El crédito es una herramienta que bien utilizada nos puede ayudar a construir una vida mejor. Pero, si no la usamos con cuidado, nos puede dañar mucho. En ese sentido la comparo con una sierra eléctrica: si la sabemos manejar nos sirve para construir muchos objetos, pero si metemos la mano donde no debemos, nos podemos lastimar mucho. 

Ahora bien, hay gente que le huye a las deudas a toda costa. Simplemente no les gusta sentir esa cadena y tener que destinar parte de su dinero a pagarle a otros.

Hay personas que piensan que endeudarse es un mal necesario y creen que el crédito es fundamental para lograr cosas que ocupan en su día a día. Eso no es cierto y es lo que les impide construir una mejor vida, como he explicado en mis columnas recientes.

Hay un tercer grupo que piensa que el uso inteligente del crédito puede ayudar a construir un patrimonio, aunque otros estarían completamente en desacuerdo con tal afirmación. Todo depende del cristal con que se mire, con nuestra educación y con nuestras propias experiencias relacionadas con el manejo del crédito.

El hecho es que el crédito existe y es una herramienta que tenemos que saber si queremos utilizar y en su caso, de qué manera hacerlo para que nos ayude a sumar, no a restar.

¿Hay deudas buenas y malas? De nuevo, todo depende de la forma como miremos las cosas. Yo preferiría diferenciar las deudas en aquellas que son tóxicas y las que no lo son tanto.

¿Cuál es una deuda tóxica?

En principio, cuando usamos el crédito para pagar algo que tendríamos que pagar de contado, si nos administramos bien. Por ejemplo, cosas del día a día: la luz, el teléfono, la comida, diversiones, etc.

Si tenemos que recurrir al crédito para pagar algo de eso, estamos gastando más allá de nuestra capacidad de pago. Simple y llanamente.

Otro ejemplo de deuda tóxica es aquella que adquirimos para comprar algo que pierde valor con el tiempo, por ejemplo: artículos electrodomésticos, ropa o incluso un automóvil.

¿Por qué? Simplemente porque el artículo adquirido pierde valor desde el momento en que lo sacamos de la tienda. Pero además lo que nos cuesta ese objeto va creciendo cada mes, producto de los intereses que se van generando hasta que lo terminamos de pagar.

¿Hay deudas que no son tóxicas?

Hay quien le llama a esto “deuda buena”, pero es un concepto confuso. Debemos recordar que sigue siendo una deuda, un pasivo en nuestro balance personal y una obligación que debemos cumplir. Debería llamarse quizá “deuda no tan mala”.

Se trata de utilizar crédito para adquirir algo que añade valor a nuestra vida, o cuyo valor va aumentando con el tiempo, como puede ser para pagar una carrera universitaria o un posgrado que de otra manera no podríamos obtener. La educación puede hacer una gran diferencia en la calidad de vida a la que podemos aspirar.

Otro ejemplo es el crédito para capital de trabajo para expandir un negocio de forma significativa, siempre y cuando tomemos esa decisión mediante una adecuada planeación financiera y una cuidadosa evaluación de todas nuestras opciones. El flujo adicional que genere el negocio resultado de tomar ese crédito, debe ser suficiente para poder pagarlo y además tener una rentabilidad interesante.

Finalmente hay que recordar que aún cuando uno adquiera “deudas no tan malas”, uno tiene que cuidar su capacidad de pago, porque el sobreendeudamiento nos puede traer problemas muy serios.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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