Cuando pensamos en la alimentación y todo lo que está relacionado con ella, usualmente pensamos en la cocina, en los platillos, ingredientes o incluso en la compañía de esos momentos. El factor del tiempo es uno de los mayores determinantes culturales que existen alrededor de la comida: desde cuántas comidas al día se hacen, hasta cuánto tiempo se demora en preparar y consumir la comida.

Aunque estos factores parezcan obviedades, existen determinantes culturales que establecen diferencias entre estos patrones de comida. Por ejemplo, la hora de la comida del mediodía en México se hace bastante tarde en relación con otros países. Por horario de oficina se establece que la hora de la comida es a las 2 de la tarde, pero en algunas otras actividades laborales este horario se determina por la hora en la que se comienza a laborar y la hora en la que se termina. A la mirada de un extranjero, estas comidas son muy tardías en relación con los usos y costumbres de otros países. Lo mismo sucede con la hora de la cena, que en otros lugares puede empezar a hacerse desde las 5 de la tarde, y en México se puede hacer hasta bien entrada la noche.

Evidentemente los horarios de trabajo y escuela  determinan en gran medida las horas a las que se come. A diferencia de otros países, en México una gran mayoría de lugares de comida cuenta con horarios corridos. Es decir, una persona que no comió a la 1 de la tarde no tiene por qué preocuparse de encontrar un lugar abierto a las 5 de la tarde. Esto no sucede en otros países, en donde cada horario de comida se establece de manera un tanto inflexible, al punto de no encontrar lugares abiertos para comer después de las 3 de la tarde.

Hay quienes se han aventurado a indicar que esta rigidez de los horarios de comida es la que en algunas culturas previene sobre problemas de sobrepeso y obesidad. Sin embargo, la comprobación científica de esta hipótesis requiere de un aparato metodológico complejo difícil de instaurar. Lo que es un hecho es que los horarios de comida y la rigidez con la que se llevan a cabo cambian de manera significativa entre culturas.

Además del factor cultural, es un hecho que el discurso biomédico ha influido en la concepción de lo que significa un horario de comida. El clásico discurso de tres comidas más dos colaciones como el modelo ideal ha también cambiado la forma en la que las personas conciben su alimentación. Más allá de si esto tiene una validación científica relacionada con la rapidez del metabolismo y los picos de insulina del cuerpo, la concepción de hacer al menos tres comidas al día es una idea generalizada sobre lo que se considera “ideal” o sano. En la práctica, tanto el medio urbano como el medio rural ofrecen diferentes configuraciones por las que los tiempos y contenidos de la comida no se realizan en estas fases prescritas. En ocasiones, posiblemente no se realicen incluso en una mesa, sino tal vez en un medio de transporte o en el lugar donde se trabaja.

Los horarios de comida, que parecen algo obvio o evidente, revelan además la forma en la que se organiza una determinada sociedad, el lugar y algunos significados que se le dan a la alimentación.

Twitter: @Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.