La democracia es la necesidad de inclinarse de cuando en cuando ante la opinión de los demás.

Winston Churchill

Una modalidad del diálogo social son las consultas populares, por tanto, pueden ser consideradas como un instrumento de la cultura de la paz. 

Se trata de una vía de la participación ciudadana y expresión de la democracia que no termina con el derecho al voto. Es la evolución de la democracia representativa en la que los ciudadanos tienen la oportunidad de una mayor, más activa y más directa capacidad de intervenir e influir en la toma de decisiones de carácter público.

Con la democracia participativa no se limita el papel del ciudadano, dentro del sistema democrático, al ejercicio del sufragio como ocurre en la democracia representativa, sino que se regula una más amplia participación para que la ciudadanía cuente con un rol protagónico, activo y propositivo dentro de la política, particularmente en la toma de decisiones tanto a nivel municipal, estatal, regional como nacional.

El principal objetivo es que la ciudadanía se involucre en la definición de medidas del gobierno que le afecten o le puedan afectar. De tal forma que el mecanismo de participación ciudadana, a través de consultas populares, le permita a la ciudadanía pronunciarse a favor o en contra de una propuesta.

La Ley Federal de Consulta Popular, expedida en 2014, fue aplicada el domingo pasado por primera vez, con lo que hemos dado un paso más en la consolidación de ejercicios democráticos. Es la primera consulta popular que se organiza y realiza en el marco de la mencionada ley a nivel nacional. Incrementar este tipo de prácticas, cuando haya situaciones que lo requieran, es lo más recomendable para dar oportunidad a la consolidación de nuestra democracia. 

En su aplicación se conveniente considerar su utilidad para consultar, por ejemplo, la definición de inversiones, la ejecución de obras públicas y su conservación; la operación de los servicios públicos, la formulación de programas y presupuestos, lo relativo a energías limpias, al medio ambiente, a la inversión privada y al cumplimiento de tratados internacionales, entre otros. También debieran consultarse los proyectos de Plan Nacional de Desarrollo y de los programas sectoriales, regionales, estatales, municipales y especiales.

Una ley de este tipo puede ser provechosa no sólo para democratizar el funcionamiento administrativo, sino también para lograr un orden racional de las prioridades de gasto y un manejo eficiente y honorable de facultades y atribuciones, así como de fondos públicos. 

La democracia participativa es una expresión del diálogo, mismo que, como hemos comentado en diversas colaboraciones, es el elemento sobre el que se desarticulan los conflictos y se construyen soluciones. Ello es posible con una manera diferente de interactuar y de relacionarse a partir de una comunicación constructiva, las consultas populares pueden ser una vía para ello.

Si el diálogo se hace posible y se traduce en una política de Estado, podremos arribar a un acuerdo social que sea justo, equitativo, duradero y estable. Eso, además de ser necesario, es lo más prudente en beneficio de todos para resarcir el tejido social, recuperar la concordia y la cultura de la paz.

Sabemos que uno de los pilares para actuar con visión de futuro es la utilización del diálogo para superar la polarización y los desencuentros que se han propiciado, principalmente, desde Palacio Nacional. Las consultas populares pueden ser de utilidad para ese propósito.

La primera consulta popular realizada en los términos de la Ley, originalmente sobre “el juicio a expresidentes”, fue producto de una movilización política y una promesa de campaña del Presidente quien, junto con su partido político, sus seguidores y los medios afines a la 4T, la promocionaron sin que esté claro quién o quiénes financiaron la campaña. Tristemente este primer ejercicio de democracia participativa tuvo un propósito de linchamiento, de distractor y de propaganda política distorsionando la esencia de ese noble mecanismo. 

La gran mayoría de los ciudadanos menospreciaron la consulta y las casillas electorales estuvieron prácticamente vacías. Con esa consulta se propició la polarización, la discordia y el odio y se lastimó la cordialidad. Sin embargo, es de reconocer que el INE organizó la jornada de manera eficaz, a pesar de que el Presidente López Obrador no encontró eco en los diputados de su partido que omitieron la asignación de los recursos necesarios, para su organización. Sin embargo, el INE destinó a ese despropósito la cantidad de 528 millones de pesos.

Existe el temor de que el fracaso de esta consulta popular sea el pretexto para que el inquilino de Palacio Nacional enfile sus baterías para socavar al INE, pues es señalado como culpable por la falta de interés de la ciudadanía. Confiemos en que no sea así y que la democracia participativa prevalezca. 

El mandato del Presidente López Obrador, que se acerca a culminar su primera mitad, impulsa la idea de que se juzguen los crímenes del pasado sin tener en cuenta que se acumulan a su administración los delitos del presente. 

Un gobierno propenso a la opacidad, a la mentira y a propiciar la polarización contribuye en gran medida al deterioro del tejido social. Es urgente buscar, más allá de las limitaciones que implica el prejuzgar, acciones que nos dirijan hacia la reconstrucción y tranquilidad del tejido social, a recuperar la cordialidad y la cultura de la paz.

Si bien es cierto que la sociedad civil despertó en el pasado proceso electoral de junio y logró transformarse de testigo sordo, ciego y mudo en protagonista de la política nacional, también decidió el pasado domingo ignorar los distractores que pretenden ocultar la destrucción que a todos afecta. Así demostró en la consulta popular que no es posible pretender que la sociedad sea sumisa ante el desprestigio, la incongruencia y la falta de integridad.

La construcción de una cultura de la paz y de la concordia sólo es posible con un contagio positivo que generalice la práctica del diálogo en todos los ámbitos de interacción social. Es el diálogo la vía de la distensión que reconoce el valor de la verdad que da valor a la palabra. 

*El autor es abogado y mediador profesional.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada

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