A diferencia de los calderonistas originales —casi todos con filiación panista—, Genaro García Luna no era tan apasionado del futbol. Aun así, acudía regularmente a las cascaritas nocturnas en Los Pinos, suspendidas abruptamente luego de que César Nava lastimara a su jefe, el presidente de la República.

García Luna había trabajado en el Cisen, desde el sexenio salinista. Entrenado en tareas de inteligencia y contrainteligencia, llegaría a la PFP en el último tramo del zedillismo, en el equipo de Wilfrido Robledo. Y con los panistas en Los Pinos, armaría la Agencia Federal de Investigación, bajo el mando del general Rafael Macedo de la Concha, primero, y después de Eduardo Medina-Mora Icaza.

Al arranque del calderonismo, Guillermo Valdés Castellanos asumió la dirección general del Cisen. Y bajo su responsabilidad estuvo revisar el expediente del ingeniero que había completado su formación policial en Estados Unidos. Sin mácula, entonces, García Luna supo ganarse la confianza de los más cercanos al presidente de la República, principalmente gracias a Juan Camilo Mouriño y Ernesto Cordero. Ambos estaban entre los asiduos visitantes a las cenas convocadas por el secretario de Seguridad Pública en una casona, donde uno de los principales atractivos era la colección de vinilos de bandas de rock progresivo. Pink Floyd era lo que más se escuchaba en esas tertulias.

Al final de ese sexenio, poco recato había entre esos personajes. Sergio Montaño, oficial mayor de la SSP, ganó notoriedad por haber convocado a la fiesta más lujosa que se recuerde entre los calderonistas aunque para entonces ya había perdido la confianza de su jefe. La Plataforma México había sido montada por ambos, pero a la mitad del calderonismo, el Ejército mexicano decidió hacerse de información por sus propios medios.

Las capacidades de la sección segunda del Estado Mayor de la Sedena se incrementaron con los equipos proveídos por José Susumo Azano Matsura. Pero nunca cesaron las ayudas proporcionadas por Eduardo Margolis a García Luna, quien había construido un equipo de trabajo sin fisuras, con Lizzeth Farah, Ramón Pequeño, Facundo Rosas y Luis Cárdenas Palomino. Maribel Cervantes y Omar García Harfuch, actuales encargados de la seguridad pública en el Edomex y la CDMX, también estaban en ese entorno.

La tecnología de última generación para las tareas de inteligencia y la subrogación de los servicios penitenciarios fueron dos de los terrenos en los que García Luna y su equipo llevaron la batuta, en el sexenio calderonista. Los barruntos de ingobernabilidad generados tras la elección del 2006 habían quedado superados y la guerra contra el narcotráfico se había convertido en prioridad.

A esas alturas del sexenio, el primer círculo de Felipe Calderón había cambiado drásticamente. El trágico deceso de Juan Camilo Mouriño y la derrota electoral del 2009 obligaron a una sacudida, de la que Ernesto Cordero y Genaro García Luna salieron indemnes.

El exespía, convertido en superpolicía, llamaba la atención de sus compañeros de gabinete. Por su precisión en el gotcha que jugaban en los jardines aledaños a Los Pinos. Por sus pericia a bordo de la Harley Davidson. Por su colección de Ford Mustang V8...

Efectos secundarios

DESINCENTIVADOS. Sin apoyos federales y comprometida a una “recaudación dinámica”, la gobernadora Claudia Pavlovich propuso un paquete fiscal al Congreso de Sonora que incluye una tributación para la industria minera. Sonora es el principal productor minero del país —del que depende 35.5% de la producción de México— y el nuevo impuesto aumentaría a 73.5% la carga fiscal sobre sus ganancias, con lo cual se convertiría en el lugar más caro del mundo para invertir en minería. Los diputados sonorenses votarán la propuesta esta semana.

Alberto Aguirre

Periodista

Signos vitales

Periodista y columnista de El Economista, autor de Doña Perpetua: el poder y la opulencia de Elba Esther Gordillo. Elba Esther Gordillo contra la SEP.