A 5 años de distancia del inicio del peñismo, tras décadas de atestiguar cambios sexenales, guardo la impresión de que los modelos de relación del medio cultural con las campañas presidenciales no son muy diferentes a los de otros sectores productivos y sociales del país. Quizá no puedan ser de otra forma, dada las características de la contienda, y sobre todo, del régimen presidencialista.

Desde que tengo conciencia del ritual sucesorio de Los Pinos, muchas de las gentes del medio cultural se interesan, participan, se expresan, proponen, se la juegan, piden, sueñan, apuestan, promueven amigos, buscan posiciones en la administración del nuevo titular del Poder Ejecutivo.

No lo hacen de manera articulada –de vistas a frentes comunes- ya que, como se puede observar en el proceso histórico, los equipos de campaña no han sido cuna de liderazgos o de figuras señeras con influencia en la organización del sector cultural, de los candidatos y sus decisiones antes del día de las votaciones.

Cierto también que una vez que el aspirante triunfó, se desatan los más diversos intereses con una dinámica diferente a la del tiempo de lucha, que dan sentido a la unidad de aspiraciones, sobre todo, por gracia del atractivo del enorme aparato institucional con que cuenta el Ejecutivo Federal.

De cara a las elecciones de julio de 2018, es posible delinear los elementos que harán del proceso que viene, algo totalmente diferente al de los años 1982, 1988, 1994, 2000, 2006 y 2012.

Las comunidades que formamos el ser cultural de México, de sus creaciones, bienes, servicios y productos, tenemos un desafío que ninguna otra generación ha enfrentado. Me refiero a una participación animada por una conciencia sectorial.

En efecto, las comunidades culturales formamos parte del sector cultural. Una realidad y un fenómeno que, por primera vez, nos distinguirá en lo que se anhela para el desarrollo de la nación. Un sector en el que también, por vez primera, se propone considerar como necesaria una reforma cultural en los planes del siguiente gobierno.

Es por ello que les invito a leer lo antes posible el libro “¡Es la reforma cultural, Presidente! Propuestas para el sexenio 2018-2024”, obra colectiva que he coordinado y aparece bajo el sello independiente Editarte Publicaciones. Este volumen contiene no sólo análisis de lo que vivimos, también muchas iniciativas cuya viabilidad les hace pertinentes.

Los autores de este libro son: Néstor García Canclini, Eduardo Nivón Bolán, Eduardo Matos Moctezuma, Edgardo Bermejo Mora, Alberto Ruy Sánchez, Raúl Ávila Ortiz, Andrés Webster, Cissi Montilla/Ricardo Fuentes, Sergio Gómez Montero, José Franco López, Eduardo Caccia, María Helena González, Francisco Moreno, Martha Turok, Juan Carlos Reyes, Horacio Franco, Liset Cotera, Tomás Ejea, Héctor Garay Aguilera, Bárbara Martínez Moreno, Leobardo Sarabia, Alfonso Suárez del Real, Patricia Chavero, Claudia Gómez Haro, Elín Luque Agraz, Cecilia Gómez Haro, José Antonio Mac Gregor, Carlos Anaya Rosique, Víctor Ugalde, Javier Esteinou Madrid, José Manuel Hermosillo, Antonio Mier Hughes, Alejandro Ordorica Saavedra, Carlos Villaseñor, Liliana López Borbón, José Garza, Jorge Bravo y Judith Amador.

Para los interesados en tierra tapatía, estaremos en la FIL Guadalajara el domingo 3, a las 5 de la tarde, en el salón José Luis Martínez. Y en la Ciudad de México en lanzamiento es el miércoles 6 de diciembre, a las 7 de la noche, en la Casa Galván, de la UAM, calle de Zacatecas 94, colonia Roma, entre Córdoba y Orizaba. Harán los comentarios Kenia López, Cristina Gaytán, Luis Miguel González, Jorge Esma, el editor Francisco Moreno y este columnista. Detalles en www. editartepublicaciones.com.mx

 

Eduardo Cruz Vázquez

Periodista

En el paredón

Periodista, gestor cultural y exdiplomático, experto en economía cultural, formación de emprendedores culturales y gestores de diplomacia cultural