Una vez más, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, actuó basado en una de sus mentiras frecuentes. Se equivoca cuando cree que, porque su país es la potencia mundial militar más importante, puede hacer lo mismo con la economía, en donde la interdependencia es la característica determinante. Con la globalización ningún país es una isla.

Cuando un país es afectado comercialmente, éste reacciona implementando medidas defensivas a través de aranceles a los productos que importa del país que inició la guerra comercial. De esta manera, se inicia la contabilidad de daños.

Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, dice: “así que ha comenzado la guerra comercial. Y menuda guerra comercial más estúpida. La justificación oficial —y legal— para los aranceles al acero y al aluminio es la seguridad nacional. Salta a la vista que estamos ante una lógica fraudulenta, ya que las principales víctimas directas son países aliados y democráticos”. Agrega, en un balance de sus consecuencias políticas: “de modo que meternos en este conflicto económico sería una verdadera idiotez. Es probable que la situación en esta guerra comercial no evolucione a favor de Trump”.

Krugman tiene razón. Una represalia ojo por ojo por parte de los países afectaría a los consumidores norteamericanos, especialmente a los agricultores que votaron por Trump, al subir los precios de lo que consumen y que derivan de la importación.

Para nuestro país, el golpe recibido por los aranceles al acero y al aluminio hace dudar de muchas cosas, entre otras el TLCAN, que está en la cuerda floja. Pero además, nuestro país al igual que Alemania serán los más perjudicados si Trump fija un arancel de 25% al automóvil importado, como dice que lo está pensando.

México le vendió a Estados Unidos 2.5 millones de automóviles en el 2017, siendo su principal importador. Para este año, se estima que la exportación será mayor. La amenaza latente es una clara medida de presión, típica de Trump, para aflojar las resistencias de México y Canadá en las demandas excesivas que plantea para el TLCAN.

Éste es otro aviso para México sobre que, independientemente de los encuentros y negociaciones, es necesario actuar con rapidez y contundencia con posiciones defensivas. El gobierno de Trump no es confiable y define políticas suicidas.

También hay que observar que, en el mundo, pero sobre todo en EU, hay tambores cesaristas que ensayan un modelo épico, combativo, con autoridad voluntarista, sin que sus propios aliados en casa lo detengan. Tenía razón Gore Vidal, extraordinario analista político norteamericano, cuando decía: “el Partido Republicano no es un partido, es un estado de ánimo, como la juventud hitleriana, basada en el odio”.

SergioMota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.