El primer informe oficial del presidente López Obrador será de la gestión de nueve meses. Ya en julio había dado otro, para celebrar el primer año de su victoria en julio del 2018.

Al informe del 1 de septiembre, el presidente llega con altos niveles de aprobación. Algo que de manera particular en estos meses ha caracterizado su gestión es su lenguaje y su manera de comunicarse.

Utiliza un lenguaje propio de un líder de fracción, por más grande que sea, y no el propio de un presidente que representa a todos los mexicanos. A los que no simpatizan con él y su proyecto los insulta y descalifica.

En estos nueve meses, la economía del país no ha crecido y todo indica que al final del año se va a mantener esta tendencia. Esto provoca que se reduzca el crecimiento del empleo formal.

Los niveles de violencia y el número de los asesinatos son los más altos de los últimos 40 años y todo indica que al mes de diciembre se romperán todos los récords, para situarse como el año más violento de la historia reciente.

Su propuesta para resolver el problema ha sido la militarización del país a cargo de la Guardia Nacional (GN), que es el mismo Ejército con otro uniforme y nombre. Esta decisión ha sido cuestionada por organismos nacionales e internacionales.

En estos meses, el presidente se ha propuesto desaparecer o debilitar a todos los órganos autónomos del Estado. Ya cerró el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) e intentó hacer lo mismo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Con frecuencia descalifica a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y se negó a asistir al informe anual de su presidente. A las organizaciones de la sociedad civil de manera sistemática también las insulta y descalifica.

En estos meses ha quedado muy claro que al presidente le molestan las instituciones y organizaciones que pueden hacer contrapeso a sus decisiones. Él piensa que nadie, ni siquiera las leyes o lo dicho de manera pública, puede acotar su poder.

Sobre los programas, que supuestamente son el centro de su propuesta de la política social, no hay datos que muestren su efectividad. Del único que hay evidencia que opera bien es la pensión universal para los adultos mayores, que ya existía.

El presidente y su gobierno no presentan buenos resultados en estos primeros nueve meses de gestión en los temas sustantivos: crecimiento de la economía, del empleo y reducción de la violencia.

A pesar de los resultados negativos, la ciudadanía al presidente lo califica bien, pero al mismo tiempo crece el número de los ciudadanos que no están de acuerdo con la acción del gobierno.

Los ciudadanos todavía hacen una distinción entre el presidente y los resultados del gobierno. No asocia a los dos. En los próximos dos años todavía se va a poder mantener esta distinta valoración. Son años de gracia.

Si al término de los mismos la ciudadanía no ve buenos resultados en el crecimiento de la economía, la generación del empleo, la efectividad de los programas sociales y la reducción de la violencia, entonces sí va a empezar a asociar al presidente con la falta de resultados.

Twitter: @RubenAguilar

Rubén Aguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.