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Juan Ramón de la Fuente: Es el tiempo de la sociedad

Le pregunté si será candidato a la Presidencia y no da un sí, ni un no. Pide cambiar la ley y permitir las candidaturas independientes, pues no se afiliará a ningún partido. El ex rector de la UNAM asegura que el único gobierno posible es uno de coalición , y asegura que Andrés Manuel López Obrador es el líder social más importante en los últimos años de México... Les comparto la entrevista que podrán leer íntegra en el suplemento Los Políticos de El Economista.
¿Cómo ve a México?
Yo creo que está en una trama muy compleja en donde se han ido sobreponiendo los problemas añejos que no hemos resuelto: la desigualdad, la pobreza, el no encontrar espacios para los jóvenes ni en la educación, ni en el mercado laboral.
Estos problemas del desarrollo se han venido acumulando y se ha impuesto esta dinámica de la inseguridad que yo la concibo como una verdadera epidemia de violencia, lo cual da como resultado una trama extraordinariamente complicada.
Se requieren liderazgos muy fuertes, con una gran credibilidad social, con una gran autoridad moral, y con una gran claridad de objetivos y de rumbos para que podamos atender los problemas añejos.
En el año 2006 usted dijo que el gobierno del Presidente Calderón no iba a ser sencillo. ¿Se imaginó que se iba a complicar tanto?
Yo creo que nadie se lo imaginó. Los pronósticos se han quedado cortos porque se han interpuesto problemas externos como la crisis económica internacional que no acaba de resolverse e impacta sobre amplísimos sectores de la población.
Tenemos como muestra el desempleo y el incremento en el empleo informal que llega a ser casi el 30 por ciento de la población económicamente activa; estamos hablando de 14 millones de mexicanos que están en la informalidad y si vemos cómo se va moviendo la pirámide demográfica, allí tenemos otro foco rojo.
A veces creo que en México esperamos a que el problema nos estalle. De un lado están los jóvenes que han tenido un panorama muy poco estimulante en México. Si el sistema educativo actualmente capta alrededor del 25 o 27 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 24 años, y no hay empleo; si no están estudiando, y no están trabajando, ¿dónde están?
Un sector importante fue cooptado por el crimen organizado; no se tomaron a tiempo medidas que podían haber mitigado parte del problema.
Una solución siempre oportuna, aunque sus efectos se ven en el mediano y largo plazo, es la educación, esa va a ser siempre una solución a los problemas.
Hay quienes se arrepienten de haber promovido la alternancia y creen que la democracia vino a dar al traste con la estabilidad en el país. ¿Qué opina usted?
Yo no estaría de acuerdo. Yo creo que la alternancia es positiva porque fortalece la democracia.
A veces creo que el desencanto con la democracia mexicana se da porque no acabamos de entender cabalmente que un gobierno democrático no necesariamente es sinónimo de buen gobierno, o de gran eficiencia. Pero la democracia nos da la gran posibilidad que si el gobierno en turno no lo hizo bien, en la siguiente elección lo cambiamos.
También hay quienes exigen orden, sin importar los medios para conseguirlo.
El gran riesgo es esa tentación autoritaria y claro, crece en la medida en la que los problemas urgentes de la gente no se resuelven. En la medida en la que yo no tengo empleo, mis hijos no tiene escuela, mi acceso a la salud es limitado, en consecuencia mis perspectivas son sombrías.
Habrá que anteponerse a ellas mediante una democracia más acabada, más madura, donde haya una mayor legitimidad en los procesos.
Pero ahora, como acabamos de ver con este terrible asesinato del candidato al gobierno de Tamaulipas (Rodolfo Torre), pues la epidemia de violencia está claramente incrustada en la arena política.
La democracia mexicana joven, imperfecta, inmadura, está afrontando una de sus mayores pruebas, y hay que ganarla.
Sume a la violencia, la inseguridad en el empleo, la economía que no termina de estabilizarse, y el crecimiento que no llega a toda la población.
Así es, porque a veces tengo la impresión que cuando hablamos de la economía mexicana confundimos medios con fines.
¿A quién diablos le importa, salvo a los expertos en economía, que el crecimiento vaya a ser del 2, del 3 o del 4 por ciento? A la gente lo que le interesa es si ese crecimiento es un medio para tener estabilidad en el empleo, para tener mejor protección social, para tener esta seguridad que ahora no tiene.
Hay un temor que permea más allá de lo que hubiéramos imaginado, y no nada más tiene que ver con la violencia: es el temor a no tener estabilidad en el empleo, a no saber qué va a pasar en mi vejez, cómo voy a sobrevivir, no tener claro cuál es el futuro de mis hijos Todo esto genera, en el mejor de los casos, ansiedad y una preocupación genuina, legítima que es lo que está marcando el tono social.
¿Cree que los mexicanos estamos deprimidos, y si es así de dónde sacar ánimo?
Liderazgos fuertes, y por fuerte ¿qué quiero decir? Liderazgo con credibilidad, liderazgo con certidumbre, con rumbo, capaz de convocar más allá de las naturales y bienvenidas diferencias ideológicas y partidistas a los temas que son de interés general. Esas son las verdaderas políticas de Estado.
¿De dónde saldrán estos líderes?
Yo creo que esos liderazgos van a salir de la sociedad.
En México es el tiempo de la sociedad que está llegando a un punto de desesperación, de hartazgo, de decepción, pero no podemos nada más estarle echando la culpa de todo a los políticos, porque en realidad no lo son.
Tienen su dosis de responsabilidad y deben asumirla, pero en la medida en que este tipo de consideraciones va creciendo, la sociedad va encontrando formas de participar en los asuntos públicos, como por ejemplo lo que se hizo con el Voto en Blanco.
¿Ya tocamos fondo?
¡Híjole!, yo creo que ya tocamos fondo en muchas cosas, pero pueden seguirse presentando situaciones todavía muy graves.
¿Qué va a pasar, por ejemplo, con los próximos procesos electorales de 2012 si la narcoviolencia sigue haciéndose presente de una forma tan brutal como lo ha hecho hasta ahora?
Creo que los llamados a la unidad están bien, pero no dejan de ser retóricos. Lo que necesitamos es un Estado que convoque a los que piensan como yo, y a los que no piensan como yo. A las mujeres y a los hombres; a los empresarios y a los obreros; a los sectores más marginados y a los sectores más opulentos que tienen que responder a sus responsabilidades sociales.
El problema es quién convoca, y volvemos al problema de los liderazgos.
Está la Iniciativa México. ¿Que convoquen los medios de comunicación?
Yo creo que la Iniciativa tiene en principio un potencial positivo; también debemos tener una dosis de optimismo. El hecho de que se haya hecho esta gran convocatoria puede ser un instrumento que permita que gente que no tiene espacios en los medios los empiece a tener, que se reconozca su trabajo.
El papel de los medios en la política es crecientemente importante y ocurre en todo el mundo. Algún día le preguntaba yo a Felipe González, que es buen amigo, que si no pensaba que la política se había vuelto muy mediática, y él me decía con la sabiduría de un ex jefe de Estado, que la política siempre había sido mediática.
Lo que ha crecido es la penetración de los medios en la sociedad, pero aquí han surgido también algunos elementos novedosos que yo creo que van a servir para compensar el papel que los medios de comunicación tradicionales tienen en la política, y me refiero a las redes sociales.
¿Está usted en Twitter o Facebook?
Yo no he querido abrir mi propio espacio, pero participo en el de otros. Me asomo, no he querido abrir el mío porque estoy en otras cosas.
Antes de esta entrevista consulté a mis compañeros de trabajo y hasta a mi dentista, qué querían que le preguntara, y todos coincidieron: ¿cuándo va a anunciar que se lanza para la Presidencia de la República?
¿Tiene la valentía de postularse en este momento, en este país?
Jajajaja. No sé sí sea un asunto nada más de valentía, desde luego se necesita una dosis de valentía para hacerlo, pero no es el único elemento.
