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Japón deja la ciencia ficción ante la dura realidad china

Los cambios vertiginosos en el Pacífico sólo se explican a través de la ciencia ficción.
Así lo comentó el primer ministro japonés Fumio Kishida durante su visita a las tropas de defensa terrestres en Asaka el pasado 27 de noviembre.
El libro blanco de “Defensa de Japón 2022” presenta a China como un “desafío estratégico sin precedentes”, un “competidor” acusado de romper el equilibrio geopolítico y militar de la región y amenazar a Taiwán como a las islas Senkaku.
No es para menos. El desmantelamiento de la democracia en Hong Kong por parte de China hizo volar la premisa de “un país, dos sistemas” que prevaleció en esa región durante décadas. El aviso de Beijing fue claro: Hong Kong fue una breve escala en la ruta crítica hacia Taiwán.
El discurso de Fumio Kishida representa un vuelco a la política de seguridad de Japón desde la Segunda Guerra Mundial.
“Desde ahora, contemplaré todas las opciones, incluidas las de poseer la capacidad de atacar bases enemigas” (Jordan Pouille, Le Monde Diplomatique edición España, marzo de 2023), comentó el primer ministro japonés en su discurso en Asaka.
Japón doblará el gasto de defensa y desbloqueará una inversión de 315,000 millones de dólares a lo largo de cinco años, lo que representará el tercer presupuesto militar más elevado del mundo después de Estados Unidos y China.
Fumio Kishida concluyó: “La situación en materia de seguridad alrededor de Japón cambia a una velocidad sin precedentes. Cosas que sólo se veían en las novelas de ciencia ficción se han convertido en nuestra realidad”.
Japón se prepara frente a una eventual invasión china a Taiwán. Si así ocurriera, las bases militares estadounidenses en Japón (Okinawa y Kyushu) también estarían en la mira del ejército chino en caso de que Washington defendiera a Taiwán.
Con imágenes tomadas desde satélites, Japón se ha percatado que militares chinos han desarrollado entrenamientos y ejercicios de simulación, en el desierto de Gobi, de ataques a clones de la base aérea estadounidense de Kadena, en Okinawa.
Desde el ángulo geopolítico, Japón hizo una lectura sobre la reacción que tuvo China frente a la visita de Nancy Pelosi a Taipéi el 1 de septiembre pasado: un dron chino fue abatido por primera vez en territorio taiwanés. Algo más. Cinco misiles balísticos fueron lanzados por Beijing durante unas maniobras militares en las proximidades de Taiwán terminaron en aguas de la zona económica exclusiva (ZEE) japonesa.
Tal pareciera que los drones están en la primera línea de batalla. Una estrategia asimétrica que ayuda a reducir el número de bajas (el derribo de un dron estadounidense a través de un avión ruso sitúa en el peor momento de la relación entre ambos países desde el final de la guerra fría).
Los desafíos de Japón son múltiples. Al igual que con China, mantiene abierta una herida territorial con Rusia y amenazas de Corea del Norte.
Las diplomacias de Tokio y Seúl se han movido con celeridad para mantener acercamientos desde el año pasado. Ayer mismo, el presidente surcoreano Yoon Suk Yeol llegó a la capital de Japón para una visita de Estado, la más importante a este nivel en 12 años.
Las cancillerías asiáticas presentan los movimientos más intensos de la actualidad. Es imposible dejar de observar la cantidad de interacciones que están ocurriendo alrededor del área.
Tiene razón el primer ministro japonés cuando dijo que este tipo de movimientos sólo ocurrían en los libros de ciencia ficción.
Twitter: @faustopretelin

