Como hemos sostenido en anteriores artículos de esta serie que publica El Economista, la mediación es —sin lugar a dudas— el mecanismo pacífico de solución de controversias más eficaz, también comentamos que es la justicia restaurativa el marco en el que se desarrolla la mediación en los ámbitos penal y de justicia para adolescentes.

Como ya hemos comentado, la justicia tiene dos grandes ramas: la heterocompositiva o adversarial, a cargo de tribunales y juzgadores, y la autocompositiva o consensuada, a cargo de las personas involucradas en un conflicto o controversia que, para gestionarla, resolverla o prevenirla cuentan con profesionales calificados, principalmente mediadores.

Otra clasificación se refiere al elemento que se atiende: la retributiva, el delito; la rehabilitadora, el delincuente, y la restaurativa, la reparación del daño. En función de su objetivo también varían los medios que se aplican, el modelo retributivo utiliza la sanción; el rehabilitador, el tratamiento, y el restaurativo, el diálogo.

En esta oportunidad abundaremos sobre la justicia restaurativa, que es el marco en el que la mediación se orienta principalmente a hacer justicia a través de la reparación del daño causado por la comisión de un delito.

Toda persona afectada por un acontecimiento traumático, sea éste de la naturaleza u origen que sea como desastres naturales, accidentes y agresiones humanas, es considerada víctima. Desde el punto de vista legal, es aquella persona que sufre directamente una lesión o amenaza a un bien jurídico tutelado por el derecho.

La mayoría de las personas que transitan por la justicia penal difícilmente encuentran una experiencia reparadora o satisfactoria. Las víctimas frecuentemente se sienten injustamente tratadas, a veces revictimizadas, y su anhelo de justicia queda insatisfecho.

Al momento de analizar el papel de la víctima, dentro del derecho penal, se puede observar que ésta no ocupa la relevancia que le corresponde como persona afectada. Por lo que respecta a la voz de la víctima en un proceso tradicional de justicia penal, se limita a una simple declaración, no hay cabida para escuchar el verdadero impacto emocional y material del delito, no obstante que cuenta con sentimientos de enojo, angustia, culpa, tristeza, ansiedad, además de que pierde la confianza y el control en su vida cotidiana.

La justicia restaurativa no es sólo una teoría sobre la justicia, también es una teoría social en la que los integrantes de una comunidad juegan un papel fundamental como apoyo y respaldo de las personas enfrentadas a causa de un delito o infracción. Se trata de un proceso en el que todas las partes implicadas en un determinado delito o infracción, resuelven colectivamente cómo manejar sus consecuencias e implicaciones para el futuro.

En la justicia restaurativa la víctima abarca no sólo al individuo, sino a la comunidad, toda vez que ésta también sufre las consecuencias del delito o infracción. Es frecuente que, como consecuencia de la aplicación de las fórmulas de la justicia restaurativa, la víctima supere los procesos traumáticos y estresantes y por tanto logra recuperarse y reintegrase a su vida cotidiana.

Con la mediación penal y de justicia para adolescentes se pueden alcanzar los objetivos de la justicia restaurativa, ello debido a que en ese marco la víctima y el infractor se hacen voluntariamente protagonistas y son ellos quienes deben buscar y construir una solución basada en el diálogo.

Uno de los procedimientos que se aplican son los denominados encuentros restaurativos que se integran por un conjunto de procesos voluntarios, flexibles, y cooperativos en los que participan los protagonistas del conflicto derivado de la comisión de un delito o de una infracción, uno o varios mediadores y, cuando resulta necesario familiares, miembros de la comunidad e integrantes de instituciones que atiendan las necesidades de la víctima, del delincuente o infractor y de la comunidad, orientadas siempre a la reintegración social, con el objeto de gestionar y resolver el conflicto.

Como puede observarse, los mecanismos pacíficos de solución de controversias contribuyen a crear una ciudadanía responsable y una cultura cívica robusta y extensa; fomentan la participación, como base de la democracia y en una cultura que fortalece el Estado de Derecho de todos los ciudadanos y contribuye al ejemplo de lo que es una ciudadanía deliberativa.

La mediación tiene un objetivo principal: el de considerar a todas las personas como ciudadanos y ciudadanas con capacidad racional para dirimir voluntariamente sus conflictos. Que sean ellas mismas, con el apoyo de un mediador que legitime su pacto, las que encuentren la solución pactada y consensuada frente al desencuentro y el conflicto.

Nuestra pretensión es la consolidación y expansión de la mediación, que es justicia consensuada, es democracia y es diálogo. Debemos apostar por generar una verdadera cultura de avenencia en la sociedad e involucrarla en la Cultura de la Paz y con ello generar un crecimiento exponencial de los servicios de mediación en beneficio de las personas.

Pascual Hernandez Mergoldd es abogado y mediador profesional.

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Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada