A lo largo del actual proceso electoral, incluso antes de que iniciara, Andrés Manuel López Obrador ha sostenido su propuesta de programa de gobierno, que tiene como eje fundamental la amplia presencia del Estado como benefactor, ya sea otorgando un ingreso mensual a los jóvenes, un apoyo mensual a los adultos mayores, congelando el precio de los combustibles o pagando precios de garantía a los productores de granos, entre otros ejemplos.

Para financiar ese gasto adicional, esa enorme presión sobre las finanzas públicas, López Obrador ofrece algunas soluciones simplonas: 1) Acabar con la corrupción; 2) disminuir el salario de los altos funcionarios a la mitad; y 3) vender el avión presidencial y todos los demás aviones y helicópteros propiedad del gobierno federal, principalmente.

Según él, la corrupción se terminará con el ejemplo que él dé. Así, de golpe, los servidores públicos y los empresarios o proveedores de obras, bienes o servicios del gobierno federal que han incurrido en actos de corrupción, desde las grandes transacciones hasta las insignificantes, dejarán de llevar a cabo esas prácticas. Con ello, dice que el estado dejará de perder 500,000 millones de pesos que se van en las prácticas de corrupción, dice que es dinero que se quedan los funcionarios públicos. En sus peroratas, alega que ese dato proviene de cálculos del Banco Mundial. Incluso, según lo reportó Proceso, ante miembros de la ANTAD, dijo: “Calculo que se roban 10% (del presupuesto), la mitad de lo que estima el Banco Mundial, pero de todas maneras son 500,000 millones de pesos al año”.

Sin embargo, hay que decir que es falso que el Banco Mundial haya hecho ese cálculo sobre el costo de la corrupción en México. No hay tal número. Es una absoluta mentira. No hay forma que pueda demostrar ese dato. No quiero decir con ello que la corrupción no tenga un costo para nuestro país, pero es inaceptable que suelte un número sin sustento y que a partir de él afirme que el gobierno podrá recuperar miles de millones de pesos para poder gastar en otras cosas. Para dar una idea de la desproporción de lo que habla López Obrador, las contrataciones públicas del gobierno de México representaron en 2014 5.33% del PIB, lo que equivale a 26.7% del gasto total del gobierno en ese año, según lo mencionó la presidenta de Cofece, Jana Palacios, en un ensayo titulado “La competencia, mecanismo anticorrupción en las contrataciones públicas”, publicado dentro del reporte de 2015 del Imco sobre corrupción en México.

Respecto a vender el avión presidencial, López Obrador ha insistido en que el actual avión que transporta al presidente de la República no lo tiene ni Obama, ahora dice que no lo tiene ni Trump. Él afirma que el avión del presidente de los Estados Unidos no cuesta lo que costó el avión del gobierno de México. Nadie le ha cuestionado ese dato evidentemente falso. Para empezar, en febrero de este año, fuentes de la Casa Blanca revelaron que Trump había llegado a un acuerdo con la empresa Boeing, para que le fabricara dos aviones modelo 747 por un monto de 3,900 millones de dólares, es decir, cada avión costaría 1,950 millones de dólares, casi 9 veces lo que costó el avión presidencial de México.

La cuestión no es entrar a escudriñar el costo de la corrupción o del avión, sino a preguntarle a todos tus conocidos si con la misma irresponsabilidad y uso de mentiras con las que López Obrador maneja los números, van a dejarse engañar y poner el destino de México y sus hijos en manos de ese charlatán.

* El autor es Senador de la República.

Gerardo Flores Ramírez

Senador de la República

Ímpetu Económico