Apesar de las declaraciones y los compromisos de la comunidad internacional acerca de la igualdad de género, las condiciones de la mujer en el mundo siguen siendo trágicas, aun cuando se registren ciertos avances en algunos estados y en determinadas sociedades.

Esas condiciones se replican, con sus especificidades, en todo el mundo en desarrollo. En El Salvador, que es el más pequeño, vulnerable y donde están más dramáticamente acentuadas las inequidades de Latinoamérica, la discriminación, desigualdad y violencia que padecen las mujeres son tan evidentes como indignantes.

Los datos estadísticos en realidad son una fría manifestación de esas tragedias. La sociedad salvadoreña se integra por casi 53% de mujeres. Hasta hace apenas tres años, la sociedad salvadoreña aún vivía bajo gobiernos inclinados a proteger el privilegio de un pequeño grupo social y a desamparar a las mayorías. Gobiernos que bajo la idea de una igualdad formal escondían tras las normas y las políticas las campantes discriminaciones, inequidades y violencia que por razón de género y desde una base y consideración estructural e histórica ha segado la calidad de vida y el desarrollo de la sociedad y de las mujeres en particular.

Mis años de residencia y trabajo político, social y cultural en El Salvador me dieron un conocimiento profundo de esa realidad que me indignaba. Durante la campaña electoral del presidente Mauricio Funes concebí la idea de crear un centro destinado a la atención integral de la problemática de las mujeres y para las mujeres, que nada tuviera que ver con las viejas y fracasadas políticas ensayadas durante años en América Latina.

Así surgió Ciudad Mujer (www.inclusionsocial.gob.sv). La idea de creación de Ciudad Mujer estuvo enmarcada en tres factores que son: el reconocimiento de las inequidades de género como parte inaceptable de la realidad; la existencia de normativa nacional e internacional que genera la obligación de dar pasos progresivos hacia la promoción y realización de los derechos de las mujeres, incluyendo la eliminación de toda forma de violencia y de discriminación por razón de género, y finalmente la visión estratégica de país y de sociedad que pretende alcanzar el actual gobierno de El Salvador.

Desde una perspectiva conceptual, Ciudad Mujer es un centro de servicios basado en un enfoque de derechos que supera la visión del asistencialismo y de la caridad, generalmente muy propios de la manera tradicional de hacer acción social en Latinoamérica. Las necesidades de atención que presentan las mujeres están entendidas como privaciones, carencias, vacíos o exclusiones que por razón de género enfrentan las mujeres en la realización y goce de sus derechos.

Se trata de una apuesta innovadora que ha comenzado a dar frutos más allá de los esperados, pese a su breve existencia. Miles de mujeres vienen recibiendo atención en la primera sede de Ciudad Mujer y este año comenzaremos la construcción de otras sedes más, con el apoyo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo, que ha tomado al proyecto como modelo para toda América Latina.

Por ese impacto y por su potencial, Ciudad Mujer ha sido reconocida a nivel internacional con el Premio a la Iniciativa en Salud y Empoderamiento que ofrece South South News Initiative (Naciones Unidas) y con el Premio Américas 2011, por la promoción de la igualdad de género y la autonomía de la mujer (Naciones Unidas, Organización de los Estados Americanos, Centro Carter). La experiencia se afirma y comienza a extenderse a otros países americanos.

Con este instrumento las mujeres tradicionalmente excluidas a lo largo de la historia han comenzado a ser visibles en las políticas públicas. Al ser reconocidas por el Estado, se reconocen a sí mismas como titulares de derechos y como ciudadanas. Ésa es la potencia transformadora de Ciudad Mujer. Será el gran legado del presidente Mauricio Funes a la lucha auténtica, de acciones y no palabras, por la igualdad de género.

*La autora es Primera Dama y Secretaria de Inclusión Social de la República de El Salvador.