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Opinión

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¿Gabinetazo?

Nadie duda de las habilidades ni del talento de Luis Videgaray o de Miguel Ángel Osorio Chong, los dos hombres de confianza de Enrique Peña Nieto. Quizá sean los únicos -entre el medio centenar de funcionarios del equipo de transición- con una posición segura en el próximo gabinete.

Más talento y reconocimiento internacional hay fuera. A la mano. Allí está, para mejor ejemplo, Carlos Jarque, quien acaba de regresar a México después de pasar un lustro de trabajo intenso en Madrid, donde representó a los 17 países del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Europa.

Autor de más de un centenar de artículos académicos que se han publicado en periódicos de todo el mundo -según el CIDE es el economista mexicano más citado en el extranjero- Jarque Uribe posee un currículum irrebatible. Actuario, egresado de la Universidad Anáhuac, obtuvo una maestría en la London School of Economics and Political Science, un doctorado en la Universidad Nacional de Australia y su posdoctorado en Economía en la Universidad de Harvard.

En el terreno laboral, inició en 1982 como director de estudios económicos en Teléfonos de México, cuando aún era una empresa paraestatal. A mediados del sexenio de Miguel de la Madrid se incorporó a la administración pública, para encargarse de los sistemas de información estadística gubernamentales.

Su jefe era José Córdoba Montoya, quien también incorporó al equipo de la entonces poderosísima Secretaría de Programación y Presupuesto a Ildefonso Guajardo, otro economista harvardiano que actualmente es favorito en las quinielas para ocupar la Secretaría de Economía en la próxima administración federal.

¿Los salinistas, de regreso al poder? En 1989, Jarque Uribe fue designado Presidente del INEGI. Debería pasar una década en ese cargo, pero en 1995, el Presidente Ernesto Zedillo lo llamó para hacerse cargo de la Secretaría de Desarrollo Social.

Jarque Uribe pasó dos sexenios fuera de México. Entre el 2000 y el 2005 fungió como Gerente del Departamento de Desarrollo Sustentable del BID y luego fue su Secretario General hasta el 2007, cuando se trasladó a Madrid, donde alcanzó su jubilación. Y ahora está disponible. ¿Lo llamará Enrique Peña Nieto? Rebasa cualquier requisito y, además, ayudaría a dos precondiciones que rigen la integración del próximo gabinete: la pluralidad y el alejamiento de lo que muchos denominan el viejo PRI.

Otras figuras de primera línea que podrían apoderarse en la escena pública con el peñismo son Carlos Rojas Gutiérrez, quien iría a Desarrollo Social; José Narro Robles, quien dejaría la Rectoría de la UNAM para hacerse cargo de la SEP, y Juan Carlos Cortés, dirigente saliente del Consejo Nacional. Los nombres de José Antonio González Fernández, Santiago Levy, José Ángel Gurría y Pedro Aspe Armella resuenan, cada vez más lejanos, pero no tanto como los de la mayoría de los integrantes del equipo de transición.

Paralelo a las definiciones de los secretarios corre un ajuste estructural, que implica la creación de cinco nuevos ministerios; entre ellos la Secretaría de la Presidencia, que ocuparía Videgaray; la Secretaría de Infraestructura, para Gerardo Ruiz, y la Secretaría de Ciencia, Tecnología y Educación Superior, para la que se habría autopropuesto el excanciller Jorge G. Castañeda, con poca receptividad entre los peñistas.

Ellos, en cambio, no se olvidarán de Rosario Robles, ni de Ramón Sosamontes, ni de los hermanos Círigo, ni de Alberto Begné... De quien nada se escucha es de Lía Limón y Manuel Espino Barrientos.

EFECTOS SECUNDARIOS

PRIORIDADES. El secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, faltó a la Reunión Iberoamericana de Ministros del Interior y de Seguridad Pública que se celebró a principios de la semana en Valencia, España. Su ausencia estuvo justificada, pues había aceptado con anticipación la invitación del Woodrow Wilson Center para acudir a la sede del Instituto México, en Washington DC, y dar una charla a académicos, diplomáticos y periodistas, junto con Janet Napolitano, titular de la Seguridad Interior de Estados Unidos. Aunque estaba a su alcance, Genaro García Luna tampoco acudió a la península española. Y qué bueno, pues el gobierno de Guatemala allá se manifestó en favor de revisar el modelo prohibicionista de la lucha contra el narcotráfico y sustituirlo por un sistema regulatorio de responsabilidad compartida que ataque también la producción de droga sintética.

COMISIONADOS. Lento avanza la integración de las comisiones en el Senado. Sólo aquella que dictaminará la iniciativa preferente que propone reformar la Ley General de Contabilidad Gubernamental ha quedado integrada, con 31 miembros, y trabaja a marchas forzadas. El priísta Emilio Gamboa logró que su compañera de bancada, Blanca Alcalá, quedara al frente de esa comisión técnica y que el perredista Armando Ríos Pitter y el panista Salvador Vega Casillas sean vicecoordinadores. El líder de la bancada panista, Ernesto Cordero, ha tenido que ceder posiciones para obtener las comisiones que realmente le interesan. Por eso, y en parte porque no tuvo el apoyo de sus homólogos, perdió la votación para definir a la presidenta de la Comisión de la Juventud y el Deporte a la que llegará la legisladora del PT, Ana Gabriela Guevara, quien sin muchos problemas superó a Laura Rojas.

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