El deseo del gobierno es acabar con los intermediarios para tener control absoluto sobre los recursos y cómo ejercerlos

Dicen que cuando algo te molesta demasiado es porque ves reflejado en eso parte de ti. Uno de los mayores enemigos imaginarios del gobierno actual es el “neoliberalismo”. El presidente no se cansa de mencionarlo y culparlo como el origen de todos nuestros males.

Sin entender qué significa ni poder explicarlo más allá de repetir lugares comunes y frases prefabricadas, de lo que no se da cuenta es que, muchas de sus decisiones, aunque son peligrosas por su intención por la manera en que busca implementarlas y por su ambición desmedida de control y poder, en la superficie o el fondo, tienen un toque neoliberal.

Los neoliberales a los que tanto odia siempre han estado a favor de reducir el tamaño del gobierno y dar a los ciudadanos la libertad para disponer de sus recursos como consideren mejor. Al recortar tantos puestos de trabajo, programas y privilegios en todas las dependencias del gobierno, actuó como lo haría un presidente neoliberal. Lo mismo cuando dijo que, en lugar de financiar las estancias infantiles, daría el dinero directamente a las familias para que puedan elegir a dónde llevar a sus hijos o para pagarles a los familiares que los cuidan. Hasta ahí, estas medidas son claramente de tipo neoliberal. El problema está en la verdadera intención detrás de estas decisiones que, para muchos, pueden sonar atractivas porque aparentemente cada quien puede hacer lo que quiera con el dinero que se les regala.

El deseo del gobierno es acabar con cualquier tipo de intermediario para tener el control absoluto sobre los recursos y la manera discrecional de ejercerlos, siempre con un propósito muy claro: comprar lealtades en todo el país y a todos los niveles para darle estructura y prevalencia a un proyecto que, en realidad, lejos de promover la libertad de los ciudadanos, busca restringirla, coartarla o, incluso, destruirla. En realidad, con esta manera tramposa de operar, el poder que se concentra en las manos del presidente es absoluto. No existe mayor amenaza a la libertad que la concentración del poder. Con ella, todos perdemos.

Lo que se ve es que millones de mexicanos ganarán al ser beneficiarios de los programas sociales con las migajas que repartirá el gobierno. Lo que no se ve es que el precio a pagar es la propia libertad, pues con ese poder discrecional para repartir nuestros impuestos, la austeridad es sólo el pretexto para tener control sobre todo y sobre todos. La dependencia de millones de pobres hacia el gobierno y la manipulación de las masas cada día serán mayores.

¿De qué sirve ganar unos cuantos pesos si acabas perdiendo tu libertad? Si no lo entendemos a tiempo, no habrá dinero que alcance a pagar lo perdido.

Twitter: @armando_regil

ArmandoRegil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.