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Opinión

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Historia y vaivenes de nuestra Constitución

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Foto: Especial

Habían pasado muchos años en los que parecía que la patria se hallaba sin ley. A partir de 1910, parecía que todo caminaba de puntitas y a punta de pistola. Caudillos, campesinos, soldados y licenciados se habían enfrentado a sangre y lumbre por distintos proyectos de nación y todos estaban asustados y hartos. El constitucionalismo, encabezado por Venustiano Carranza, había triunfado sobre el villismo y el zapatismo y una vez derrotado el ejército usurpador de Victoriano Huerta, no quedaba muy claro si ya se había restablecido el orden. Tampoco si Venustiano Carranza, ya nombrado Jefe Máximo y ejerciendo como responsable iba a poder hacer algo verdaderamente significativo. A algunos les parecía que sí:  había lanzado una convocatoria para formar un nuevo Congreso Constituyente y la respuesta fue positiva. Evidentemente, el propósito era promover una nueva Carta Magna, estrenar Constitución.

La jornada para designar diputados se llevó a cabo el 22 de octubre de 1916 y el país se dividió en 244 distritos electorales y aunque solamente se registró un incidente de nulidad con un juez del Distrito del Estado de México, todo habría de transcurrir en paz y sin derramamiento de sangre. Del 21 al 30 de noviembre se hicieron juntas preparatorias, se calificaron las elecciones y se entregaron las acreditaciones de los delegados electos. También se eligió la mesa directiva del Congreso, bajo la presidencia de Luis Manuel Rojas y se citó a los nuevos diputados constituyentes en el Teatro Iturbide de la ciudad de Querétaro para iniciar debates y sesiones. Ellos serían los escritores del ordenamiento jurídico que rige a la República Mexicana hasta el día de hoy.

Fue en un tiempo relativamente corto, entre el 1° de diciembre de 1916 y el 5 de febrero de 1917, cuando se escribiera y promulgara la Constitución que hoy nos rige. Entre el selecto grupo de elegidos escritores destacaban Félix F. Palavicini, Alfonso Cravioto, Heriberto Jara, Francisco Múgica, Pastor Rouaix, Cándido Aguilar, Rafael Martínez de Escobar, José Natividad Macías, académico y político y por ello se aseguraban debates de gran valor.

En total, se llevaron a cabo 67 sesiones del Congreso Constituyente. Se registraron 179 votaciones, 117 resueltas por unanimidad y 62 por mayoría. En general, todas ellas fueron celebradas con un quórum de 122 diputados que en la realidad de los hechos fluctuó entre 124 y 192 por sesión. El promedio de asistencia también fue notable, porque aproximadamente las dos terceras partes de los diputados asistieron con regularidad. Entre los 220 delegados –incluyendo a los suplentes– había 62 abogados, 22 oficiales de alto rango, 19 agricultores, 18 profesores, 16 ingenieros, 16 médicos, 14 periodistas, 7 contadores, 5 líderes sindicales, 4 mineros, 3 ferrocarrileros, 2 farmacéuticos, 1 actor y 31 representantes de otras profesiones, entre ellas artesanos, comerciantes y empleados. La gran mayoría provenía de zonas rurales y casi todos pertenecían a una generación de hombres que tenían entre 30 y 40 años.

Entre peleas vanas y minucias legales todo llegó a buen fin. La ceremonia de la firma fue el último acto del Congreso Constituyente de Querétaro en el Teatro Iturbide, que después habría de llamarse Teatro de la República.  El primero en firmar fue Luis Manuel Rojas, presidente de la Mesa Directiva. Luego lo hicieron los dos vicepresidentes, Cándido Aguilar y Salvador González Torres. Después siguieron los diputados en orden alfabético por cada estado y el Distrito Federal.  Eran las dos de la tarde del 31 de enero de 1917, cuando se señaló el fin de las arduas jornadas de debate, pero también el primer día en que se reconoció la existencia de un legajo de nuevas leyes que regirían a los Estados Unidos Mexicanos.  Sin embargo, otro acto aún faltaba: la ceremonia, el juramento, la fiesta. Una jornada que tranquilizara las conciencias, espantara los terrores y separara los mandatos de las ocurrencias. Venustiano Carranza no firmó la Constitución en el acto de clausura del Congreso, en el Teatro de la República. Simplemente la recibió firmada por los constituyentes y la protestó.

La fecha que quedó inscrita en la Historia fue el 5 de  febrero de 1917, y el discurso de Carranza dijo así: “Sean cuales fueren los defectos que por deficiencia o exceso pueda tener la obra a que dais cima en estos momentos, hay en ella una prenda que asegurará para lo futuro su estabilidad, ya que siendo la expresión genuina de necesidades seculares y correspondiendo a los deseos ingentes de la nación, no se verán en lo sucesivo como un sueño de difícil e imposible realización (…), nivelando a todos los hijos de este país que los estreche en vínculo indisoluble con el sentimiento de solidaridad en los medios de acción y en el esfuerzo de buscar la felicidad común.”

Más de 100 años han pasado. Multitud de modificaciones, reformas y agregados fueron y vinieron. Todavía estamos en ello, lector querido.

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