Al igual que la economía, la política en los sistemas democráticos tiene ciclos. Al final del día, las elecciones operan como mercados donde, del lado de la oferta, participan partidos y candidatos, así como votantes, del lado de la demanda. El típico ciclo de negocios se caracteriza por periodos de expansión seguidos por etapas de contracción.

De igual manera, los partidos políticos pasan por ciclos de popularidad. A los periodos de crecimiento en la intención del voto y preferencia entre los electores suelen seguir etapas de relativo desprestigio y rechazo. Los encuestadores miden ambos aspectos, la aceptación y el repudio que entre los electores generan los partidos políticos. De la misma manera, los analistas financieros siguen los prospectos de crecimiento y contracción de determinadas empresas o sectores.

México ha experimentado tres grandes ciclos políticos nacionales desde la transición de la democracia hasta la actualidad: el ciclo panista, que inició desde la década de 1990 y se prolongó hasta el 2012; el ciclo priísta que empezó en las las elecciones locales tras la crisis postelectoral de 2006 y concluyó estrepitosamente en 2018, y el ciclo morenista actual que arrancó en 2015 y en el que nos encontramos inmersos hoy en día.

Conviene aclarar que al igual que existen ciclos en la política nacional también los hay en ámbito local o regional. Naturalmente, las olas de popularidad local tienden a nacionalizarse en la búsqueda por la presidencia de la República. Para ello necesitan una figura política presidenciable, como ocurrió con Vicente Fox y Enrique Peña Nieto, dos gobernadores populares que desde sus estados construyeron candidaturas exitosas a Los Pinos. 

Los ciclos políticos, al igual que los de negocios, tienen sus cuatro etapas: esperanza, crecimiento, euforia y decadencia. El PAN tuvo un ciclo largo, que le permitió conservar la presidencia en dos ocasiones consecutivas. Sin embargo, la elección intermedia de 2003 mostró las primeras señales inconfundibles de desencanto. Entró desde entonces en una larga fase de decadencia paulatina, que estuvo a punto de costarle la elección presidencial en 2006.

El PRI tuvo su peor momento en 2006 cuando fue relegado a tercera fuerza política tras unas elecciones en las que el electorado se polarizó entre PAN y PRD. Muchos pensaban que de esa caída no habría de levantarse. Pero inició desde entonces una asombrosa recuperación que lo llevó a ganar la presidencia en 2012. La fase de euforia del ciclo priísta quedó retratada en la portada de la revista Times que presentaba al presidente Peña Nieto como el salvador de México. Poco después el PRI entraría a una fase de decadencia, que habría de ser mucho más larga y destructiva que la que experimentó tras la derrota de 2006.

El ciclo de Morena tiene una complejidad especial. No es posible entenderlo sin las dos campañas fallidas de López Obrador a la presidencia de la República en 2006 y 2012. El epicentro de la ola obradorista fue desde luego la CDMX, tras su exitoso periodo como Jefe de Gobierno. Su ascenso estuvo a punto de llevarlo a Los Pinos en 2006, pero ni el PRD (el partido de López Obrador antes de la formación de Morena) ni la popularidad del político tabasqueño pudieron avanzar en el norte del país.

Tras obtener su registro como partido político nacional, Morena tuvo un sólido desempeño en las elecciones intermedias de 2015. Desplazó al PRD como tercera fuerza política y quedó en una firme posición para lanzar la tercera campaña presidencial de su líder y fundador. A partir de ese momento su ascenso fue asombroso. La ola obradorista arrasó también en el norte de México.

El ciclo morenista ha tenido su largo momento de euforia, marcado por el radicalismo de sus dirigentes,  el repudio de la herencia del pasado “neoliberal” y  los excesos del presidente López Obrador. Han gobernado como si fueran a quedarse para siempre en el poder.

Sin embargo, los resultado del 6 de junio muestran que, mientras tengamos elecciones libres y equitativas, el ciclo democrático avanza inexorablemente. Morena tuvo su primer revés en una elección nacional. Ha entrado en la fase de decadencia. Aún está por verse qué tan largo o pronunciado será su declive en los próximos años, pero el péndulo ha iniciado su camino de regreso.

Twitter: @BenitoNacif

Benito Nacif

Profesor

Voto particular

El Dr. Benito Nacif es profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Fue Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) del 2014 al 2020 y del Instituto Federal Electoral (IFE) del 2008 al 2014.

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