Despierto y miro el cielo a través de los huecos que separan a una lámina de otra.

Me levanto y salgo con la misma ropa de ayer. El suelo frío y algo húmedo se mete entre los dedos de mis pies. En el vecindario ya se escuchan algunos niños regañados, motos paseando y pequeñas gotas de lluvia de la que cayó ayer.

Es julio, y para esta hora ya se deberían avistar densas nubes trayendo agua a los cafetales. Pero hoy no, no otra vez. En el cerro apenas se alcanza a distinguir el verde que un día fue.

Mi padre dice que el clima ha cambiado por obra del humano lejano, aquel que no vive en la aldea pero que sí se nutre de ella. El trabajo es escaso y la carencia aumenta, pero eso sí, los precios se quedan y suben cada que el patrón lo quiera.

Han pasado ya cuatro años desde que murió mi hermano en manos de la MS-13. El llanto ha cesado, pero el miedo persiste: miedo a desaparecer para ser reclutado, ser robado o simplemente asesinado.

El gobierno se pasea por las calles en camiones blindados o se refugia en sus grandes palacios. Sé poco de política, pues nunca me la han enseñado, pero en el pueblo se respira un profundo malestar con el tal Orlando, quien busca vender nuestro trabajo y riqueza a los de fuera.

Llegó mi padre de la tienda, se levantó temprano. Trae una caja, parecieran zapatos. Al verme me dice: “Con estos, llegarás muy lejos”. Me entrega la caja, son unos tenis blancos, como los que usan los foráneos. Triste y agradecido los tomo, y mirándolo, me suelto en llanto.

Sé, si todo sale bien, que no volveré; lo mismo si todo sale mal. Hoy emprendo el viaje a un nuevo lugar, del cual espero poder enviar lo necesario para mi hogar. Tengo miedo, pero sé que para mí, aquí, ya no hay lugar. Sólo espero poder cruzar y que en el camino no me traten muy mal.

Entre mitos y realidades ondean las razones para explicar las caravanas migrantes.

El cambio climático explica una parte, el estado de la economía nacional otra, la violencia otra.

Pero ninguno de los tres factores explica de forma clara el éxodo hondureño al vecino del norte. Por ello, este escrito no busca extender verdades, pero acercar realidades a una sociedad mexicana que poco habrá de comprender lo que se ve obligada a atender.

[email protected]