Carlos Garduño lleva 35 años vendiendo periódicos y revistas en la esquina de Luz Saviñón y División del Norte, en la colonia Del Valle. Cuando la pandemia de coronavirus llegó a la Ciudad de México en marzo de 2020, Garduño bajó la cortina, echó candado a su quiosco y se fue a casa al descanso obligatorio. “Nunca había cerrado tantos días seguidos”, dijo este comerciante de una familia de tres generaciones dedicadas a la venta de periódicos y revistas.

Su padre suma 60 años en un negocio que, hasta la Covid-19, había resistido todo: depresiones económicas, reducción de compradores de periódicos y revistas, migración de los consumidores a formatos digitales y una evolución de puestos como el suyo en misceláneas para la venta de golosinas, cigarros sueltos, cuchillos de filo imperdible, libros y enciclopedias, artículos coleccionables y, con la pandemia, mascarillas y protectores contra virus chocarreros.

Carlos Garduño sabía que se encontraba ante un nuevo desafío. Cuando regresó a su quiosco, las calles estaban vacías. Los pocos seres vivos en la zona eran los repartidores de Rappi, Uber Eats y de otros servicios de entregas a domicilio. Garduño notó muy rápido la disminución en las ventas de periódicos y revistas, consecuencia del confinamiento en casa recomendado por el Gobierno de la Ciudad de México y de una situación económica difícil para quienes se quedaron sin trabajo o vieron reducidos sus ingresos por la pandemia.

Estos dos factores contribuyeron a una reducción drástica del negocio de periódicos y revistas. “La baja de las ventas se debió a la poca afluencia de gente. Cuando el virus estaba en su máxima capacidad, la gente prefirió no salir y decidió cuidarse por lo tanto no podían adquirir un periódico o una revista, además de que tampoco tienen dinero”, dijo Garduño.

Guillermo Gasanini, director de Circulación del despacho Arredondo e Hijos Distribuidora, una compañía dedicada a la distribución mayorista de publicaciones periódicas en la Ciudad de México, lo dice de la siguiente manera: “No hay el poder adquisitivo suficiente para comprar periódicos y revistas. Por ejemplo, un ¡Hola! vale 60 pesos ¿y tú qué prefieres: tener tu revista quincenal o comprarte tres litros de leche? La gente así lo vive. Si nos remontamos a años atrás, la gente compraba uno, dos, hasta tres periódicos y compraba dos, tres revistas. Ahora no”.

Otros profesionales de la industria coinciden con Garduño y Gasanini: ejecutivos de empresas proveedoras de papel, ejecutivos de medios, analistas de consultoras especializadas y las estadísticas del Inegi: la contracción económica provocada por la pandemia aunada a las medidas de distanciamiento físico tienen contra las cuerdas a un sector de por sí ya muy golpeado financieramente y en general a una industria, la de medios y entretenimiento, que la está pasando muy mal.

En lo que va de 2020, el negocio de la impresión de periódicos ha caído 15% y, el de revistas, 26%, según datos del Banco de Información Económica (BIE) del Inegi, la oficina federal de estadísticas. En términos de empleos en la industria, la situación también se presenta con números rojos tirando a tintos: el personal ocupado en la producción de periódicos impresos se ha reducido 13% entre enero y agosto de 2020; el de la producción de revistas, 38%.

En junio pasado, por ejemplo, Editorial Televisa dejó de producir las revistas Fortune, Marie Claire, Runner’s, Automóvil Panamericano, Motociclismo, Women’s Health y Men’s Health. También en junio, el Grupo Editorial Notmusa (GEN) anunció el cierre de Veintitantos, H para Hombres y 15 a 20. Durante algunos meses de pandemia, GEN suspendió la impresión de su diario deportivo Récord, para concentrar los esfuerzos en sus plataformas digitales. El periódico Milenio y Basta! dejaron de publicarse los domingos.

“Ha sido un tema de costos y de ventas muy bajas el motivo por el que dejaron de circular títulos de Televisa, títulos de Notmusa. Dejó de circular GIN con la revista Playboy —apenas acaban de sacar nuevamente la edición impresa, pero con tiros muy bajos— y otros editores también dejaron de salir por lo mismo de que sus ventas son muy bajas”, dijo Gasanini, sentado frente a su escritorio en Iturbide 18, en vecindad con el Palacio Chino y los talleres de El Universal.

“Otros editores que eran semanales se fueron a quincenales, como un ¡Hola! Pero sí, de que nos ha pegado la pandemia a la industria editorial nos ha pegado mucho, porque no hay gente en la calle, no hay corporativos… El empleado del corporativo bajaba, se llevaba tu periódico, se llevaba tu revista, lo que fuera, pero hoy no hay gente en los corporativos. Tú lo sabes bien que todavía no abren los corporativos, muchas oficinas”, añadió Gasanini, con el ojo puesto en un futuro de más confinamiento que en un pasado imposible de corregir.

Ilustración EE: Nayelly Tenorio

Es la economía

“Clientes míos que ajustaron sus tiros o pusieron en stand by algunas ediciones lo hicieron motivados por la poca o casi nula participación de anunciantes, que mueve buena parte del ingreso de los medios impresos”, dijo Adriana Beltrán Nadal, ejecutiva de la firma sueca CellMark en México, una de las compañías proveedoras de papel más grande del sector a escala global.

