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La Cultura de la Paz, Niños y Jóvenes son el Futuro

El Fracaso no es una Opción
NASA
La implacable realidad nos obliga a preguntarnos: ¿Quiénes somos?, ¿En qué nos estamos transformando? y ¿Cómo queremos que sea el futuro de México?
A pesar de que una de las supuestas políticas del actual presidente es “primero los pobres”, en los hechos aplica múltiples acciones y medidas que lastiman a las clases menos favorecidas, niños y jóvenes incluidos. Tal es el caso de la cancelación del seguro popular, estancias infantiles, escuelas de tiempo completo, comedores comunitarios y del presupuesto de becas para estudiantes de licenciatura de bajos recursos inscritos en universidades públicas de todo el país, por citar algunos casos.
El rezago educativo subió del 19 al 19.4 por ciento de 2018 a 2022, y la falta de acceso a servicios de salud pasó del 16.2 al 39.1 por ciento en el mismo periodo. Son más de 30 millones de mexicanos los que carecen de servicios de salud, de los cuales alrededor de 10 millones son niños y jóvenes.
La riqueza de cada nación es su pueblo y su futuro depende de la inversión que sus gobiernos realizan a favor de niños y jóvenes en materia de educación y salud, principalmente. Son de importancia estratégica y un tema de seguridad nacional en cada país. Tristemente no es nuestro caso.
En México nuestro gobierno se ha propuesto comprometer y poner en riesgo el destino de la principal riqueza de nuestro país: niños y jóvenes.
Históricamente hemos desplegado esfuerzos y recursos, creado instituciones y mecanismos para propiciar el mejor desarrollo posible de niños y jóvenes: la Gota de Leche, creada en 1929, fue una organización sin fines de lucro para ofrecer desayunos escolares a niños desamparados de la capital del país, dio lugar a la Asociación Nacional de Protección a la Infancia; en los años 60’s se creó el INPI, que se transformaría en el IMPI, más tarde fue creado el IMAN y de su fusión surgió el DIF. También tenemos al Instituto Nacional de Pediatría y al Instituto Nacional de Perinatología entre otras instituciones creadas para proteger a los niños. Para atender a los jóvenes fueron creadas la UNAM, el IPN, la UAM, el INJUVE, que luego se transformó en el IMJUVE, el CREA, la CONADE y la CONADIC, entre otras instituciones.
El actual gobierno diseñó y ejecuta el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, con el objetivo de propiciar una sinergia de centros de trabajo con jóvenes sin empleo para impulsar las oportunidades laborales en el país.
Las sociedades, los tejidos sociales y los gobiernos que buscan progresar y desarrollarse actualizan constantemente los programas y materiales educativos que se proporcionan a sus niños y jóvenes para dotarlos del conocimiento y las destrezas para aprovechar las oportunidades en el mundo que los rodea. Esa es una tarea que inicia en sus familias y se complementa en la escuela y en su comunidad, en ésta principalmente vía internet en donde existe una muy abundante disponibilidad de material educativo. Recordemos que las instituciones responsables de la socialización son la familia, la escuela y la comunidad y que lo que ocurre en un ámbito afecta al otro o a los otros.
En prácticamente todos los países, sus planes y modelos educativos se modifican en atención a los cambios que la sociedad y la ciencia propician en la historia y en la vida. Las naciones más desarrolladas y civilizadas se deben a la educación de sus jóvenes y niños, principalmente.
En México se transformó el CONACYT con el propósito de “acabar con la ciencia neoliberal”, ahora se pretende dirigir la ciencia y la investigación desde el gobierno y con influencia de los militares, lo que se refleja en los polémicos libros de texto.
Durante la pandemia nuestras autoridades educativas demostraron su incapacidad ante el reto que significó, no lograron construir y menos consolidar los sistemas informáticos suficientes y eficientes, ni dotar a escuelas, maestros ni a estudiantes del equipamiento ni del adiestramiento indispensables para poder aspirar a una educación a distancia generalizada.
La denominada Nueva Escuela Mexicana impulsa la imposición de nuevos libros de texto que tienen un origen ilegal, pues su redacción violó el procedimiento previsto expresamente en la Ley. La SEP reservó por cinco años la información de las asambleas para consultar la reforma a los planes de estudio y los libros de texto. Toda una cátedra de opacidad.
Con esos libros se pretende sembrar la semilla del odio, de la discordia y del fanatismo tan característicos del mandatario. Sin embargo, lo más grave es que erradican o minimizan los contenidos que fomentan y facilitan el desarrollo de capacidades mentales analíticas. Cómo confiar en la Nueva Escuela Mexicana que pretende que los maestros se transformen en predicadores para contribuir a tomar a niños y jóvenes como rehenes para el adoctrinamiento en la ideología del oficialismo; que se empeña en tirar por la borda la educación que requieren los niños, los jóvenes y el país, y transformar a las escuelas públicas en semilleros de personas sin oficio ni beneficio, para engrosar las filas de desempleados, de limosneros, de trabajadores de la economía informal y para provocar que más mexicanos opten por huir del país.
Se quiere hacer creer que la pobreza es una virtud y perversamente esa es la idea que procuran sembrar en las mentes de los niños de seis y siete años, como si no merecieran esperar ni aspirar a la excelencia, al bienestar ni a la prosperidad y para programarlos para una vida miserable.
El gobierno actual prefiere que la gente permanezca en la pobreza ya que “al llegar a la clase media se les olvida de dónde vienen”, de tal suerte que la ayuda, según el presidente, es parte de su estrategia político-electoral.
Destruir la educación pública, habrá de traducirse –de prosperar- en una mayor desigualdad pues los niños y jóvenes que sean instruidos en el marco de los nuevos planes y textos obligatorios estarán en una gran desventaja de aquellos que se vean beneficiados por una educación de calidad.
Nos dirigimos al fracaso educativo de las nuevas generaciones tendente a que, de las escuelas públicas, con esos programas, egresen niños y jóvenes sin oficio ni beneficio y, por lo tanto, estén condenados a la pobreza y a la mediocridad. Con ello se logrará provocar desgano en el tejido social al disminuir esperanzas y aspiraciones a la excelencia y a la realización personal.
El maestro no merece ser usado para intentar esos perversos fines.
Vamos en contra de los cuatro pilares sobre los que debe sustentarse la educación del siglo XXI impulsados por la UNESCO, en los que importa concebir la educación como un todo. A saber: aprender a conocer; aprender a hacer; aprender a ser, y aprender a vivir juntos.
El gobierno se propone avanzar en la destrucción del país a través de la manipulación de niños y jóvenes con un menor acceso a vacunas, medicamentos, alimentación y servicios de salud, entre otras medidas.
Al pretender enseñar qué pensar y no como pensar, se desea secuestrar el futuro de México. Parece ignorarse que entre más y mejores conocimientos se pueden alcanzar mejores oportunidades.
Hay mucho mal en el mundo y en nuestro país, por ello urge que trabajemos juntos.
Una responsable atención a jóvenes y niños puede ser un ejemplo de lo que podemos hacer bien.
Estamos obligados a evitar que en el país en el que vivirán nuestros hijos y nietos sigan avanzando los planes educativos que impulsan la discordia y la polarización, además de cancelar una formación a la altura de los retos y oportunidades que se nos presentan.
El fracaso no es una opción.
*El autor es abogado y mediador profesional.
Twitter: @Phmergoldd

