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Opinión

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La Cultura de la Paz, Conflictos Desbordados en Casa

Pascual Hernández Mergoldd

En las amarguras desearás la dulzura, y en la guerra, la paz.

Santa Catalina de Siena

Hoy se conmemora el Día Internacional de los Derechos de las Mujeres, su objetivo es recordar que aún no hemos sido capaces de resolver que las mujeres tengan el respeto, las oportunidades y la seguridad para vivir y desarrollarse a que tienen derecho. Hemos fallado en detener la discriminación, el acoso y la violencia contra las mujeres. No hemos permitido ni propiciado que ocupen el sitio que les corresponde en la sociedad y en los tejidos sociales.

Resulta difícil de creer que el gobierno federal haya cancelado apoyos básicos a la mujer como el programa de escuelas de tiempo completo que afecta a casi 4 millones de menores, precedida por la cancelación de las guarderías en 2019. Ambos fueron programas de amplio espectro de apoyo a la atención a la niñez y a las madres de familia, sobre todo a las que trabajan.

Con motivo de la guerra desatada contra Ucrania por Rusia, el Presidente declaró que “México está en contra de la guerra y a favor del diálogo y de la solución pacífica ante la crisis por el conflicto…”, esa modalidad, la solución pacífica de conflictos, también es indispensable en nuestro país.

Cada vez más voces insisten, como la nuestra, en la urgencia de que el gobierno construya y aplique una política pública de gran calado que se caracterice por el diálogo y la concordia, en el marco de la cultura de la paz.

Parece que el mandatario olvidó que el día que ganó las elecciones se comprometió a que la solución pacífica de los conflictos sería una de sus políticas. Es urgente llamar a todos los mexicanos a la reconciliación y a poner por encima de los intereses personales y de grupo, por legítimos que sean o parezcan, el interés general. Que se escuche, se atienda y se respete a todos, y se concrete un plan de paz para México. Unidos podremos salir adelante.

Sin duda la filosofía de la política denominada “abrazos, no balazos” es un ideal, pero la realidad nos alcanza y nos rebasa. Lo que hace falta es la aplicación general de la Ley por parte del Estado utilizando todos los medios a su alcance y de esa forma cumplir con la principal tarea de todo gobierno, la de proteger las vidas y los bienes de las personas.

Recién, al explicar su estrategia de seguridad, el inquilino de Palacio Nacional señaló que busca reducir la violencia y homicidios más que capturar a grandes capos, declaró que “No hay guerra” contra la delincuencia porque “Nosotros queremos la paz”. También ha declarado que la paz es fruto de la justicia y que se deben atender las causas. Sin embargo, los datos duros revelan que la violencia no se reduce, todo lo contrario. A más de tres años de gobierno, las condiciones de inseguridad en México empeoran y nos ponen en situaciones parecidas a las que sufren los habitantes de países en guerra y a las de pueblos sometidos al terrorismo. Cada vez más poblaciones padecen homicidios, masacres, desplazamientos involuntarios, la colocación de minas en caminos, el bombardeo y destrucción, el cobro de derecho de piso, de feminicidios y de desapariciones de mujeres, entre otras calamidades. Se trata ya de actos terroristas de la delincuencia organizada, muchos de los cuales son grabados y difundidos en redes sociales.

De un día para otro, muchos niños, como en Ucrania, han perdido familia y casa. Allá por la guerra de un solo hombre y aquí, por la creciente violencia del crimen organizado que actúa a sus anchas.

Arropar con un manto de impunidad a asaltantes de casetas de peaje, de trailers, de camiones de carga y autobuses, atacantes de agentes de la Guardia Nacional que se les deja libres y se les ofrecen apoyos, ha servido para empoderar la violencia. Lo ocurrido en Querétaro el sábado por la noche en un partido de futbol, es una muestra de que la violencia avanza y contagia a cada vez más actividades y comunidades. Abundan evidencias de la comisión de delitos en los casos comentados y nadie ha sido detenido.

Mientras el ambiente de inseguridad aumenta, al Presidente parece preocuparle una supuesta guerra sucia en su contra, su popularidad y la consulta de revocación de mandato.

Finalmente, es triste ver como los buenos tiempos terminan y que la historia retrocede a una barbarie. 

La violencia agobia a cada vez más sectores y actividades de la sociedad. La paz no puede construirse, alcanzarse ni apoyarse en la violencia. La violencia nunca conduce a la paz.

Muchos nos sentimos abandonados, en una especie de páramo de soledad. Afortunadamente no estamos solos y entre más unidos estemos, seremos más fuertes.

No debemos ignorar que la concordia es la esencia de las buenas relaciones en la familia, en la escuela, en las comunidades y entre países. Es la vía para alcanzar una convivencia social pacífica y armónica. La práctica de la concordia facilita el alcance de consensos y a su vez la convivencia entre sus integrantes.

En esta hora obscura de México y del mundo, urge actuar para disminuir la violencia y propiciar la armonía. Detengamos el discurso y la política pública de polarización, de división y de encono.

Abandonemos, de una vez y para siempre, el método de la confrontación, de la descalificación, de la persecución y de explotar el resentimiento social. Urge que el Mandatario destierre la idea de qué quien no está con él es su opositor y su enemigo.

Este 8 de marzo el gobierno olvida nuevamente que no ha existido en la historia de la humanidad muralla, muro, valla o barrera que haya podido frenar la lucha por la libertad, por la equidad, por la democracia o el intercambio de ideas. Parece ignorarse que la civilización, los países, las comunidades y las familias son impensables sin las mujeres.

Se trata de comprender que el bienestar implica que todas y todos estemos mejor, no que todas y todos estemos peor. Tristemente, un futuro promisorio en el corto y mediano plazos no parece posible en nuestro país. No lo permitamos, es tarea de todos alcanzarlo.

*El autor es abogado y mediador profesional, #mediacionenmexico.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

 

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