Datos del BIE del Inegi muestran que los servicios de publicidad (lo que incluye otras plataformas como televisión, radio, internet o exteriores) han reducido sus ingresos reales 24.5% en lo que va de 2020. La caída es cinco veces mayor a la registrada durante la gran recesión global de 2008 y 2009, provocada por el colapso del sector financiero. “Hay una afectación en la industria en general por motivos económicos, porque la economía no está en movimiento”, dijo Beltrán.

Un diagnóstico similar sostiene un ejecutivo de otra compañía de la cadena de suministros de papel en México, quien pidió no ser mencionado por su nombre: “El impacto económico general afectó el consumo de muchas cosas: la falta de clases presenciales, las actividades normales de oficinas privadas y públicas y, por supuesto, la venta de periódicos y revistas. El encierro poblacional disminuyó el consumo”.

La consultora PwC México, en su informe anual sobre el estado de la industria de medios y entretenimiento (GEMO 2020-2024), pronostica que los ingresos totales de los periódicos (circulación y publicidad) tendrán una reducción de 14% en 2020; el de las revistas, de 11%. Sólo en el rubro de la publicidad, los periódicos verán un retroceso en su facturación de 23%; las revistas, 9%. La pandemia vino a complicar una situación que ya era difícil.

Ilustración EE: Nayelly Tenorio

Voceadores disminuidos

El gremio de los vendedores de periódicos y revistas no ha sido inmune a la pandemia. Este gremio es indispensable para la industria en un país con poca tradición de suscripciones a publicaciones impresas. El volumen de lectores de periódicos y revistas impresas disminuyó 34% en promedio entre 2015 y 2020, de acuerdo con datos del Módulo sobre Lectura (Molec) del Inegi, una encuesta sobre el comportamiento lector de los mexicanos mayores de 18 años.

El despacho Arredondo surte publicaciones impresas y periódicas a los expendedores, quienes a su vez entregan el producto a los voceadores, encargados de realizar la venta al consumidor final en quioscos o en semáforos y la vía pública. Trabaja de la mano con la Unión de Voceadores (Unión de Expendedores y Voceadores de los Periódicos de México), que integra a 17 expendios y “alrededor de 4,000, 5,500 voceadores activos”, según Gasanini.

De acuerdo con Gasanini, alrededor de 30% de los voceadores mantiene sus quioscos cerrados, ya sea porque cerraron antes de la pandemia o porque cayeron enfermos —“pero de otra cosa, no del Covid-19”, se apresura a aclarar—. La mayoría son voceadores “de edad avanzada” y que operaban principalmente en el Centro Histórico. “Ahí hay mucho, mucho, mucho voceador que no ha regresado, por lo mismo de que como han cerrado lo que es el Centro Histórico pues no tienen ventas, y el voceador vive de la venta”. Pero no es un área exclusiva: también hay quioscos cerrados o vendedores que no recuperaron sus posiciones de voceo en la vía pública en Polanco, Condesa, Roma y Del Valle.

“Hay editores (cuyas publicaciones) no están saliendo por lo mismo, porque no hay ventas, entonces para ellos es invertir en el papel, que está carísimo, y no vender”, dijo Gasanini, apuntando nuevamente a factores económicos. Este año, por ejemplo, Bio Pappel, del mexicano Miguel Rincón Arredondo y una de las compañías de papel líderes del sector, aumentó 25% el precio del papel periódico.

Nuevas obligaciones para la exhibición en los anaqueles de Sanborns, la mayor cadena de librerías del país (como que las publicaciones se encuentren embolsadas), o la suspensión temporal de operaciones de las cafeterías Starbucks, donde se distribuyen las revistas de Grupo Expansión (Expansión, Quién, Elle y Life and Style) y los periódicos Máspormás y Excélsior, también afectaron la distribución.

Ilustración EE: Nayelly Tenorio

Desempleo y pobreza

Y todo esto, en medio de una alteración económica que ha dejado sin empleo o ha recortado los ingresos a millones de personas. El Inegi calcula que la pandemia provocó la urgencia de crear puestos de trabajo para 10 millones de personas, quienes ahora se encuentran desempleadas, subocupadas o no están buscando empleo de manera activa a pesar de que están dispuestas a trabajar. Sumados esos puestos a los que hacían falta en 2019, el déficit afecta a 22 millones de personas.

El Coneval, la oficina pública dedicada a evaluar la política de desarrollo social, calcula que a 44.5% de la población ocupada le es insuficiente su salario para comprar la canasta básica, en una situación conocida como pobreza laboral. Se trata de un aumento de 6.8 puntos desde el primer trimestre del año. Así, ¿quién puede preocuparse por comprar una revista? 

Para Carlos Garduño, sentado en un banquito de madera frente a su quiosco en la colonia Del Valle, las cosas se resumen así: “La gente dejó de comprar periódicos y revistas porque no tiene dinero y lo poco que tiene es para comer”.

José Soto Galindo

Editor de El Economista en línea

Economicón

Periodista. Desde 2010 edita la versión digital de El Economista en la Ciudad de México. Maestro en Transparencia y Protección de Datos Personales por la Universidad de Guadalajara. Tiene especialización en derecho de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información. Su blog personal es Economicón.

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