Deborah Dugan dejó la presidencia de la Academia de Artes y Ciencias de la Grabación de Estados Unidos, la institución que entrega los premios Grammy, a unos días de la ceremonia anual que este año se realizará el domingo 26 de enero en el Staples Center de Los Ángeles. Dugan, quien asumió el cargo apenas en agosto de 2019, es señalada por crear un ambiente laboral tóxico al interior de la academia; ella, por su parte, ha aprovechado el momento para denunciar hechos de corrupción en la academia que se encarga de entregar los premios más importantes de la industria discográfica.

Dugan denunció esta semana ante la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo, una dependencia estadounidense encargada de cumplir las leyes de discriminación en los ambientes laborales, que su despido fue una represalia por haber puesto los reflectores sobre una serie de fallas dentro de la academia, incluyendo casos de acoso sexual e irregularidades en la votación de los premios. Asegura que la organización se ha caracterizado por tener una menor representación para las mujeres y las minorías, enfatizando que la Academia ha "enfrentado rutinariamente críticas por no honrar a los artistas negros".

Según la queja presentada por Dugan, los procesos para votar en los premios más importantes de la industria musical están plagados de conflictos de interés y este mecanismo era aprovechado por sus miembros “como una oportunidad para promover a los artistas con los que tienen una relación”. Los nominados en las principales categorías de los Grammy son elegidos por un cuerpo de 12,000 miembros, cuyo trabajo es revisar el pool de nominaciones y seleccionar a los 20 finalistas que entrarán en la boleta.

En su denuncia, Dugan argumentó que durante la selección de la boleta para la Canción del Año, el comité escogió —entre los ocho finalistas— una canción que inicialmente había rankeado en el puesto 18 de la terna. El artista nominado además pudo formar parte del comité y también fue representado por un miembro del consejo. De acuerdo con los reportes, fueron 30 los artistas que fueron añadidos a la lista de posibles nominados que no fueron elegidos inicialmente.

Dugan puso en evidencia el supuesto abuso de poder que ejercía el productor de la ceremonia, Ken Erlich, quien se aseguraba de que todos los artistas que actuarían en la entrega fueran nominados a un premio. También señaló que el consejo permite que artistas que están en consideración para un premio puedan participar como miembros del comité que selecciona dicho premio.

Y, como cereza del pastel, Dugan también denunció acoso sexual y violación.

Deborah Dugan fue la primera primer en encabezar esta institución que nunca se ha considerado como muy avanzada ni incluyente. Reemplazó a Neil Portnow el año pasado y su estancia buscaba un cambio de rumbo del “Club de Toby” que ha sido la Academia en el pasado. Recordemos que la organización de los Grammy dio a Jethro Tull un premio como por Mejor Interpretación de Hard Rock/Metal en 1989 por encima de Metallica, que ese año puso en circulación el álbum ...And Justice for All, un hito de todos los tiempos en ese género.

En medio del cochinero vino la denuncia contra Dugan. Se le acusa de haber maltratado a una exempleada de Portnow y de haber creado un ambiente laboral abusivo hacia los trabajadores de la Academia. Harvey Mason Jr., presidente interino en sustitución de Dugan, ha dicho que todas las acusaciones ya se están investigando, pero que los abogados de Dugan habían solicitado un pago millonario para retirar la queja y abandonar su puesto.

Neil Portnow no ha pasado inadvertido en la polémica y calificó de “absurdas y falsas” las denuncias de índole sexual hechas por Dugan. “La sugerencia de que hubo [una violación] lo que hace es difundir una mentira", dijo Portnow a la revista Rolling Stone.

La mancha sobre una de las instituciones de la industria musical ha quedado hecha y en la ceremonia de este domingo seguramente podremos observar un gran elefante sentado entre los nominados Lizzo, Billie Eilish, Lil Nas X, Bon Iver, Taylor Swift, Rosalía o Tool, en espera de alguna controversia que ayude a encender un circo soporífero.

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Antonio Becerril

Coordinador de operaciones de El Economista en línea