Yo te comentaría dos o tres cosas que forman parte del análisis, pero la respuesta a tu pregunta no puede tener una respuesta monosilábica de sí o no, es más complicado.
Para ser candidato en este país necesitas un partido político. Yo no tengo ninguna militancia en ningún partido político y no tengo ningún interés en afiliarme. Eso te lo digo claramente: no tengo ningún interés.
Empezamos por un problema de tipo legal, que no está resuelto.
En la medida en que la sociedad tenga una mayor participación, que sus reclamos puedan ser realmente escuchados y no nada más que tomen nota y te den las gracias, tendrán que venirse algunos cambios como registrar a quienes no son presentados por partidos políticos con una serie de candados, porque también dicen: Si se abren las candidaturas a cualquiera se nos va a infiltrar el narco .
Yo creo que el narco ya está infiltrado, y lo estamos viendo. Siempre hay el riesgo de que se cuele alguien que no debería, pero ese no puede ser un argumento para decir no a las candidaturas de la sociedad.
Usted tiene reconocimiento, apoyo y respeto de varios sectores. ¿Siente que tiene una responsabilidad adicional?
Sí, sí la tengo; y la siento.
Hay quienes piden que usted asuma más responsabilidades; incluso en las redes sociales lo perfilan, y las encuestas lo favorecen.
Sí, en algunas encuestas salgo bien valorado. Yo te diría que qué bueno, quiere decir que hay que seguir trabajando por la sociedad.
La sociedad también es una hidra de mil cabezas. ¿Quién es la sociedad? Cuando alguien dice: yo represento a la sociedad civil, me parece un poco pretencioso. Representas un pequeñísimo sector que es lo que yo creo represento: el de la educación, de la salud pública, de la ciencia.
Pero no eludo las responsabilidades, simplemente hago el análisis para darnos cuenta de cuáles son las circunstancias que hoy le imponen a la democracia mexicana ciertas limitaciones, lo cual de ninguna manera significa que dejemos de hacer lo que estamos haciendo cada vez con más convicción porque te das cuenta de que esto va teniendo una resonancia social.
Usted tuvo su "propedéutico" en la UNAM. Cuando llegó, el tejido de la comunidad universitaria estaba roto. ¿Cómo se puede reconstruir una sociedad en esas circunstancias?
Mediante actitudes incluyentes. No hay otra, no hay una fórmula mágica. Tienes que sentarte a hablar con todos, pero en especial con los que no están de acuerdo contigo.
Cuando llegué a la Rectoría el tejido universitario estaba atomizado.
Tuvimos casi 90 diálogos públicos. Alguien decía: es que no estás llegando a ningún lado, y en realidad sí llegamos a muchos lados porque eso permitió esta reconstitución de un tejido social que estaba totalmente fragmentado, y en el que se fueron generando mecanismos de participación y que eventualmente se llegó no solo a la resolución del conflicto, sino a generar en la Universidad un gran entusiasmo colectivo.
Con esto que pasó en la UNAM, ¿sería posible hacerlo desde el Gobierno Federal?
Yo creo que no puede haber exclusiones.
¿Hasta los narcos?
Sentarte a platicar con una banda de delincuentes tiene muchísimas implicaciones, y yo en lo personal no lo favorecería, sería un error y sería muy riesgoso. No estaría de acuerdo. Pero sí estaría de acuerdo en sentarme con todos los grupos políticos, ideológicos, étnicos, religiosos que hay en México.
Lo que hay que hacer es diferenciar las estrategias que emplea el Estado contra el crimen organizado, porque aquí también ha habido una gran confusión.
Un tema en el que yo he insistido es que no se puede seguir criminalizando el consumo de drogas, porque los que consumen drogas (y no estoy calificando si está bien o está mal), la inmensa mayoría, no son criminales; algunos de ellos pueden ser adictos y en consecuencia son enfermos. Lo que necesitan no es un juzgado, sino un hospital, y esa parte de la cadena del crimen organizado es importantísima porque mientras haya consumo, va a existir producción, va a existir distribución, tráfico, venta, etcétera.
