En algún lugar de Silicon Valley, un joven danés de 44 años ocupa un cargo peculiar, por no decir que único. Embajador de Tecnología de Dinamarca. ¿Su labor? Acercarse a las compañías tecnológicas que están labrando el futuro del mundo y abrir canales de comunicación que le permitan a su país tener voz en una industria cada vez más dominante globalmente.

Casper Klynge, diplomático de carrera, que llega de la embajada danesa en Yakarta, es el primero de su especie. El encargado de trazar lo que algunos en Estados Unidos ya están llamando tecplomacia.

“Estamos aquí para defender los intereses nacionales e intentar tener cierto tipo de influencia en las decisiones que tienen un impacto a escala global”, explica Klynge sobre el reto que le ha trazado su país.

Varias publicaciones tecnológicas estadounidenses como Mashable o Fast Company han mostrado un gran interés en este cargo tan particular. No se trata de una función de cabildeo, explican, sino de reescribir el cargo de diplomático en el nuevo tablero de juego al que estamos accediendo: el mundo de la inteligencia artificial, de los robots, de los algoritmos, del Internet de las cosas, de la nueva privacidad.

La cancillería danesa creó el cargo en febrero del año pasado, inicialmente denominándolo el “embajador Google”, con el fin de interactuar con las grandes compañías tecnológicas, así como otros embajadores tratan con jefes de Estado.

Klynge asumió en agosto y su embajada ya cuenta con más de una docena de empleados con carreras tecnológicas. Asimismo, ha designado agregados tecnológicos en otras partes del mundo, como en Asia.

Dinamarca ha sido un país vanguardista, con estándares de vida muy altos y una población muy capaz, pero no es ni mucho menos una gran potencia mundial. Es de aplaudir, sin embargo, que haya tenido la visión de abrir un campo en la diplomacia que es más necesario que nunca, sobre todo a la luz de todo lo que ha venido pasando con Facebook y una discusión sobre regulación del mundo tecnológico que cada vez cobra más fuerza.

Tal es la importancia que le ha dado al cargo que es uno de los ejes fundamentales de la cancillería danesa, a la par con el terrorismo, la inmigración, la inestabilidad internacional y el Ártico. Esto lleva a plantearle al próximo gobierno de Colombia la necesidad de crear un cargo similar en nuestro cuerpo diplomático. ¿Por qué no ser el primer país del continente en tener un diplomático en Silicon Valley centrado sólo en tecnología?

Un Diego Molano, por ejemplo, el exministro TIC, y quien ahora recorre el mundo codeándose con los gigantes de la industria, o el propio David Luna, quien ha hecho una magnífica labor como sucesor de Molano. Inclusive un joven y preparado funcionario como Juan Sebastián Rozo, quien en la actualidad es viceministro TIC.

Parte del éxito de las naciones es anticiparse a las tendencias y poner de primeras un pie en ellas. La tecplomacia va a trazar las reglas del juego sobre las que la industria va a tener que regirse en el mundo. La época del lejano oeste, carente de principios, está llegando a su fin. Nadie hasta el momento, salvo episodios puntuales, se ha apoderado de esta bandera.

Ojalá el próximo mandatario entienda la importancia de comenzar a marcar terreno en el nuevo campo diplomático que está por florecer.

Un ejemplo a seguir.