Por supuesto que el género y origen multiétnico de Kamala son elementos que representan la antítesis frente a Trump y Pence, quienes militan en el nativismo, en el franco machismo y en el límite del supremacismo blanco.

Parece que la euforia reina entre el progresismo liberal, por la nominación de la senadora Kamala Harris como candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos. Se dice que la aspirante ideal siempre fue Harris y que fortalece el camino de Biden a la presidencia. Kamala construyó en los últimos años una plataforma personal más cercana a las posiciones de izquierda que comenzó a proliferar en el Partido Demócrata, pero sin dejar el centro. La acusación de Trump de que la compañera política de Biden es un radical de izquierda es ridícula. Es, en realidad, en términos ideológicos, más que aceptable tanto para la población votante demócrata promedio, la que optó por Biden, pero también para quienes piensan abandonar a Trump por las irresponsabilidades de su administración. El costo fue no optar por otra candidata con ideas más izquierdistas, como la senadora Warren, con la finalidad de no perder el entusiasmo generado por Bernie Sanders y la propia Warren. Parece que el cálculo es que ese votante de cualquier forma va a acudir a votar de manera masiva contra Trump, en todos los escenarios. La oferta es que el experimentado y confiable Biden suma a la más que capacitada y competente Harris, en un proyecto para restaurar los valores, los balances y las formas políticas de Estados Unidos, con un proyecto de gobierno progresista, que busque retomar la agenda, pero también atender los pendientes de la administración de Obama.

Por supuesto que el género y origen multiétnico de Kamala son elementos que representan la antítesis frente a Trump y Pence, quienes militan en el nativismo, en el franco machismo y juegan en el límite del supremacismo blanco. Ése es un contraste que Hillary Clinton no pudo hacer cuando eligió a Tim Kaine, un blanco conservador exgobernador de Virginia, en lugar del mexico-americano Julián Castro. Además, muy probablemente, con motivo de su edad, Biden no se presentará a la reelección, por lo que Kamala estaría en la posición de ser la primera presidenta de Estados Unidos, además de que, en este caso, con origen multirracial. Esto será una motivación más para mover el voto de las personas de color y, en general, de las minorías, que no en todos los casos salieron a las urnas de manera masiva durante la elección pasada.

La otra gran razón de la elección de Harris es su experiencia como fiscal. El propio Biden fue, durante los debates de los precandidatos demócratas, presa de su habilidad para cuestionar y hacer un caso contra alguien. Seguramente será un deleite ver a Harris discutir con Pence y cuestionar a Trump, que defienden una administración llena de irregularidades e inconsistencias. Esa habilidad la demostró durante el juicio político contra Trump y en las comparecencias de sus funcionarios en el tema del coronavirus. Será un complemento muy adecuado a la personalidad respetuosa y conciliatoria de Biden, será la encargada de garantizar que se ejecuten correctamente las acciones de gobierno. El papel de Harris, la exfiscal de California, también podrá servir para contrarrestar la televisiva tesis de la Ley y el Orden que defiende Trump como oferta de campaña, ante el supuesto caos social de su país. Es decir, la oferta demócrata cuenta con un miembro del Poder Judicial que posee una idea clara de lo que el orden legal significa. Claro, ésa también puede ser su principal debilidad, ya que se cuestiona que una persona con una carrera judicial como la suya pueda conducir la llamada reforma penal, encaminada a eliminar los excesos y las injusticias contra minorías por la vía judicial.

El punto es que el panorama parece ser bueno en el campamento demócrata, se optó por la opción segura para la vicepresidencia, lo que se requiere cuando el triunfo depende más de que los demócratas no se equivoquen, que de lo que Trump, contenido y minimizado por la pandemia, pueda hacer.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.