Buscar
Opinión

Lectura 6:00 min

Fotografiar en la calle

Tal pareciera que la fotografía callejera (mejor conocida como Street Photography por su nombre en inglés), debiera su origen a la universalidad del smartphone. La oportunidad para que cada ciudadano traiga en el bolsillo un dispositivo para conectarse a esa suerte de flujo de la conciencia mundial (por ponerme esotérico para describir el internet).

La cámara digital en el bolsillo, y los medios para compartir lo que vemos, y con ello nuestra presencia en el mundo, han llevado al mayor invento cultural de los últimos años: el selfie. Un registro del ahí estuve, que antes era la foto turística por excelencia frente al monumento de rigor, y que ahora llega mucho más lejos, convirtiéndose en el aquí estoy, en la ratificación de la propia presencia en el mundo.

Pero la fotografía callejera es otra cosa. Es el registro espontáneo con una cámara de la vida cotidiana en el ámbito público, como lo define Nick Turpin en su prólogo del excepcional libro que recopila el trabajo fotográfico de la primera década del colectivo in-public.

Los fotógrafos callejeros eran, en un principio por lo menos, los señores que estaban en parques públicos con sus cámaras de madera, y a los que se les pagaba por fotografiarse frente a edificios y lugares famosos. Esa etiqueta desapareció pronto.

Mientras tanto, media docena de artistas que empezaron a capturar escenas con cámaras la vida cotidiana parisina en los años veinte. Fue la era de Cartier-Bresson, para muchos el padre del street photography, para otros uno de los progenitores del fotoperiodismo.

Valga una pequeña distinción entre ambos: el primero registra sucesos de la vida cotidiana. El segundo, noticias, sucesos que se presumen de interés público. Ambos cuentan historias, pero mientras el fotoperiodista apuesta por lo extraordinario e ilustra, explica o denuncia un suceso con fines de crónica o divulgación; el otro centra su mirada en otro tipo de sucesos extraordinarios, los que tapizan nuestras vidas, y precisamente por eso, son más bien ordinarios y nos implican y hablan a todos.

El fenómeno no tuvo nombre por muchos años, en la posguerra tuvo su centro principal en Nueva York, donde docenas de sujetos, armados con Leicas, empezaron a recorrer las calles y, poco a poco, extender su mirada por el resto del territorio estadounidense. Sus fotografías eran a veces despreciadas, miradas como un arte menor: el fotoperiodismo del hombre común.

Después llegó la película a color, el breve reinado de Kodak, y la cámara instantánea. Y una exhibición a finales de los años 60 en que Arbus, Friedlander y Winogrand le dieron cierto prestigio a este nuevo método de crónica social.

El street photographer es un documentalista de lo trivial, de los sucesos que nos importan más que la declaración de un político o la guerra del otro lado del mundo: el pleito con el vecino, el corazón roto y el reencuentro amoroso, la soledad de la ciudad, la alegría juvenil y la tristeza detrás de la máscara o el fracaso profesional.

Turpin menciona docenas de libros de fotografía acumulados en estanterías sin género o nombre; y atribuye la primera etiqueta a un libro de 1994 de Joel Meyerowitz y Colin Westerbeck que se llamó Bystander: A History of Street Photography (Espectador: Una historia de la fotografía callejera). Y con éste la inclusión y legitimación de aquellos fotógrafos que no encajaban en los moldes prefabricados por los medios y los bibliotecarios.

Surge el primer colectivo de fotógrafos callejeros: In Public, que en diez años sumó una veintena de miembros en cuatro continentes. En esa década, el término pasó de la oscuridad a la cotidianidad de las redes sociales, y aunque posiblemente siga siendo una actividad marginal, ha entrado a la conciencia pública sumando millones de entradas en Google.

La fotografía callejera ha ido sofisticando su lenguaje y su técnica. Y aunque las preocupaciones del fotógrafo desde los años treinta hasta la época actual son básicamente las mismas: el énfasis estético en el humor, el absurdo, la contradicción y los contrastes sociales en la vida contemporánea, han encontrado a través de internet y las redes sociales un nivel de proyección con el que nunca antes contaron.

Poco a poco han surgido encuentros y festivales de fotografía callejera en el mundo. La semana pasada se dio el primer festival de fotografía callejera en San Francisco: Streetfoto 2016. El encuentro fue oportunidad para tres competencias internacionales: mejor fotografía callejera, mejor serie y mejor fotografía callejera realizada con dispositivo móvil. El festival lo organizó un fotógrafo: Ken Walton, inspirado después de asistir al otro festival estadounidense (un encuentro celebrado en Miami el año pasado).

El festival incluyó charlas y talleres con fotógrafos legendarios como el fotoperiodista Ken Light, Richard Bram (uno de los fundadores de In Public), la participación del colectivo internacional Burn my Eye, incluyendo a Don Hudson, Jack Simon, Joe Aguirre y TC Lin. El fotógrafo hindú Vineet Vohra (Colectivo Street) en su primera visita a los EU, y la presentación del trabajo asombroso sobre la sequía en California y los indocumentados de Leah Millis (San Francisco Chronicle). La crónica que TJ Lin realizó de una suerte de golpe de estado democrático en Taiwan, una charla con Richard Koci Hernandez (profesor de Berkeley con un cuarto de millón de seguidores en Instagram), y muchos más.

Las competencias tuvieron miles de participantes de todo el mundo, y cada día el festival tomó las calles en distintos barrios de la ciudad, donde los participantes fotografiamos distintas manifestaciones de la vida urbana de San Francisco.

De acuerdo a Turpin la gente que conoce cae en uno de dos grupos: aquellos que viven sus vidas: van a trabajar, compran, comen, ven futbol y visitan a la familia. Gente que entiende el concepto de vida diaria . Y otro grupo más, más pequeño, que también participa en esas actividades, pero que mantiene un grado más profundo de conocimiento. Son conscientes de su propio conocimiento de mi vida diaria . Según Turpin la mayoría de los miembros de ese grupo son fotógrafos callejeros. Para muchos otros, el fotógrafo callejero es ese tipo raro que toma fotos donde no sale nadie a quien conozca.

Twitter @rgarciamainou

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete