Mi generación, la de mediados de los 90 en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, no quería leer a Enrique Krauze. Todos querían (queríamos) leer a Adolfo Gilly, abrazar su tesis sobre la revolución interrumpida y, de ser posible, continuarla. Nuestro entorno nos empujaba hacia la radicalización; nuestros profesores eran los radicales de la generación anterior y la libertad de cátedra les daba el espacio necesario para hacernos enojar contra el régimen capitalista. Gilly, por cierto, no era tan obtuso como nosotros, infelices aprendices de trotskistas, y por supuesto que leía a Krauze y además lo comentaba. Entre ellos había diálogo intelectual.

Yo leí “Una democracia sin adjetivos” casi a escondidas y no tuve con quien comentarlo. Ahora releo el ensayo porque forma parte del más reciente libro de Krauze y me avergüenzo de no haber podido defender esas ideas democráticas en mi contexto de izquierda encandilada por el zapatismo de 1994 (no tardé mucho en alejarme de eso, entre otras cosas porque me acerqué hasta quemarme).

Yo estaba ahí, leyendo a Marcos, criticando a los salinistas, buscando respuestas en Cuauhtémoc Cárdenas. ¿Dónde estaba Krauze, hoy tan crítico del gobierno federal? ¿Dónde estaba Krauze mientras el priismo robaba, apachurraba a la oposición y sus gorilas hacían gala de características personales vergonzosas? Estaba haciendo una biografía del poder con Clío que a nosotros nos parecía burguesa, sí, pero también estaba en La Jornada, en Proceso, en Vuelta, después en Letras Libres, reflexionando sobre el presente. Estaba escribiendo, justamente, “La democracia sin adjetivos” y “Textos heréticos”, advirtiendo sobre la ceguera histórica del salinismo, la soberbia del clan y la obstinación priista por traer primero la perestroika (reestructuración económica) y luego o nunca la glásnot (la liberalización política). 

Esto lo puede constatar hoy cualquiera con el más reciente libro “Crítica al poder presidencial”, en el que el historiador recopila algunos de sus ensayos más emblemáticos sobre el devenir político en México a partir de 1982.

No fueron modificados. Los ensayos están en presente; nos encontramos con la mirada que el autor tuvo sobre cada presidente en el momento en que este se encontraba en la poderosísima silla. El libro puede entenderse como la cuarta entrega de la serie de “Biografía del poder”, que comenzó con “Siglo de caudillos”, pero tiene la peculiaridad de no ser un trabajo de historiador de archivo, sino del presente, del joven Krauze que a finales de los 60 fue marcado por las protestas estudiantiles y que en los 80 reflexionaba, desde el ala no revolucionaria de su generación, sobre el sistema político mexicano, sobre las omisiones y el populismo de López Portillo; sobre el valor democrático del PAN y sobre el fascismo que cruzaba al PAN; sobre el empuje liberal de los estados y sobre los caciques estatales; sobre la ignorancia de Luis Donaldo Colosio y sobre la doble personalidad de Vicente Fox, tan potente como candidato y tan débil en el poder.

Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto no se salvan. El primero por imprudente y temerario y el segundo por abrir la caja de Pandora de la corrupción. El último ensayo es, naturalmente, sobre Andrés Manuel López Obrador y su capacidad destructiva, también en presente.

En todos los escritos, se lee un esfuerzo por registrar los elementos positivos y de cambio de época, junto a los desafíos de cada periodo. No es un libelo opositor, son reflexiones sobre nuestro arreglo institucional, nuestra sociedad y nuestra clase política, con muchos de sus matices y algunas de sus anécdotas.

No pude compartir mis lecturas de Krauze cuando yo tenía 22 años, pero nunca es demasiado tarde. Hoy me animo y, además, charlaré con él sobre su libro este 27 de noviembre en la FIL Guadalajara. Los invito a acompañarnos y a criticar al poder presidencial. Siempre.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.

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