En las últimas páginas de Breve historia de nuestro neoliberalismo: poder y cultura en México (Debate, 2021), Rafael Lemus lo que no hace es, precisamente, historia. Por el contrario, habla del presente y aun del futuro: su balance es que, a juzgar por lo que él ha visto hasta ahora en mandato de López Obrador, el cambio de paradigma económico no vendrá desde el gobierno. De tal modo, si queremos lograr al menos una fisura por donde imaginar un futuro para el país, habrá que hacerlo por nosotrxs mismxs, como colectividad divergente y múltiple.

Si bien no hay vaticinio verificable, lo interesante en el de Lemus es que guarda vasos comunicantes con afirmaciones cuyo contenido se puede verificar, ese sí, en otras latitudes. Por ejemplo: el actual número 3 de la revista Jacobin America Latina, dedicado a pensar la crisis ambiental cuya enorme vigencia fue traída a la mesa por la pandemia de Covid. Escritas por plumas situadas desde diversas zonas del ecosocialismo contemporáneo, en sus páginas asoma una misma, concreta preocupación: cómo construir una transición realizable que nos saque de aquí y nos ponga en un futuro más ecológico y menos capitalista.

La evidente conexión entre lxs autorxs en Jacobin y el vaticinio de Lemus —cómo dejar de consumir-contaminar para tener un futuro medioambiente mejor, en aquellos; cómo al menos fisurar el aparentemente inamovible orden neoliberal en México, en éste— es valiosa: si el diagnóstico ya está claro, y consiste en los pésimos resultados que ha dado el neoliberalismo por todos lados, en particular en nuestro país, lo que resulta inaplazable es buscar modos, soluciones. Y es precisamente a la luz de esa urgencia que se puede leer el propio libro de Lemus.

Como bien ha apuntado Jorge Volpi (Reforma, mayo 3, 2021), el volumen se centra en las guerras culturales acaecidas durante los últimos treinta, cuarenta años en México: sin dejar de lado los ya conocidos encontronazos Vuelta vs. Nexos, Paz vs. Monsiváis, literatura fácil vs. literatura difícil…, Lemus encuentra que en el fondo ningún protagonista de estos capítulos se opuso de modo alguno al establecimiento del neoliberalismo, sino que, todo lo contrario: sirvieron de palanca legitimadora (salvo, en parte, Monsiváis).

Esto es muy productivo para nuestro presente, urgido de buscar modos factibles de salir del lodazal neoliberal. Entender cómo Octavio Paz fue modificando su discurso para pasar de ser una voz respetada de la izquierda —tras su renuncia a la embajada de México en India— a un defensor del salinismo; cómo Vuelta y luego Letras Libres han hecho de legitimadores y dadores de prestigio al neoliberalismo; de qué modo el grupo en torno a Nexos se oponía a sus enemigos intelectuales pero en el fondo todos eran amigos del mismo gobierno… entender la manera en que todo esto apalancó la consolidación de la era neoliberal en México puede ayudarnos no nada más a diferenciar quiénes hoy día apoyan en las redes sociales, en los medios, en sus libros, al neoliberalismo, sino, mejor, enfocarnos en quiénes están abriendo las fisuras que nos lleven a un proceso de transición hacia otra cosa.

Al hacer la historia del establecimiento del neoliberalismo (comienzos de los ochenta), de la consolidación de la hegemonía neoliberal (noventa) y del desencadenamiento de un momento pos hegemónico (a partir de 1994), el autor muestra el papel que los intelectuales jugaron ya en legitimar, ya en tímidamente cuestionar, cada una de esas etapas. En ese sentido, el libro nos dota de un método para identificar a los que, en este preciso instante, defienden con una vehemencia sospechosa al indefendible orden neoliberal en el país y quiénes están porfiando por crear algo distinto. Ahí, a mi parecer, el valor principal del volumen: ahondar en la necesaria fisura para una transición hacia un futuro mejor.

lescamillafrias@gradcenter.cuny.edu