A pesar de los esfuerzos exitosos para aumentar la inclusión financiera durante los últimos años, persiste un desafío importante en términos de género. De acuerdo con información de The Global Findex Database 2017, a escala internacional, 62% de los hombres tiene una cuenta en una institución financiera, mientras que sólo 55% de las mujeres les emula. En términos de ahorro formal, la diferencia entre hombres y mujeres también es significativa. Desde el punto de vista internacional, en promedio, 26% de los hombres ahorra en instituciones financieras, mientras que sólo 22% de las mujeres hace lo mismo.

En México, la situación no es distinta, según la misma fuente, 39% de los hombres mayores de 15 años dispone de una cuenta en una institución financiera, en el caso de las mujeres, ese porcentaje se reduce a 33 por ciento. En cuanto al ahorro formal, la diferencia va de 12 a 8%, entre hombres y mujeres, respectivamente.

En este escenario de clara desventaja para las mujeres, se puede identificar una tendencia que va más allá de decisiones personales, más bien, se trata de una situación estructural que las deja al margen del sector financiero. Ello contribuye a perpetuar la vulnerabilidad económica por condición de género, así como el acceso desigual a oportunidades de movilidad social entre hombres y mujeres.

Ante esta situación, las fintech pueden ofrecer un aliento importante para disminuir la diferencias en el acceso a los servicios financieros.

En este sentido, una de las virtudes que han traído las soluciones tecnológicas al sistema financiero es un acercamiento más efectivo con las personas. Esto ha sido posible dado que las fintech permiten mayor personalización y adecuación según las necesidades de cada quien. En el caso de las mujeres, que históricamente han padecido mayor vulnerabilidad económica, por un tema de acceso al empleo remunerado, la tecnología puede idear productos y servicios que se adecúen mejor a su situación y les permitan avanzar en su progreso económico. No es suficiente con abrir cuentas bancarias. Según el reporte Fintech Latinoamérica 2018, las mujeres necesitan una amplia gama de servicios financieros, como acceso a créditos, ahorros, mecanismos de pago costo-efectivos, seguros, etcétera, con el fin de mejorar sus situación financiera.

El acceso a servicios en línea durante horarios más extendidos, por ejemplo, es una solución que ayuda a incluir a las mujeres en el sector financiero, debido a que, histórica y culturalmente, se les ha recargado una serie de actividades (familia, hogar, trabajo) que limitan su participación financiera. Otro ejemplo es la ampliación de puntos de contacto entre el sistema financiero y las personas. La posibilidad de acceder a servicios financieros formales mediante tiendas de conveniencia, farmacias, el ciberespacio, entre otros, amplía las oportunidades de inclusión financiera.

Con seguridad, estas contribuciones tecnológicas pueden revertir esta tendencia desigual entre hombres y mujeres. Se necesita, sin embargo, mayor participación femenina en las empresas fintech. De manera que se continúen creando productos y servicios, a partir de una profunda comprensión y sensibilidad de género. La Asociación Fintech de México reveló, en marzo del 2019, que también hay un reto en las empresas, pues en promedio sólo 20% de las personas que trabajan en la industria son mujeres. Ciertamente, la tecnología es un aliado clave e inquebrantable, pero se necesita convicción y sensibilidad.

El camino correcto ya se inició. Queda seguir avanzando, a paso firme, célebre y seguro.

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