López Obrador, como cualquier populista, tiene un odio hacia cualquier intelectual, académico, medio de comunicación u organización ciudadana, que pretenda ser intermediario entre el pueblo y él.

El enfrentamiento entre el populismo y la ciudadanía organizada es natural, el primero excluye de las decisiones políticas a los ciudadanos, en aras de una aparente mayor capacidad de decisión del pueblo.

Desde que llegó a la presidencia, pinto su raya con las organizaciones ciudadanas, se negó a dialogar con ellas y las marginó que cualquier espacio en el gobierno.

Sus primeras víctimas fueron las guarderías privadas que atendían a miles de niños y niñas y con el pretexto de la corrupción, que nunca pudo comprobar, las desapareció en los primeros meses de su gobierno.

Siguió con el programa Progresa que dejaba en manos de las jefas de familia los recursos, López Obrador decidió que los apoyos deben darse directamente a los jóvenes desde la presidencia, el resultado ha sido el aumento de la pobreza a nivel familiar.

Su siguiente víctima fue la cancelación del seguro popular que daba derechos a los beneficiarios y decidió centralizar en el gobierno federal los servicios de salud, marginar a los gobiernos estatales y borrar lo que se había hecho en el pasado.

Siguió con la cancelación de los fideicomisos que garantizaban derechos y acceso con reglas claras a los beneficiarios, para dejar a la voluntad del gobierno cualquier apoyo.

El golpe final, es la reducción a la deducibilidad de los donativos a las organizaciones de la sociedad civil. López obrador tiene una idea muy obsoleta de lo que es el Estado, para él, el gobierno no requiere de intermediarios y los recursos deben llegar directamente desde las oficinas gubernamentales y de ser posible desde la misma presidencia de la República.

Ha dicho que las empresas privadas deben dedicarse a ganar utilidades, crear empleos y pagar impuestos y que corresponde al gobierno en forma exclusiva llevar a cabo la política social para atender a la población vulnerable. Señaló que el sector privado hace caravana con sombrero ajeno al apoyar a las organizaciones con impuestos, no entiende que las empresas cargan con 67% del costo de los donativos y el gobierno sólo con 33 por ciento. Con la reducción de la deducibilidad, los que pierden son los millones de niños, niñas, ancianos y personas con alguna vulnerabilidad que atienden las organizaciones de la sociedad civil.

Desde hace muchos años los gobiernos se dieron cuenta que solos no podían dar respuesta a la variedad de demandas y necesidades de la gente y decidieron apoyarse a en las organizaciones de la sociedad civil para ayudar a cumplir ese compromiso.

Cuando López Obrador dice que habla en nombre del pueblo lo que realmente está haciendo es ignorarlo y por eso rechaza a la ciudadanía organizada, porque de aceptarla, ya no podría hablar en nombre del pueblo.

El odio que tiene a las organizaciones ciudadanas es producto de una mente caudillista y populista que ya no cabe en el mundo del siglo XXI.

Demetrio Sodi

Político mexicano

Desde la cancha

Ciudadano interesado en las soluciones para el país y la Ciudad de México. Político mexicano, ha sido diputado federal (1988-1991), senador (2000-2006) y jefe delegacional de Miguel Hidalgo (2009-2012).

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