en otras colaboraciones en El Economista.

Si nuestra pretensión es la consolidación y expansión de la mediación, que es justicia consensuada, es democracia y es diálogo, debemos apostarle a generar una verdadera cultura de avenencia en la sociedad e involucrarla en la Cultura de la Paz y con ello generar un crecimiento exponencial de los servicios de mediación en beneficio de las personas.

Pascual Hernández Mergoldd es abogado y mediador profesional

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Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada