La dificultad para gobernar comienza a ser la norma de buena parte de las democracias del mundo. En el Reino Unido no pueden acordar una solución para salir de la aventura de dejar la Unión Europea; en Estados Unidos, la nueva mayoría demócrata en la cámara vuelve a generar el escenario del candado presupuestal, ahora en un escenario de franco encono entre los partidos; en España hace años que se gobierna sin mayoría en un sistema parlamentario; en Francia, el gobierno no partidista, que supuestamente tenía un mandato de reforma, enfrenta la peor protesta social en décadas; en Perú, cayó el presidente, y en Brasil se pronostica un choque frontal, constante, entre fuerzas políticas como sucede en Argentina.

En México, en cambio, tenemos un presidente con un mandato claro, con mayorías parlamentarias y un sólido apoyo popular. Eso no significa que no existan dificultades para poner en marcha un programa de gobierno con una agenda distinta a la de las administraciones de los últimos años, pero en lo fundamental, México es un país con mejores condiciones de gobernabilidad; por lo tanto, de desarrollo de políticas públicas en comparación con muchas otras naciones con las que comerciamos y competimos.

Los recientes sobresaltos en los mercados son similares y hasta menores que los que se presentaron cuando otros países de América Latina cambiaron de signo político. El comercio con América del Norte está garantizado y la relación con Estados Unidos se encuentra en mejores términos. Temas como el de los bonos del aeropuerto tienen ya una ruta de salida por medio del propio mercado. En eso y en áreas como la energética, todos los derechos y contratos son respetados. En el tema de los salarios del poder judicial, la arena de la disputa es la estrictamente legal.

En unos días se presentará un presupuesto con superávit primario y mayor inversión pública. La salud de las finanzas públicas también está garantizada. Se mantiene un diálogo constante con el sector privado y existe, también, una buena comunicación con actores políticos.

Es verdad que algunos apuestan al fracaso, como si eso pudiera ser bueno para el país. La verdad es que no existen elementos objetivos para pronosticarlo. Por suerte, la mayoría de los actores sociales entiende la necesidad de estar abierto a las propuestas y los mecanismos de colaboración que plantea el nuevo gobierno. En los medios, en la academia, en distintos espacios públicos se genera un intenso debate sobre el nuevo gobierno y sus planteamientos, a favor y en contra, eso sólo puede ser bueno para el país. En México, existen las condiciones para que se concrete un proyecto de gobierno que apueste por la inclusión y por la mejor distribución de la riqueza, eso va a fortalecer nuestra democracia y las instituciones de gobierno. El cambio era necesario para generar gobernabilidad.

VidalLlerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.