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Opinión

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Institutos Nacionales de Salud:  México vs EU

Dentro de los elementos que componen los diversos sistemas de salud en el mundo, existe uno en donde compartimos semejanzas con el de Estados Unidos, y estos son los Institutos Nacionales de Salud (INS), en donde cada uno está especializado en patologías muy específicas. Ambos grupos dependen de las políticas públicas de su país, pero en esencia comparten objetivos similares en los temas de investigación, docencia y asistencia. Sin embargo, ya en la operación del día a día, la red de institutos de México se ha visto fuertemente afectada en cumplir su misión por las decisiones de esta administración a veces no fáciles de entender. 

En el caso de México se puede apreciar en la página web del gobierno, de última modificación el 12 de diciembre del 2019, lo que son los INS y el porqué de su creación de los 13 Institutos actuales. En resumen, son organismos descentralizados con personalidad jurídica y patrimonio propios y reconocidos como unidades élite del sistema de salud mexicano, donde su objetivo principal es desarrollar investigación científica, dar formación y capacitación de recursos humanos y ofrecer servicios de atención médica de alta especialidad. Desde su fundación se les ha considerado las joyas de la corona en la medicina mexicana.

Uno de los objetivos durante la creación de este tipo de centros es que tuvieran un alcance nacional, sin embargo, esto no parece ser que se haya logrado en varios de ellos. Quizá un caso particular es el del Instituto Nacional de Cáncer (INCAN), el cuál nació en 1946 y, como todos los demás institutos, ha tenido su historia de grandes retos y sacrificios, pero es con la transición epidemiológica que este instituto pasó a ser más visible en el panorama nacional, ya que las enfermedades crónico-degenerativas como padecimientos cardiovasculares, diabetes y cáncer se convirtieron en las primeras tres causas de muerte. En el caso del cáncer, se tuvo que crear conciencia de su impacto económico y social, aunado a todo lo que implica tratar esta enfermedad, lo cual va desde los métodos de diagnóstico, tratamiento multidisciplinario y rehabilitación hasta la gran dependencia de recursos humanos que requieren de una capacitación constante. Sumado a lo anterior está la biología molecular, creando una nueva forma de ver la enfermedad, donde la determinación de biomarcadores son la base de una gran cantidad de tratamientos selectivos actualmente.

Pero volviendo al impacto nacional, el INCAN es el instituto que quizá pueda tener un mayor impacto a nivel nacional, pues actualmente la Red Nacional de Centros Estatales de Cancerología cuenta con al menos 41 centros especializados en oncología diseminados en casi todos los estados, que junto con el INCAN dan servicio preferentemente a pacientes sin seguridad social y aunque son independientes en su operación, tienen en esencia la misma misión.

Aquí vale la pena hacer una reflexión sobre la visión que puede tener un gobierno para la creación u operación de una red de INS. En el mundo, probablemente sean pocos los países como Estados Unidos y México quienes cuentan en su sistema de salud con este tipo de institutos. Tal vez el primer país en vislumbrar un sistema de salud donde existieran centros para investigación, docencia y asistencia fue Estados Unidos. Su agencia de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) fue fundada en 1880, y ya los primeros institutos iniciaron actividades 7 años después. Actualmente existen 27 institutos y centros separados y son parte de las 8 agencias de Servicio Público de Salud de ese país. La financiación de los NIH aunque ha sido controversial en el Congreso Americano, siempre ha tenido el apoyo. En 1992 el NIH abarcaba casi el 1% del presupuesto operativo del gobierno federal y controlaba más del 50% de todos los fondos para la investigación de la salud y el 85% de todos los fondos para los estudios de salud en las universidades.

Si bien la financiación gubernamental para la investigación en otras disciplinas ha aumentado a un ritmo similar a la inflación desde la década de 1970, la financiación de la investigación para los NIH casi se triplicó durante la década de 1990 y principios de la de 2000, pero desde entonces se ha mantenido relativamente estancada. Dentro de los NIH, se encuentra el Instituto Nacional de Cáncer (NCI), el cuál coordina a 71 centros oncológicos distribuidos en 36 estados en donde la mayoría están afiliados a centros médicos universitarios. Básicamente el desarrollo de protocolos de investigación y la atención a pacientes son su objetivo principal. Recientemente se ha agregado un programa de equidad para minorías poblacionales a fin de mejorar el acceso a tratamientos oncológicos.

En contraparte, en México los institutos han tenido que ajustarse a las políticas sexenales y de dependencia presupuestal, con recortes cada vez más estrictos, complicando la operatividad de los mismos. Con los problemas de desabasto de medicamentos, esto dificulta más alcanzar las metas para lo que fueron creados. 

Políticas públicas, en base a necesidades no a ideologías

Queda claro que en el caso del cáncer, una institución por sí sola podrá tener pocos alcances a nivel de impacto poblacional. Cada vez es más importante tener una idea más holística como país en torno al cáncer, donde la sociedad civil, la academia, el apoyo gubernamental, la iniciativa privada y la participación interinstitucional tanto a nivel nacional como internacional sean las que lograrán los mejores resultados; y ya en la modernidad presente, los sistemas de salud que empiecen a incluir las nuevas tecnologías, como por ejemplo la inteligencia artificial en las plataformas de atención y diagnóstico, podrá optimizar costos y seleccionar mejor a pacientes. 

Las políticas públicas en salud deberían estar basadas en  resolución de necesidades, no en ideologías. Puede ser muy riesgoso aplicar políticas públicas en base a ideologías, teniendo en cuenta que algunas ideologías pueden ser cognitivo-críticas o político-críticas, la primera puede estar basado en creencias falsas y la segundo puede ser usado para la manipulación social, sin que se logren mejores resultados de atención.

La economista Mariana Mazzucato en su libro “El Estado Emprendedor”, menciona que el Estado participa en mucha de la innovación tecnológica que después las empresas aprovechan. Sin tratar de caer en controversia, quizá lo importante es que en el caso de México, valdría profundizar más esta visión, pues al ser la educación superior prácticamente pública, se podría aprovechar todo ese talento de los nuevos profesionistas, pero sin monopolizar hacia dónde debe ir la ciencia y la tecnología, sino dando la bienvenida a las ideas innovadoras.

*El autor es oncólogo médico en el Instituto Nacional de Cancerología (InCan), con maestría en Dirección y Gestión de Instituciones de Salud, profesor titular del curso Terapias Biológicas, ha sido representante para México del grupo cooperativo SWOG (South West Oncology Group). Actualmente en el proyecto de divulgación: Ciencia, política, economía y medicina.

joluagpo@hotmail.com

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