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Guerra civil en Michoacán
En Michoacán hay una guerra civil. Es una confrontación entre distintos grupos de la sociedad michoacana por el control de sus recursos, de territorios donde se valorizan capitales legales e ilegales, y sobre todo, una confrontación por la seguridad y vida de las personas.
Los hechos del pasado fin de semana cuando la Coordinadora de Autodefensas del Estado de Michoacán tomó el municipio de Tancítaro y poblaciones cercanas, confirman esta situación de guerra civil que vive esta entidad. De guerra civil o de insurrección: los grupos armados van tomando poblaciones para liberarlas de su adversario: la delincuencia organizada.
Aunque la legislación internacional, a través del derecho de La Haya y el derecho de Ginebra, regulan y disponen de protocolos sobre las hostilidades internas y especialmente para proteger a las víctimas civiles, lo que ocurre en Michoacán (y en otras entidades mexicanas) bien se pueden enmarcar en esta definición de hostilidades internas.
La guerra civil en Michoacán se ha ido gestando desde hace tiempo, pero todo indica que arrancó en diciembre de 2006, cuando el entonces presidente Felipe Calderón lanzó en ese estado un operativo del ejército para combatir al crimen organizado. Siete años después de dicha acción del Estado mexicano, Michoacán es una entidad más insegura y violenta. Hay municipios y regiones enteras que pasaron al control de la delincuencia organizada.
Ante esta situación, desde hace años emergieron en Michoacán policías y rondas comunitarias (más ligadas a las comunidades indígenas) y los grupos de autodefensa (identificados más con grupos urbanos y de productores agropecuarios).
La emergencia, organización y actuación de guardias comunitarias y de autodefensa ha sido cuestionada prácticamente por toda la clase política. El lunes el secretario de Gobierno de Michoacán, Jesús Reyna (del PRI), dijo que se buscaría detener el avance de las autodefensas con el respaldo del ejército . Y ayer el ex gobernador Leonel Godoy (del PRD) declaró que la violencia no se puede combatir con violencia, ni hacerse justicia por propia mano , en referencia a los grupos de autodefensa. También desde la academia y desde el periodismo se ha cuestionado a las autodefensas por tomar las armas para defenderse.
Es notorio, además, que en la existencia de dichos grupos confluyen distintos intereses y proyectos políticos de suyo controvertidos y conflictivos; incluso hay evidencia de que algunos de grupos son promovidos por el crimen organizado, para enmascararse.
Pero con todos las críticas que se le lanzan desde el lado liberal y con todas las contradicciones y ambigüedades que puedan tener, la existencia de los comunitarios y autodefensas han dejado algunas cosas bastante claras: 1) el fracaso de la estrategia en contra del crimen organizado lanzada por Calderón y la nueva estrategia del presidente Enrique Peña Nieto, 2) el fracaso del Estado y los tres niveles de gobierno en ofrecer seguridad a las personas y su patrimonio en amplias franjas del país, 3) la enorme corrupción y vinculación de policías oficiales y autoridades de los tres niveles de gobierno con la delincuencia organizada.
Por eso tienen sentido y coherencia el discurso de José Manuel Mireles Valverde, de la Coordinación General de Autodefensas de Michoacán, cuando tras la toma de Tancítaro, declaró: Nosotros tenemos como objetivo único, exterminar al crimen organizado del estado. La gente que trabaja, la gente productiva, la gente noble del estado de Michoacán no tiene qué pagar porque los dejen vivir, no tienen qué pagar porque los dejen producir, y no tienen qué permitir que nadie en este mundo les robe el producto de su trabajo. Mucho menos que se metan en sus vidas o de sus familias . Un propósito en que el Estado fracasó, mientras que comunitarios y autodefensas ya están consiguiendo.
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@rmartinmar