Hay una buena coyuntura porque Barak Obama ha hecho un cambio importante en su política contra el consumo de drogas al proponer un enfoque de salud pública que me parece inteligente, me parece racional, me parece que le va dando posibilidades de encontrar mejores salidas sociales al problema de las que hasta ahora hemos tenido.
¿Despenalizar?
Diría generarle un nuevo marco regulatorio. La perspectiva de salud pública te permite diferenciar por sus efectos nocivos a la salud cada una de esas drogas, y creo que es mucho más sensato encontrarle a cada una de ellas un marco regulatorio específico.
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¿Cuándo fue la última vez que vio a Andrés Manuel López Obrador?
No lo he visto recientemente; han transcurrido ya muchos meses, nos hemos enviado mensajes de saludo pero no he hablado con él.
Yo no estuvo por aquí ahora que murió nuestro común amigo, Carlos Monsiváis (19 de junio, 2010) así que no he tenido contacto directo con él en algunos meses.
¿Por qué?
Porque yo estoy en una dinámica, y él está en otra.
¿Es su amigo?
Sí, tenemos una relación que yo diría buena, afectuosa en donde nos hemos permitido tener discrepancias importantes, precisamente como muestra de una buena amistad.
Hay algunas cosas en las que no coincido con él, él no coincide conmigo en otras, pero hemos mantenido una relación.
¿Por qué tienes qué ver a alguien con el que no necesariamente coincides como un enemigo, cuando en realidad tienen enfoques diferentes?
¿Cual fue el pecado de Andrés Manuel?
Yo creo que él asumió sus decisiones después de conocer el veredicto del Tribunal Electoral, y me parece que no hay, por lo menos en mi concepción, razón alguna para descalificar lo que está haciendo.
El está hablando con la gente, está planteando lo que para él son las opciones que México debería de asumir en un futuro y, bueno, el que no haya una articulación con el resto de la oposición tampoco es nada más responsabilidad de una sola parte. Hay que entender por qué, por ejemplo, la oposición en México no ha logrado articularse, sería mucho más efectiva si hubiera una oposición articulada.
Pero lo estuvo
Para la coyuntura electoral.
¿Esa fue la diferencia de usted con Andrés Manuel?
No, nosotros tenemos algunas similitudes en algunos temas de carácter social, y tenemos diferencias en asuntos de carácter estratégico. Eso te lo resume muy bien.
Andrés Manuel es uno de los líderes sociales más importantes que ha habido en la historia reciente de México. Yo me muevo más en las esferas académicas que en la militancia de los movimientos sociales.
El gran paso en la política es, a mi juicio, aceptar que el otro puede tener por lo menos parte de razón; y que el que sea mi adversario, no sea mi enemigo; y que si yo gano, no por eso él o ella vale menos.
La clave está en no ser de fondo autoritario, porque si eres de fondo autoritario ya no puedes dar ese paso. Yo creo que el tipo de liderazgos que se requieren en México son liderazgos no autoritarios que tengan esta capacidad.
Por ejemplo, yo estoy a favor de los pactos y de las coaliciones, quizá no antes de las elecciones.
En un país pluripartidista donde es muy poco probable que alguien llegue a alcanzar la mayoría, la solución práctica son los gobiernos de coalición, esto quiere decir, que estás dispuesto a compartir el poder, no a darle una prebenda a la oposición.
Aquí hay algunas de las ideas que pueden ser propuestas concretas que le den más viabilidad a la República, porque ahora el esquema que tenemos es de poca viabilidad, y terminaría con esto: Una de las mejores definiciones que yo he escuchado o leído en mi vida de locura, fue la que hizo Einstein:
Locura es seguir haciendo las cosas igual, y esperar que nos den resultados diferentes .
Esto es totalmente aplicable a la situación que vive el país.
México va al siquiatra
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FOTOS: Fernando Villa del Angel